Una sociedad sin proyecto civilizador

la foto(3)LLevaba tiempo queriendo compartir algo de Roger Garaudy. Ahí va:

(…) entre los siglos XV y XX se originó a escala planetaria una inédita estructuración de las relaciones humanas, y por vez primera en la historia el mercado llegó a ser universal. Todo freno, tanto religioso como moral o político, con que se intentó detener la universalización mercantil vino a ser inútil y el afán por el provecho y la ganancia resultó ser el motor único de la empresa. Lo nuevo no era el mercado en sí, el cual siempre existió entre los hombres, sino su absolutización, que se extendió hasta el punto de no admitirse otras leyes que las suyas, sometiendo a ellas todo otro tipo de relación social. (…).

El dinero, la tierra y el trabajo, no siendo entonces ya nada más que unidades comerciales impersonales, sometidos a las leyes de la oferta y la demanda, no pasan de la categoría de ruedecillas de este gran mecanismo movido por las verdaderas leyes de la jungla, que son las del enfrentamiento de los intereses privados. La “libertad” originada por dicho mercado no viene a ser, y ello en su forma más pura, sino como un registro de las verdaderas relaciones de fuerza entre los posesores de riqueza. Cada cosa tiene un precio resultante de esta ciega batalla de todos contra todos.

Todo, absolutamente todo, se puede comprar y vender; nada escapa a la avidez de este engranaje en el endiablado molino.

El capitalismo no es solamente un sistema económico. Porque implica necesariamente una estructura social, unas jerarquizadas relaciones sociales entre el poder correspondiente a la minoría posesora y la dependencia de quienes no poseen los medios de producción; una estructura política que bajo formas diferentes refleja esta dependencia económica y social y, en fin, un modelo de cultura y civilización en el cual los hombres son modelados según las exigencias del mercado, de la competencia, de la ganancia, y manipulados por quienes detentan el capital y la imponente mayoría de los medios de expresión (prensa, editoriales, cine, radiotelevisión, publicidad, etc.).

Una sociedad regida por las ciegas leyes de la concurrencia de todos y el provecho, en cambio, sólo de algunos, en la cual la inversión no es una función social sino solamente algo propio de la empresa privada, es una sociedad incompatible con todo control consciente de sus fines. Esta sociedad es en todo el curso de la historia la primera que ha fraguado prescindiendo de todo proyecto civilizador.

La cita es de: Roger Garaudy (1972) La alternativa. Editorial Cuadernos para el Diálogo, Madrid.

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