“Ese miedo a tomar posición muchas veces nos hace cómplices de determinadas ideologías”

Agita el vecindario

Aunque compartimos apellido no somos primos, al menos que sepamos. Sí que somos compañeros de trabajo, reflexiones, ideas y cañas desde hace bastante tiempo. Si hiciéramos la suma de los últimos seis o siete años, saldría que hemos pasado un buen número de horas hablando del mundo de lo social, tantas que al final nos hemos lanzado a volar, junto a más gente que espero pronto también pase por aquí, como parte de las PeroGrullas.

Muchos conoceréis a Verónica por ser la persona detrás de Pobreza Cero, así que sabréis que lo suyo son las relaciones internacionales, el género, el desarrollo, los Derechos Humanos y las estrategias de movilización social y educación para la ciudadanía.

Sin duda tenía que ser una de las protagonistas de agita el vecindario. Ahí os dejo lo que me ha contado:

Pregunta: Hace tiempo Xosé Cuns escribía en un post: “Sí, el mantra absurdo y cobarde típico de la parálisis solidaria ‘nuestra ONG es apolítica’ está saltando por los aires. Hay que mojarse”. ¿Piensas que realmente está saltando por los aires? ¿Por qué le cuesta tanto a las ONGD mojarse? ¿Por qué se sigue confundiendo apolítico con apartidista?

Respuesta: Creo que en algunos casos sí está saltando por los aires. Aunque sigue siendo frecuente escuchar a algunas organizaciones afirmando que “este no es mi tema”, o “esto no tiene que ver con el trabajo que hacemos”. Creo que se nos olvida que los llamados movimientos de solidaridad nacieron como una respuesta a la poca atención que se le presta a determinados temas de corte social. Bien por ideología, bien por economía. Así lo afirma una organización diciendo nosotras no somos una ONGD, somos una WGDD (que por sus siglas en inglés significa lo que los gobiernos no hacen, what governments don’t do).

Cometemos un error cuando pensamos que nuestras acciones no son políticas. Es frecuente encontrar organizaciones que reclaman el derecho al agua, a la sanidad, a la educación, en contextos lejanos al propio y, sin embargo, pecan de timidez cuando se trata del contexto nacional. Lo mismo cuando se trata, por ejemplo, del derecho a la salud y nos ceñimos a hablar de lo nacional sin entender que se trata de derechos universales (es decir, que aplican a todas las personas en todo el mundo).

Esta incoherencia, si me lo permiten, puede deberse en gran medida al miedo a las represalias (retirada de fondos a esa organización en particular o que nuestra base de donantes nos retire su apoyo –económico).

En este sentido, hay un doble error de partida: se utiliza las políticas sociales como arma arrojadiza para silenciar a una masa crítica que exige derechos y coherencia de políticas. No son pues cuestiones de Estado, o asunto de derechos. Se “ideologiza” el hecho de que las personas reclamen sus derechos.

Es incuestionable que cuando se habla de derechos humanos, no estamos hablando de partidos políticos o de tendencias ideológicas. También es innegable que la forma en la que se reconocen esos derechos, cómo se dotan de presupuestos (o no), y qué políticas se hacen para su cumplimiento sí son cuestiones ideológicas.

Ese miedo a tomar posición, cuando se trata de cuestiones universales o derechos inalienables, muchas veces nos hace cómplices – quizás sin saberlo – de determinadas ideologías. Quizá es este desconocimiento el que hace que algunas organizaciones sigan confundiendo apolítico con apartidista.

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P: ¿Por qué siguen predominando en las organizaciones modelos en los que el socio es exclusivamente una fuente de dinero y el voluntario mano de obra gratuita? ¿Es esa la participación que queremos / necesitamos? ¿Tiene algo que ver con la pregunta anterior?

R: Para empezar, creo que no se puede negar que las organizaciones necesitan fondos para poder gestionarse. En ese sentido, muchas organizaciones han hecho una apuesta fuerte por la captación de donantes privados. ¿Quizás como forma de sobrevivir a los brutales recortes? ¿Tal vez para mantener una cierta independencia en su toma de decisiones? Sea cual sea la razón, para seguir actuando y llevando a cabo su labor necesitan dinero.

El hachazo perpetrado a la financiación de las organizaciones sociales ha obligado a las organizaciones a buscar alternativas de financiación. Muchas organizaciones se han visto obligadas a reducir sus puestos de trabajo o incluso a desaparecer. También han ido desapareciendo muchos de los proyectos que se llevaban a cabo. Hace poco, el informe del sector de la Coordinadora de ONGD nos decía que había habido un aumento del apoyo a las ONGD, mientras los fondos públicos se habían desplomado.

El llamado “estallido de la crisis”, y el incremento de las desigualdades y de la pobreza no han hecho más que incrementar las necesidades de ayuda. Esto hace que las ONG sigan siendo necesarias. Esta necesidad, sumada a los recortes en temas sociales, ha obligado a muchas organizaciones a lanzar campañas muy agresivas para captar fondos. Para ello invierten mucho dinero y recursos en estrategias de marketing, captación en calle, por teléfono, o correo electrónico, entre otras.

En este sentido, creo que hay dos reflexiones pertinentes: ¿qué papel tiene que jugar el Código de Conducta de las ONGD al respecto? Bien como ente censor, recomendando, dando toques de atención,… y ¿son éstas las únicas inversiones que tienen que hacer las ONG? En lugar, por ejemplo, de invertir en comunicación y educación para el desarrollo…

Hemos dicho en un sinnúmero de ocasiones que las organizaciones tenemos que hacer autocrítica. Una de las razones para hacerlo es que los recortes padecidos en el sector apenas han pasado factura a la clase política. Esto, como mínimo, debería hacernos reflexionar. Aunque la ciudadanía es solidaria y apoya las acciones de cooperación, según datos de EUROSTAT, lo cierto es que estos temas no movilizan a grandes masas de la población. En parte puede deberse a que no se entiende el trabajo que hacemos (y para ello es necesario explicarlo). Aunque también puede deberse a que en ese trabajo de “educación” que tenemos que hacer, no hemos sabido transmitir la interconexión e interdependencia entre los recortes en derechos aquí con los que ocurren en la India, Nicaragua o Argelia.

Relacionado con lo anterior, el papel de la persona voluntaria no está sólo dentro de lo que hace dentro de la organización. Como personas y como organizaciones tenemos que entender que todo lo que hacemos está interconectado. Es decir, no podemos pretender que nuestras actuaciones sean coherentes únicamente cuando estamos en el seno de la organización. Es la misma lógica que se exige a las administraciones públicas: no dar con una mano y quitar con la otra.

No podemos pretender cambiar el mundo sólo cuando estamos haciendo voluntariado. Tenemos que pensar más allá: ¿cuántas de nuestras acciones tienen efectos en las vidas de otras personas? ¿Cuáles son nuestros patrones de consumo? ¿Qué tipo de acciones llevamos a cabo para evitar la violación de derechos?

Creo que aún hay que profundizar sobre el papel transformador del voluntariado, el valor de la coherencia propia y nuestro papel como ciudadanía global.

P: Si hablamos de activismo en internet y redes sociales, ¿estás más cerca de los que lo defienden como herramienta clave para la transformación social o los que lo tachan de “activismo de salón” incapaz de generar cambios reales?

R: Estoy más cerca de lo primero. Está claro que no es lo único que hay que hacer. Aunque creo que las redes sociales son una herramienta muy potente para mantener esa vigilancia activa de las decisiones que afectan nuestro día a día.

El riesgo está en la inmediatez y lo efímero de todo lo que ocurre en las redes. También en el consumismo de la noticia y el olvido rápido de las causas. Como entidades sociales tenemos un papel muy importante en promover que las personas actúen como ciudadanas de una forma consciente.

Mucho se habla ahora de “la pornografía humanitaria” o de la “pornografía de la pobreza”. Si a esto sumamos lo fugaz de las noticias, nos encontramos con productos de usar y tirar. ¿Es esa la consciencia que queremos promover? Creo que no. Lo del activismo en las redes da para un debate más profundo que analice todas estas cuestiones.

P: Llevamos años hablando de conexión con movimientos sociales y todavía estamos en ello. ¿Cuál es el problema?

R: Esto es una pregunta complicada de responder. No creo que haya un problema como tal. Tampoco creo que exista una rivalidad o un enfrentamiento. No se trata de un ellos y nosotros. Creo que hay un poco de desconocimiento mutuo sobre lo que son las ONG y lo que son los movimientos sociales. Curiosamente, muchas de las personas que estamos vinculadas a las organizaciones militamos también en movimientos sociales.

¿Puede tener que ver con el cuestionamiento de las estructuras formales? O, ¿tal vez con la primera pregunta, donde se planteaba la dependencia de fondos estatales y el no posicionamiento en determinados temas? Es un debate que lleva produciéndose muchos años.

Lo cierto es que cuando una organización está financiada en base a proyectos, con actividades determinadas, y productos / resultados, es realmente difícil que se produzca un diálogo o acercamiento. Se han publicado varios artículos en los que se decía que muchas organizaciones han usurpado el lugar de los movimientos sociales (la oenegización).

Creo que la clave está en invertir en ese diálogo y conocimiento mutuo. Son muchos más los puntos de unión que las cosas que diferencian. En este sentido, creo que hay iniciativas como Futuro en Común que están intentando reducir esa aparente brecha.

P: Y, siguiendo con los posibles aliados, ¿por qué no conseguimos que los medios de comunicación lo sean en el objetivo de sensibilización y movilización de la sociedad?

R: Creo que se han producido cambios y que hay avances interesantes en este sentido. También que hay medios de comunicación que están haciendo un trabajo fantástico de denuncia y de información, según lo que establecen los principios de la comunicación para la transformación social.

Un ejemplo son diferentes espacios que se están lanzando para hablar de causas de las injusticias globales, así como de alternativas o vías de acción. También hay organizaciones que hace tiempo han decidido “abandonar el logo” y hablar más de las causas.

Puede ser que muchos medios tengan pánico a la nota de prensa o a que una organización “les venda su libro”. Y también puede que tengan una agenda propia…

En ese sentido, hay iniciativas interesantes, como los “Premios Enfoque” que están haciendo una labor de vigilancia ciudadana sobre el quehacer periodístico. Será interesante seguir viendo cómo evoluciona esta relación entre organizaciones y medios.

P: Pese a la existencia del Código de Conducta de la Coordinadora de ONGD – España, se siguen viendo con demasiada asiduidad imágenes que no respetan la dignidad de las personas. ¿Por qué?

R: Esta pregunta está relacionada con la anterior: la captación de fondos muchas veces está relacionada con las emociones. Muchas campañas de marketing se enfocan en esto.

En la Coordinadora de ONGD se está poniendo mucho peso en la importancia de uso de imágenes y en el código de conducta. Lo vemos, por ejemplo, en recomendaciones prácticas que se han publicado o en la habilitación de un canal para que las personas puedan contactar con la comisión de seguimiento y hace preguntas, etc.

P: Si te pidiera que destacaras una campaña -la campaña con mayúsculas-, ¿cuál sería? ¿Por qué?

R: Hay muchas campañas que me gustan, pero una que me llama mucho la atención últimamente es la de “no al escaqueo”. Creo que ha conseguido que algunas organizaciones se mojen en temas que les parecían lejanos y que conecta, muy elocuentemente, problemas globales con locales.

 

Agita el vecindario es el título de una serie de entrevistas con personas vinculadas a dinámicas de construcción de ciudadanía y/o tercer sector. El vecindario es la calle, el barrio, la localidad, la región, el país y el mundo, por tanto hablamos de ciudadanía local y global. Pero también es el tercer sector, en el que conviven muchas de las personas entrevistadas. El objetivo de las entrevistas es encontrar respuestas más allá de lo habitual, que agiten, que muevan los cimientos de esos vecindarios. Las respuestas tienen carácter personal y no necesariamente representan a las entidades de las que los entrevistados y entrevistadas forman parte.

 

 

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