Y los partidos políticos también nos adelantan

la foto(2)Muchos de los que formamos parte de las ONGD miramos habitualmente con envidia el tirón entre la gente de los movimientos sociales. Una de las razones que sale habitualmente para justificar nuestra menor capacidad de movilización es que para conseguir nuestros objetivos generales –especialmente los que tienen que ver con lo que hacemos en el Sur- tenemos estructuras más profesionales y jerárquicas que nos impiden actuar con rapidez y flexibilidad y de manera abierta. Nos solemos colocar, por tanto, más cerca de sindicatos, partidos políticos, etc. en cuanto a funcionamiento.

Pero, ¡oh, sorpresa!, en las pasadas elecciones autonómicas y locales, nos hemos encontrado con algunos partidos, con toda su carga institucional, sus marcas y logos, han conseguido movilizar a un muy importante número de personas. Hemos podido ver en nuestros pueblos y ciudades a muchos dedicando ratos a pegar carteles, miles han difundido sus mensajes en redes sociales y han hecho explícito su apoyo a sus ideas, ha habido taxistas que han cedido gratuitamente sus vehículos para llevar publicidad, diseñadores han hecho los carteles de algunas candidaturas gratuitamente e incluso se ha llegado a grabar algún videoclip.

Gente poniendo sus habilidades y conocimientos al servicio de algo. Lo que muchas ONGD querríamos que pasara con nuestras campañas.

¿Y cómo es que entidades con ciertas similitudes a nosotras en cuanto a estructura han conseguido esa capacidad de movilización? Salvando las distancias en cuanto a objetivos y contexto, para mí hay ocho claves principales (de las que podríamos aprender):

  1. El objetivo por encima del logo. Varias de las candidaturas a lo largo y ancho del territorio han surgido de la unión de diferentes partidos y plataformas que han preferido centrarse en el objetivo común y no en lo que les diferencia. Me importa más el objetivo que mi logo es un mensaje al que da confianza, es decir, que tiende a movilizar o al menos a no desmovilizar. Fijaos, por el contrario, qué ha ocurrido en el tercer sector en estas mismas elecciones: he podido contar más de una decena de campañas dirigidas a los partidos políticos, varias de ellas reivindicando asuntos exacta o prácticamente iguales.
  2. Abrir el qué, el quién y el cómo. La gente quiere participar de verdad, ya no quiere ir con la banderita que otros le han dado. Poder decidir quiénes son los candidatos, plantear ideas para el programa, para el nombre, para el logo, para difundir el mensaje, etc. hacen a la gente sentirse agentes activos reales. A participar se juega participando.
  3. Sí se puede, es el momento. Mensaje positivo, confiado en los frutos de la participación y no sólo centrado en el problema, en la catástrofe.
  4. Contigo sí se puede, un matiz no trivial. No es sólo el mensaje esperanzador del punto anterior, es la idea de que cada uno es imprescindible para generar el cambio.
  5. Y un matiz más a añadir al anterior: con tu participación sí se puede, no con tu dinero nosotros podemos. Desde tu muro de Facebook hasta con tu guitarra, puedes contribuir al cambio. Nada que ver con danos tu dinero que nosotros sabemos lo que hay que hacer, no sólo porque el dinero no es lo más relevante sino porque tú puedes ser el que sepa lo que tenemos que hacer y no nosotros.
  6. Estilo. No creo que ninguna ONGD vaya a tener a corto plazo un discurso tan agresivo como el de Pablo Iglesias. No hace falta, no hay que ir al extremo, también se puede ser claro, fresco y pausado como el de Manuela Carmena. Lo que hay que hacer es no ser aburrido e incomprensible.
  7. Identificar al enemigo. Llevo años trabajando y colaborando con ONGD y si alguien me pregunta quién es el culpable de que millones de niños no vayan a la escuela o de que la gente no tenga acceso al agua, tendría que pensarlo un buen rato y ni siquiera estoy seguro de poder dar una respuesta acertada. Tampoco de las soluciones. Estos partidos, denominados emergentes, han hecho que todos entendamos el problema: el sistema que representan principalmente los poderosos y los corruptos. Probablemente el enemigo sea el mismo para estos partidos y las ONGD, pero, curiosamente, nosotras no lo hemos sabido explicar tan bien o no lo hemos querido hacer explícito.
  8. Los más vulnerables somos (prácticamente) todos. Con un discurso con un foco muy intenso puesto en los más vulnerables –los que sufren pobreza energética, por ejemplo- estos partidos han sabido movilizar el voto y la participación de personas que sufren pero también que no sufren esos problemas. Han sabido fomentar una solidaridad con los más vulnerables, transmitiendo que nosotros, también las clases medias, incluso algunos de los que más tienen, somos ellos. Pese al paso de los años todavía no hemos sabido transmitir que los de Tanzania también son los nuestros.

Se nos acaban las excusas, ahora también los rígidos partidos políticos mueven a la gente. ¿Qué hacemos en las ONGD? ¿Cambiamos?

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