Los nuevos relatos y la comunicación con aromas del pasado

nuevos relatos

Me acerco peligrosamente a los 15 años de vínculo con el mundo de lo social en general, y el de la cooperación al desarrollo en particular. Durante este periodo, hay varios retos sobre los que, pese a que se habla y habla, siempre están ahí. Uno de ellos es del de la comunicación y cómo llegar a amplias capas de la sociedad para conseguir cambios. Dependiendo del momento y de quién hiciera referencia al tema se le ha llamado comunicación para el desarrollo, comunicación para la transformación social, #comunicambio o, según las últimas tendencias, la última moda, construcción de un nuevo relato. Exactamente, la necesidad urgente de construir un relato alternativo que conecte con la sociedad, en palabras de una de las ponentes de Futuro en Común.

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Los consensos en el mundo social no son fáciles, pero este del nuevo relato es bastante compartido. ONGD, organizaciones de acción social, ecologistas, movimientos sociales, periodistas,… vienen hablando desde hace tiempo la necesidad de construir ese discurso alternativo, poderoso, que llegue a la mayor parte de la ciudadanía. Lo que sorprende es que, pese a que es un objetivo que la mayoría buscamos, las prácticas apuntan en otra dirección, es decir, que del dicho al hecho hay un gran trecho (refranero antiguo que da pistas de por donde irán las próximas líneas).

Analizo a continuación cuatro de esas prácticas que “sufrimos” en Futuro en Común y que son habituales en lo social pese a ese objetivo de búsqueda de una comunicación atractiva y transformadora.

 

1.- Lenguaje farragoso, salpicado de conceptos ininteligibles para el gran púbico.

Lo expresaba muy bien uno de los miembros de la PAH que participaba en Futuro en Común. Decía que él, que estaba más o menos metido en el tema, había entendido el 75% de lo que se contó en la sesión inicial y que la mayoría de sus compañeros de la Plataforma no llegarían al 50%, a lo que añadiría yo que el gran público no llegaría al 15%. Otra de las asistentes dijo en un taller: “ustedes hablan muy raro. No me he ido porque parecen buena gente”. Sorprendentemente queremos construir un relato que llegue a todo el mundo utilizando un lenguaje que ni nosotros mismos entendemos. Valgan como ejemplo de lo que digo las siguientes frases y palabras que fui apuntando a lo largo de la jornada de Futuro en Común (os dejo sólo 10 de ellas para que leer el post no os lleve hora y media):

  • Necropolítica.
  • Construcción ideológica de la Marca España.
  • Feminicidio.
  • Lógica antropogénica y heteropatriarcal.
  • Empoderamiento para la transformación.
  • Mantra del crecimiento inoculado en nuestros cerebros.
  • Colapso ecosocial.
  • Mirada intersectorial.
  • Reconceptualización del desarrollo.
  • Coherencia de políticas.

Por si acaso, un aviso, no digo que el lenguaje tenga que ser simplista, digo que tiene que ser inteligible y adaptado a diferentes públicos.

 

2.- Explicar los problemas del mundo poniendo en el centro del discurso la lucha entre izquierda y derecha.

Pese a los “palabros” del punto anterior, en los primeros minutos del encuentro sonreía porque la izquierda y la derecha no habían aparecido en los discursos, pero la alegría me duró poco. No es sencillo, pero voy a tratar de explicar por qué creo que esto va en contra del objetivo de construir un nuevo relato. De nuevo un par de avisos: no estoy diciendo que no haya que hacer política (llevo años diciendo que las ONGD tienen que hacerlo) y estoy convencido de que buena parte de los problemas del mundo están causados por políticas “de derechas”. Pero, dicho esto, y partiendo de la base de que hay gente de derechas, mucha gente, pienso que:

  • Construir un relato que conecte con la sociedad en general es imposible si tu discurso señala como los culpables a un porcentaje muy elevado de esa misma sociedad. Si miramos el reparto de escaños del Congreso de los Diputados, el 40% de nuestros representantes, el 50% o incluso más (según donde ponga cada uno la separación) son de derechas. La pregunta es si todos los que les votan son poco solidarios o les importa un bledo el cambio climático. Mi experiencia dice que la respuesta es no, ya que el voto está condicionado por innumerables factores como el religioso, las ideas de modelo de estado, etc. Por tanto, quizá sea mejor hablar de políticas que de ideologías. Si el mensaje es que cambiar el mundo pasa porque los que son de derechas se hagan de izquierdas, apaga y vámonos. Sería como conseguir que todos los del Real Madrid se hicieran hinchas del Rayo, imposible.
  • Cuando se habla del nuevo relato decimos que los problemas son transversales, que no tienen fronteras, etc. Es decir, que el trabajo precario, la violencia machista, los problemas de acceso a la vivienda o el impacto del cambio climático son una realidad en El Salvador y en España, pero también entre votantes de cualquier partido político. Hace mucho que se habla de cambios en las sociedades, de realidades líquidas, difusas, etc. Va siendo hora de adaptar el discurso.
  • Dejo para el final lo más anecdótico, pero que también es reflejo de lo que digo: la división entre izquierda y derecha nació en el marco de la Revolución Francesa, hace ya algunos siglos. ¿A nadie le choca que hablemos de esto y a la vez de nuevo relato? Y, por otra parte, si la experiencia de siglos nos dice que este discurso no ha servido para conectar con la mayoría social, ¿no es hora de cambiarlo?

 

3.- Señalar con el dedo a los que no llegan al 100%.

Lo sabemos: la suma de pequeñas acciones individuales no es suficiente para transformar el mundo, es necesario un cambio profundo de toda la sociedad. Hasta ahí de acuerdo. En lo que discrepo es en el tufillo de superioridad moral que suele acompañar a esta frase. Ya lo dije cuando escribí sobre las coca-colas de Ramón Espinar: sabemos que sólo comprar café de comercio justo no va a cambiar el mundo, pero en vez de señalar con el dedo porque no hace lo suficiente, o incluso despreciar a esas personas, ¿por qué no trabajamos con ellas para que amplíen su compromiso? ¿Por qué no les aplaudimos y vemos cómo dar más pasos? ¿Por qué no vemos como palanca, como detonante, esos pequeños cambios en vez de tacharlos de insignificantes? ¿Por qué no pasamos de la crítica al refuerzo positivo, al menos con los que muestran cierto interés por nuestro libro?

 

4.- Discurso centrado en el problema más que en la solución.

No me detengo mucho en este punto porque sobre este tema hay miles de reflexiones y textos, aunque no por ello hay que dejar de decirlo. Somos expertos en identificar problemas y contarlos de mil maneras diferentes. Afortunadamente, vamos dando pasos y, por ejemplo, en Futuro en Común se habló también de procesos, momentos clave,… pero sigue faltando la propuesta, los canales y vías de participación, el qué hago yo, que hacemos nosotros, para solucionar el tema. Va siendo hora de que, ya que llevamos años y años con los problemas, empecemos a poner en el centro del discurso la propuesta. No es fácil pero toca hacerlo.

 

Por tanto, y con esto termino, por supuesto que hace falta un nuevo relato y desde mi punto de vista, debería:

  1. Utilizar un lenguaje adaptado a todos los públicos, dejemos los “palabros” para las reuniones internas de trabajo y contemos con claridad lo que pasa cuando salgamos de nuestras oficinas (si los que siempre hablan no lo saben hacer quizá sea el momento de otras personas).
  2. Centrarse en las políticas injustas y en las personas vulnerables, mucho más arriba y abajo que izquierda y derecha.
  3. Ser positivo, que aplauda los cambios por pequeños que sean (si todo el mundo comprara el café de comercio justo el mundo sería mucho mejor, para muchas personas).
  4. Centrarse en la propuesta y no tanto en el problema.
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