Economía vs. Bioeconomía / Economía de cowboy vs. Economía del cosmonauta

En esto de la construcción de una ciudadanía crítica, activa y comprometida en la lucha contra la pobreza, los derechos humanos y la defensa del medio ambiente el profesorado tiene una función clave. Ya sea en la escuela, en el instituto o en la universidad, los profesores y profesoras deciden en parte qué conocimientos adquirimos y pueden (o no) fomentar valores y actitudes solidarios, espíritu crítico, etc. entre su alumnado.

En mi caso tuve  suerte. En la universidad, si no hubiera sido por algunos de aquéllos profesores y profesoras raros, puede que ahora formara parte de la plantilla de alguno de los “inocentes” bancos que tenemos en este país. Aquéllos a los que algunos llamaban locos me hablaron, por ejemplo, de Nicholas Georgescu – Roegen, un autor que os recomiendo leer, especialmente si os interesan los temas relacionados con la insostenibilidad del sistema de producción y consumo actual. Para animar a la lectura, ahí os dejo algunas líneas que he sacado de un libro de Serge Latouche sobre decrecimiento:

Adoptando el modelo de la mecánica clásica de Newton, apunta Nicholas Georgescu – Roegen, la economía excluye la irreversibilidad del tiempo. Descarta, pues, la entropía, es decir, la no reversibilidad de las transformaciones de la energía y de la materia. Así, los desperdicios y la contaminación, que son, sin embargo, productos de la actividad económica, no entran en las fuciones de producción tradicional.

(…) el proceso económico real, a diferencia del modelo teórico, no es un proceso puramente mecánico y reversible; de naturaleza entrópica, se desarrolla dentro de una biosfera que funciona dentro de un tiempo lineal. De ahí deriva, para Nicholas Georgescu – Roegen, la imposibilidad de un crecimiento infinito en un mundo finito, y la necesidad de sustituir la ciencia económica tradicional por una bioeconomía, es decir, pensar la economía en el seno de la biosfera. (…).

Kenneth Boulding es uno de los pocos economistas que ve las consecuencias de esto. En un artículo de 1973, opone la economía de cowboy, en la que la maximización del consumo se basa en la depredación y el pillaje de los recursos naturales, a la economía del cosmonauta, “para la cual la Tierra se ha convertido en una nave espacial única, desprovista de reservas ilimitadas, ya sea para agotar los recursos o para verter los desechos contaminantes”. El que crea que es posible un crecimiento infinito -concluye- está loco o es economista.

La cita es de: Serge Latouche (2009) Pequeño tratado del decrecimiento sereno. Icaria, Barcelona.

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