¿Cuánta comida tiramos?

Esta tarde he estado leyendo sobre la última crisis alimentaria y los factores que podrían explicarla. Según la campaña “Derecho a la alimentación. Urgente” hay que considerar entre estos factores a las pérdidas de alimentos:

Al incremento de la población y de la demanda de alimentos se añade el hecho de las enormes pérdidas de alimentos que pueden estar influenciadas por las elecciones y patrones de producción, por las capacidades e infraestructuras, por las cadenas de comercialización, por los canales de distribución y por los usos y prácticas de los consumidores. Un reciente informe publicado por la FAO concluye que alrededor de un tercio de todos los alimentos que se producen en el mundo para consumo humano se pierden, lo que equivale a la mitad de la cosecha anual de cereales. Este desperdicio de alimentos se reparte casi a partes iguales entre países desarrollados y países en desarrollo, aunque, analizando en cantidades per cápita, las diferencias son grandes, ya que en Europa y Norteamérica las pérdidas son de entre 95 y 115 kg. al año por persona, mientras en África subsahariana son entre 6 y 11 kg. Además, el informe muestra que las pérdidas de alimentos que se producen ya en manos de los consumidores son mínimas en la mayoría de los países en desarrollo -en los que las pérdidas se distribuyen en las fases de cultivo, postcosecha, procesamiento y distribución- y sin embargo son muy altas en los países industrializados. De hecho, con los alimentos que se pierden en las manos de los consumidores de países ricos se podría alimentar a toda África subsahariana. Habría que revisar a fondo este sistema agroalimentario mundial que se permite pérdidas tan cuantiosas en medio de un mundo que sufre hambre (la negrita es mía).

¿Qué podemos hacer como ciudadanía? Mandar esos alimentos que tiramos a los países del Sur no sería la solución a esta parte del problema del hambre (sería más caridad que justicia), pero sí que sería una contribución importante analizar qué hacemos con la comida que compramos y modificar nuestros patrones de consumo -qué compramos y a quién- para tratar de nuestro impacto sea el menor posible. No olvidemos que la producción de alimentos consume grandes cantidades de recursos -tierra, agua y energía, principalmente- vitales para el medio ambiente y la población del Norte y del Sur.

La cita de este post es de: Campaña “Derecho a la alimentación. Urgente” (2011) Especulación financiera y crisis alimentaria. Campaña “Derecho a la alimentación. Urgente”, Madrid. Disponible en formato digital aquí.

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