¿Hacia una especie de Matrix solidario?

No hay duda, las redes sociales y las nuevas tecnologías son herramientas con un  gran potencial para favorecer la acción de una ciudadanía crítica, activa y comprometida.

Sin embargo, el otro día leía en tuit para reflexionar al respecto:

@Brocco_Lee: ¿Cómo no van a hablar de internautas en lugar de ciudadanos si lo máximo que hacemos es firmar en @actuable?

No me gustaría que se malinterpretara este post y que alguien viera en él una crítica a Actuable. Al contrario, Actuable y otras páginas similares son clave para muchas iniciativas y hay que reconocer que ésta en concreto es una herramienta para hacer reivindicaciones que difícilmente habríamos podido poner en marcha como individuos, ni tampoco como entidades (al menos la mayoría de las del tercer sector).

Donde está el problema es en “si lo máximo que hacemos es firmar”, en Actuable, o donde sea.

En las ONGD –que es el sector que más conozco- no tenemos dudas de la utilidad del uso de las redes sociales y el ciberactivismo y una buena parte de nosotras, la mayoría, en mayor o menor medida, las hemos ido incorporando en nuestro día a día. Sin embargo, quizá no hemos reflexionado mucho sobre qué tipo de ciudadanía estamos potenciando a través de estas herramientas.

Tengo la sensación de que su éxito nos ha cautivado y no nos hemos parado a pensar que podemos estar lanzando un mensaje -no explícito ni intencionado- de que ciudadanía activa es equivalente a firmar peticiones on-line o ciberacciones, tuitear y retuitear ideas sobre solidaridad, escribir en blogs sobre desarrollo, aumentar hasta el infinito el número de fans de nuestras páginas o, incluso, participar en una ciber-manifestación.

Si fuera así, estaríamos, por un lado, olvidando que la ciudadanía se ejerce en todos los espacios vitales, no sólo en Internet, y, lo más importante, estaríamos favoreciendo que las personas dejen de ver los espacios públicos físicos -la calle, la plaza, la Universidad,…- como el lugar principal, o al menos un lugar importante, para la reivindicación de derechos.

Hace algunos meses se consiguió que #ayudaafrica (creo recordar) se convirtiera en trending topic en Twitter. La iniciativa fue un éxito y hay que hacer una valoración positiva de ella, pero si nos quedamos ahí y no vamos más allá y, por ejemplo, el próximo mes de octubre, en la Semana de Lucha contra la Pobreza sólo conseguimos que salgan a la calle 3.000 personas, ¿realmente habremos hecho una presión efectiva sobre el Gobierno para que deje de recortar la ayuda oficial al desarrollo y desarrolle una auténtica política de cooperación?

Sin duda, deberíamos ver las redes sociales como una herramienta más de una acción de carácter global y combinar esas acciones en redes sociales con otras –on-line y off-line- con un objetivo de llamar a la movilización ciudadana. Si conseguimos que salgan a la calle 300.000 personas en octubre, la presión será  muy diferente.

@Indignado50: O crees de verdad q será lo mismo llevar a la calle a 1000 personas q a 1000000? Acude y grita #yoquierovotar #nolesvotes #nonosrepresentan

Por otro lado, como decía, debemos lanzar el mensaje de que la ciudadanía que promovemos es un estilo de vida, que se lleva a cabo en el día a día y no estoy seguro si la gente a la que nos dirigimos está interpretando que con firmar nuestras peticiones ya ha hecho todo lo que se puede hacer.

Llevándolo a un extremo ridículo, pero que puede ser muy real, imaginemos una persona que el próximo domingo coge el coche (en vez del transporte público) para ir a un centro comercial (comprando en domingo y en gran superficie, en vez de en una tienda pequeña de barrio) y que mientras espera la cola para pagar sus zapatillas deportivas (fabricadas posiblemente bajo condiciones laborales abusivas y puede que con el dinero que le ha generado un fondo de inversión que se lucra con la especulación de alimentos, contribuyendo a que el Derecho a la Alimentación no sea efectivo para alrededor de 1.000 millones de personas) firma una petición a través de su smartphone (que posiblemente habrá adquirido antes de que el anterior llegara al final de su vida útil, lo que supone un despilfarro de recursos) de cualquier campaña de una ONGD. Y se siente satisfecho, pensando que ha realizado una acción con la que ha salvado el mundo, mientras que en esa hora o dos horas de compras posiblemente haya provocado un impacto negativo en algunos países del Sur mucho mayor que el posible impacto positivo de su apoyo a la ciberacción

Sería un error la promoción de una ciudadanía de este tipo. Del mismo modo que no se acaba con la pobreza con una donación de 10€, tampoco se puede lograr firmando una ciberacción. Por supuesto que ambas contribuyen a ese objetivo común, pero no se puede olvidar que nuestro papel como ciudadanos va más allá, y que lo que consumimos, a quién votamos, en qué entidad bancaria guardamos nuestro dinero, incluso el periódico que leemos, lo que pensamos o lo que decimos tiene finalmente un efecto sobre los más vulnerables, los Derechos Humanos o el medio ambiente.

Sin duda las ONGD debemos subirnos al carro de las nuevas tecnologías y utilizarlas para nuestros objetivos, pero tenemos que evitar caer en el error de crear una especie de mundo Matrix solidario desconectado del mundo real, que es donde están los problemas que queremos atacar y, por supuesto, las soluciones.

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Un pensamiento en “¿Hacia una especie de Matrix solidario?

  1. Pingback: ¿Hacia una especie de Matrix solidario? (versión reducida) « Development needs citizens

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