¿Por qué las ONGD deberían fomentar el uso de Twitter entre su base social?

No sé cuántas veces habré comentado –en este blog y otros espacios- que las ONGD deberían fomentar el uso de redes sociales entre su base social, con el objetivo de descentralizar, “desinstitucionalizar” la comunicación. Seguro que miles, pero también es verdad que nunca me he parado a ordenar los porqués de esta idea recurrente, así que me he puesto manos a la obra en este primer post del año, centrándome en el caso de Twitter, la red que –al menos de momento- me causa más simpatías.

La primera creo que está clara: si queremos construir una ciudadanía activa, crítica y comprometida, parece evidente –dado lo que hemos vivido en 2011 y 2012- que las redes sociales son una herramienta fundamental en este sentido.

Mucho se ha escrito sobre esto, por gente más experta que yo en el tema, así que no me voy a detener en este aspecto y me centraré en otros cinco, de carácter más interno, pero que también son importantes.

1) “Humanizar” las organizaciones:

Las ONGD hacemos, en general, una comunicación bastante impersonal. Aunque habitualmente utilizamos la primera persona del plural, parece que las organizaciones son máquinas autónomas que ponen en marcha intervenciones: “hemos comenzado un programa en Guatemala de mejora de la seguridad alimentaria”, por ejemplo.

¿Favorece este tipo de comunicación que otras personas se acerquen a nuestra organización? Para mi la respuesta es no. Da la sensación de que no hay espacio para la participación porque el programa “se hace solo” o porque depende de un grupo cerrado que ya está trabajando en el que no se necesitan más apoyos.

Por otra parte, deberíamos dar una imagen más real de quiénes somos los “oenegeros”: personas que dedicamos tiempo a la solidaridad, pero que tenemos nuestras ideas (algunas veces no las mismas que las de la organización en la que trabajamos o colaboramos) y que tenemos una vida “normal” más allá de nuestra organización; que no somos extraterrestres que dedicamos 24 horas al día, 365 días al año a nuestra ONG, coherentes al 100% y que nos fustigamos cada vez que compramos algo que no es de comercio justo o ecológico, nos tomamos una copa con los amigos o cualquier otra actividad que no podamos caracterizar como solidaria. Esa imagen ¿idílica? que a veces transmitimos genera rechazo, incomprensión, o al menos lejanía, en una parte de la sociedad.

2) Lo pequeño, el detalle, también importa:

Salvo algunas excepciones, las ONGD suelen contar solamente con un perfil institucional en Twitter, lo que limita la capacidad de contar cosas.

Pensemos en una organización mediana que, por ejemplo, desarrolla programas de cooperación en 6 países. A no ser que su community manager dedique todo su tiempo a reunirse con los implicados en esos programas, leer informes, etc. (cosa que no suele ocurrir, lo más probable es que tenga otras muchas tareas en su agenda) lo que podrá contar serán datos generales, los grandes resultados, los grandes números -“hemos finalizado la fase de formación en género en la comunidad con la que trabajamos en Cuzco”-, perdiéndose el detalle del trabajo diario. El potencial que tendría una descripción detallada del desarrollo del programa, día a día, casi en vivo, es inmenso y habitualmente no lo estamos aprovechando.

Además de perder capacidad de comunicación, perdemos atractivo. Habrá gente a la que no le interese una parte de lo que hacemos, pero sí algún programa o línea de trabajo. Una persona puede decidir no seguir el perfil de una ONGD dedicada, por ejemplo, a la educación porque, a priori, no le interesa este tema. Puede que sí le interese Marruecos, por ejemplo, pero no seguirá nuestro perfil para ver algún tuit suelto sobre este país. Sin embargo, puede que sí se decida a seguir al técnico responsable del Norte de África porque principalmente hablará de lo que allí pasa. Perder esa posible vía de conexión con X personas es un lujo que creo ninguna organización se puede permitir.

3) Multiplicar el impacto:

Pensemos en otra organización que cuenta con 2.000 socios, 250 voluntarios y 35 personas contratadas. Supongamos que todas tienen un perfil en Twitter con una media de 25 seguidores distintos cada uno (un número bastante accesible a prácticamente cualquier usuario). Si todos hablaran de lo que hace su organización, su audiencia potencial sería de 57.125 personas.

Buscad en los perfiles de ONGD españolas y veréis que, por mucho éxito que tenga en Twitter, pocas o ninguna tienen tantos folowers como tendría su base social en conjunto. Salvo alguna excepción, el número de seguidores se mide en miles, casi nunca en decenas de miles.

4) La gente confía en las personas más que en las instituciones

Es evidente que el perfil institucional de cualquier organización hablará del buen trabajo que realiza, pero eso no es suficiente. No es casual que las marcas, las empresas, busquen que el público les haga la campaña de publicidad hablando de su producto.

Cientos, miles de perfiles privados hablando de lo que hacemos es un capital que no estamos utilizando y que tenemos al alcance de la mano.

5) Facilitar la operativa:

Las redes sociales son conversaciones. Tener un perfil institucional del que una sola persona es responsable dificulta esa conversación porque no tendrá toda la información sobre lo que se hace y probablemente tampoco el tiempo, como comentaba más arriba.

Algunas organizaciones optan por tener un perfil institucional con el que trabajan varias personas, lo que dificulta el seguimiento de lo que pasa en la red. En muchas ocasiones se limitan a abrir Twitter, poner un tuit y cerrarlo, lo que tiene consecuencias sobre la calidad de la conversación que se genera alrededor, si es que se llega a producir algún tipo de diálogo.

Conclusión:

Una mayor presencia en Twitter de nuestra base social –socios, voluntarios y personal contratado- que utilicen la red para contar en primera persona qué hacen en la organización, además de en el resto de su vida, “humaniza” las organizaciones, las hace atractivas, posibles a todo el mundo, multiplica el alcance de nuestra comunicación, facilitando el afianzar la relación con las personas que ya tenemos en nuestro círculo más cercano, así como acercarnos a ese colectivo que, aunque lo intentamos, no conseguimos llegar: “los no convencidos”.

Es cuestión para otro post u otros post el cómo hacerlo y cómo superar las barreras y reticencias institucionales y personales. Espero poder compartirlos próximamente.

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3 pensamientos en “¿Por qué las ONGD deberían fomentar el uso de Twitter entre su base social?

  1. Pingback: Re-generación ONG 2013 | Después del Muro

    • Hola Mariano. Gracias por tu comentario.

      Donde pone Twitter podrías poner casi cualquier otra red, comercial o no comercial. La elección de Twitter fue porque es una red que, personalmente, me resulta muy útil. La cuestión es que creo que debemos avanzar en la descentralización de las capacidades de comunicación hacia las bases sociales de las ONGD y que las redes son una herramienta especialmente interesante para este objetivo.

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