Frenos al cambio (social)

La aparición del tercer mundo ha influido profundamente en las expectativas políticas de los ciudadanos occidentales. La realidad de una periferia inempeorable ha incrementado muchísimo la sensibilidad a los costes del cambio social. La contraimagen del liberalismo occidental es la de un magma antropológico totalitario, estúpido e irracional. En lo más profundo de nuestros corazones sentimos que la alternativa existente al capitalismo avanzado no es ya la solidaridad conservadora de las comunidades tradicionales sino un continuo infernal de pobreza, corrupción, crimen, integrismo y violencia.

En realidad, es una especie de traducción ideológica de un sesgo cognitivo que los psicólogos llaman “aversión a la pérdida”. Un experimento muy conocido consiste en regalar a algunas personas objetos de distinta clase y preguntarles cuánto estarían dispuestas a pagar para no desprenderse de ellas. A otro grupo de personas se les ofrecen los mismos objetos y se les pregunta cuánto estarían dispuestas a pagar para hacerse con ellos. En términos generales, la gente está dispuesta a pagar más para conservar aquello que considera suyo –aunque se le acabe de regalar hace un minuto y nunca lo hubiera deseado- que para adquirir algo que no considera de su propiedad, aunque se trate exactamente del mismo objeto. Desde el punto de vista de la teoría de la elección racional esto es absurdo: nos comportamos de forma diferente ante lo que en términos objetivos es la misma situación.

Muchos ciudadanos de las democracias occidentales estarían dispuestos a pagar muy poco para obtener un sistema político aquejado de una profunda crisis de representatividad o un régimen económico irracional, inestable e ineficaz. Sin embargo, creen que el precio a pagar por perder todo eso sería altísimo. En realidad, podría haber buenas razones para conformarse con lo que hay, como los costes de una transición a un sistema alternativo o su irrealizabilidad. Pero son cuestiones que ni siquiera nos llegamos a plantear. Identificamos el cambio con una pérdida que nos aterroriza antes de cualquier cálculo racional. Despreciamos el consumismo, el populismo democrático y la economía financiera pero los precomprendemos como el único baluarte frente a la barbarie contemporánea. Vivimos en un estado permanente de pánico a la densidad antropológica, porque la única alternativa que conocemos al individualismo liberal es la degradación de los megaslums o el integrismo. Como si no hubiera nada entre la sede de Goldman Sachs y Villa 31.

La cita es de: César Rendueles (2013) Sociofobia. Capitán Swing Libros, Madrid.

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