Instituciones y activistas. ¿Continúa la desconexión?

img_1139Desde hace años oigo y leo sobre la necesidad de conectar con movimientos sociales, activistas y ciberactivistas por parte de diferentes entidades que podemos englobar en la amplia categoría de “sin ánimo de lucro”. Van ya muchos debates y la historia continúa. ¿Por qué? Quizá si en el texto siguiente donde pone “partido político” añadimos “sindicato”, “ONG”,… tengamos una de las respuestas (quizá no haya que conectar, aunque ese es un debate para otro post).

Soy un electrón libre, y quiero seguir siéndolo. Desde que empecé a actuar en internet la gente me dice que no es normal que no me una a un partido político: “No conseguirás nada tú sola”. Pero mi experiencia personal me ha demostrado lo contrario. He tenido la ocasión de conocer algunos partidos políticos, me he encontrado con algunos de sus líderes y he podido constatar que sus métodos son ineficaces, que todo su trabajo consiste en denunciar, en organizar conferencias y reuniones. Pierden el tiempo pelándose entre ellos, pelándose para ser líderes, y ahora esperan dominar a los jóvenes. Yo quiero seguir disociada del poder. Nosotros, los blogueros, somos libres, siempre nos hemos negado a afiliarnos a una organización, a pesar de que algunos hayan intentado que lo hagamos. (…) En un partido, el tiempo se vuelve limitado, estás enrolado, atado, encadenado, tienes que seguir una agenda política, dejas de reaccionar en directo, de inmediato. Hay reglas, protocolos, límites. Un electrón libre no tiene límites. Un bloguero, una bloguera, es mil veces más eficaz, más rápido. No hay ningún líder, todo el mundo puede participar en el proceso de toma de decisiones. En el ciberactivismo, cada uno contribuye a su manera y todo el mundo contribuye a todo (…).

La cita pertenece a: Lina Ben Mhenni (2011) La revolución de la dignidad. Ediciones Destino, Barcelona.

Se dice por ahí sobre las ONG. ¿Y tú qué opinas?

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En varias ocasiones he hablado por aquí de las críticas que se hacen a las ONG desde los movimientos sociales, muchas veces las hemos oído, aunque no es tan habitual verlas sobre papel. En una publicación llamada Cartelacciones me he encontrado el siguiente párrafo:

Las organizaciones dominantes hoy son las ONGs que, al margen de la voluntad y entrega de algunos de sus miembros, plantean generalmente una connivencia clara con las estrategias del poder. Se trata de atajar algunas consecuencias, de recoger fondos y de financiar proyectos puntuales con una más que cuestionable eficacia. Las causas políticas y económicas quedan fuera de su alcance de acción. La bota que aprisiona la cabeza de los empobrecidos se mantiene firme mientras hacemos “algo” para que al empobrecido le sea más soportable. Europa roba y expolia, y nuestros bancos y nuestras empresas, con el beneplácito de nuestros gobiernos, continúan aumentando sus beneficios. Mientras, las ONGs quieren hacernos creer que eso se soluciona con apadrinamientos, limosnitas o comedores. Pero resulta que el hambre es un problema político y por lo tanto hemos de afrontarlo desde sus causas políticas. Conclusión: El hambre aumenta al igual que aumentan las ONGs.

¿Qué os parece? ¿Qué pensáis? Os invito a dejar un comentario en este post, me interesa mucho vuestra opinión.

La cita es de: Zero a la izquierda (2010) Cartelacciones. Arte Acción Ediciones, Madrid.

 

Ciudadanía global al poder. Algunas conclusiones

El otro día estuve en el encuentro Ciudadanía global al poder que organizaba la Coordinadora de ONGD – España y tengo que decir, para empezar, que hacía tiempo que no me iba de uno de estos eventos con tan buen sabor de boca. Por primera vez me dio la sensación de que avanzábamos y que no nos estábamos enredando en ese recurrente bucle que gira en torno a “las ONGD no sabemos movilizar”. Buena parte del mérito fue de la organización de mis compañeras de la Coordinadora y de la dinamización del Colectivo Cala; algunos comentaron que el espacio –La Tabacalera– también contribuyó; y tengo la esperanza de que en el sector estamos alcanzando cierto grado de maduración y, por fin, estamos preparados para ponernos en marcha y dar un paso hacia adelante.

Entrando en materia, destacaría cinco ideas o conclusiones:

  • El sentimiento de inferioridad de las ONGD. Parece que, últimamente, las ONGD vivimos con un permanente sentimiento de inferioridad con respecto a los movimientos sociales. Pensamos que son ellos los que transforman y movilizan, los que conectan con la sociedad, y que sólo podemos aprender de su experiencia. Nos comportamos, además, como si la desconexión entre ambos sólo se debiera a nuestro perfil político y estilo de comunicación. No voy a decir que lo anterior no sea cierto, pero también lo es que esa desconexión se debe, en parte, a una desconfianza basada en el desconocimiento y en la generalización de tópicos sobre las ONGD por parte de los movimientos sociales. Por supuesto, ellos también podrían aprender mucho, muchísimo, de nuestra experiencia. Digo todo lo anterior porque en este tipo de eventos no estaría mal que, ya que vamos a aprender unos de otros, se incluyeran también experiencias o ponencias por parte de las ONGD, que pueden ser tan válidas en cuanto a la transformación como cualquiera de las que se llevaron a Ciudadanía global al poder. Habrá que buscar un poco, pero buenas experiencias hay.
  • Es el momento de los jefes. Conocía de antemano o conocí durante el encuentro a una parte considerable de las personas participantes y creo que no me equivoco si digo que, entre los vinculados a ONGD, predominaban los voluntarios y técnicos, a lo sumo algún cargo intermedio, pero que no había ningún o casi ningún director de departamento o director general. “Los de abajo y los de en medio” ya estamos convencidos de que es necesario cambiar el chip en las ONGD, pero no vamos a avanzar si no implicamos a “los de arriba”, necesitamos “su voluntad política” para generar cambios en el ADN de las organizaciones. Propongo destinar parte de los recursos que dedicamos a este tipo de encuentros a hacer campañas de sensibilización interna dirigidas a los jefes.
  • ¿Qué es eso de la movilización social? Decía Susana Hidalgo en una de las mesas que la gente “está quemada de tanta manifestación”. La manifestación es movilización, pero también lo son el boicot de productos, el voto responsable, el actuar como agente de sensibilización de tu entorno,… Basta de obsesionarnos con la manifestación. Deberíamos ver la movilización como algo del día a día, no sólo como salir a la calle, sino como una transformación que tiene que calar en la forma de vida de las personas. Con esta visión, posiblemente nos daríamos cuenta de que las ONGD somos más transformadoras de lo que creemos, llegaríamos a mucha más gente (incluidos a aquéllos que no se quieren manifestar) y, de paso, pasaríamos a estar en el s. XXI. Sin menospreciar, repito, el valor de la manifestación, no creo que puedan “tener la exclusiva” de la movilización. El centro de nuestras estrategias de cambio social en el s. XXI no puede ser la misma que lo fue en el XIX y XX. Pensemos en Coca – Cola, por poner un ejemplo. Puede que hasta se rieran mientras unos cuantos de miles de personas se manifestaban por el cierre de una de sus fábricas. Qué diferente hubiera sido si durante una semana, sólo una semana, nadie hubiera comprado sus productos en toda la Comunidad de Madrid. Quizá también hay una movilización social silenciosa, una que no podemos representar con el megáfono y la pancarta.
  • A ver si nos aclaramos, ¿con banderas o sin ellas? A las ONGD se las critica (también desde dentro) porque no participan institucionalmente en las grandes movilizaciones, como las del 22M por ejemplo. Pero también se las critica (nuevamente también desde dentro) porque allá donde van, despliegan sus logotipos y “estrategias de marca”. ¿No es un poco incompatible una crítica con la otra? Habrá que decidir qué modelo o qué modelos queremos promover y para ello habría que reflexionar mucho. Para empezar, se me ocurren dos cuestiones: 1) Si se puede hacer un apoyo institucional desvinculándolo de tu marca, cosa que me cuesta ver; y 2) si el problema es la marca, es decir, ¿mucha marca es igual a poca o mala movilización? Por aportar algo al tema, tengamos en cuenta que Greenpeace y Amnistía Internacional son organizaciones a las que nos queremos parecer, a las que reconocemos por su capacidad de movilización, y tienen una política de marca posiblemente mucho más marcada que la de cualquier ONGD.
  • La comunicación de las ONGD tiene que ser como el sexo. En uno de los talleres hablamos sobre el discurso de las ONGD y llegamos a la conclusión que debería ser como el sexo: cálido, profundo, con pasión y que lleve a la acción. Sólo así conseguiremos que sea una herramienta para llegar a las personas y para generar cambios.

Seguimos avanzando.

Las ONGD como generadoras de un bien público

Vivimos una época de recortes en casi todo lo social, incluidos los fondos que destinan las administraciones a las ONGD, y parece que los políticos de todo signo y color no se dan cuenta de que las organizaciones de desarrollo generamos un valor imprescindible para la sociedad que se reduce (o desaparece) con esos recortes. En este sentido, destaco lo que decía José Antonio Alonso en la I Jornada de Educación para el Desarrollo que organizó la FONGDCAM en 2004:

(…) ¿por qué se dan recursos públicos a las ONG? Yo diría: se dan recursos públicos a las ONG porque las ONG generan un bien público para el conjunto de la sociedad donante, es decir, generan algo para lo cual son insustituibles y que nos beneficia a todos como sociedad donante. ¿Cuál es ese bien público? En definitiva, ese bien público es la capacidad de generar valores solidarios y articular las respuestas solidarias que, en definitiva, convierten a la sociedad en una sociedad más rica, más compleja, más madura, más comprometida con su mundo. Ése es un valor absolutamente imprescindible de las ONG, es decir, las ONG son organizaciones que nacen de la sociedad civil tratando de articular la heterogeneidad de esa sociedad civil y tratando de poner en pie valores solidarios que de otra manera dificilmente se construirían.

Sigo con la ponencia de Alonso porque también justifica la importancia de la Educación para el Desarrollo y la sensibilización:

Igual que se dan ayudas públicas a la educación, se dan ayudas públicas a las ONG porque generan un bien público para el conjunto de la sociedad, que es la capacidad de articulación de la respuesta solidaria. Si llegamos a esa conclusión, llegaremos también a una derivación inmediata: la educación y la sensibilización en temas de desarrollo son absolutamente cruciales en las tareas específicas de las ONG del Norte. Si la función de las ONG del Norte se limitase exclusivamente a la transferencia de los recursos financieros, las ONG del Norte sobrarían. Si las ONG del Norte se limitasen a transferir esos recursos y, supuestamente, a aportar ciertos conocimientos técnicos en la gestión de los proyectos de desarrollo, habría que probar que esa aportación de conocimientos técnicos no están disponibles en las ONG del Sur porque, de lo contrario, también sobrarían. Se podría dar los recursos directamente a las ONG del Sur y que ellas hiciesen los proyectos de desarrollo si tuviesen esas capacidades técnicas. En muchos casos, gran parte de esas capacidades las tienen también las ONG del Sur. Lo que no podrán hacer nunca las ONG del Sur, y eso es el valor añadido indiscutible del Norte, es articular la ciudadanía del Norte en su respuesta solidaria ante los problemas de la desigualdad mundial.

En cuanto a las causas de estos recortes, algunas pueden achacarse a las propias organizaciones. En 2004 Alonso decía algo que probablemente a todos los que tenemos algo que ver con el mundo de la cooperación nos suene:

Hemos tenido una legislatura recién acabada en donde se han producido, en mi opinión al menos, notabilísimas regresiones en el sistema de ayuda y en la concepción de la política de ayuda sin capacidad alguna de resistencia de la sociedad frente a esos cambios y sin capacidad alguna de resistencia del sistema político frente a esos cambios por parte del Gobierno, en gran medida porque los costes políticos de tomar decisiones en mi opinión aberrantes en materia de ayuda son absolutamente cero, y esos costes políticos son cero porque la sociedad no está detrás de la reclamación de un sistema de ayuda genuino, comprometido con la erradicación de la pobreza.

Parece que entonces no aprendimos la lección. ¿Seguimos o cambiamos?

La cita es de: FONGDCAM (2004) I Jornada de Educación para el Desarrollo. Ponencias. FONGDCAM, Madrid.

Opinión pública y cooperación al desarrollo

Hacia nuevas solidaridadesCuando Stéphane Hessel pregunta a Bernard Dumont, uno de las personas que colaboran en Hacia nuevas solidaridades. Diez diálogos sobre cooperación al desarrollo, éste le responde lo siguiente:

El apoyo amplio y reforzado de la opinión pública es indispensable para una mejor eficacia de buenas políticas, tanto públicas como no gubernamentales, de ayuda al desarrollo.

Una parte nada despreciable de la opinión pública está, en principio, sensibilizada con las dificultades que existen en los países del Sur, ya que los sondeos revelan que la proporción de los donantes para acciones de solidaridad es considerable; la tarea que hay que llevar a cabo consiste en:

  1. ampliar esta fracción de la opinión;
  2. mejorar la información de los que están sensibilizados.

Estos dos aspectos de la tarea que hay que realizar sólo serán eficaces si se apoyan sobre un mismo argumento, adaptable en su conjugación según los sondeos públicos: completar lo sentimental con lo racional.

Lo sentimental es la compasión por las situaciones intolerables de las poblaciones desfavorecidas de los países en dificultades: es lo que anima primero a los que muestran alguna sensibilidad y los lleva, sobre todo, hacia acciones de urgencia. Ahora bien, está claro que este tipo de compromiso tiene sus límites: primero, porque a algunos, menos sensibles, lolo les afecta un poco la miseria del prójimo, y, después, también porque un compromiso fundado solamente en la compasión corre el riesgo de debilitarse ante la actitud inexcusable de algunos dirigentes de los países desfavorecidos (los únicos sobre los que nos informan los medios de comunicación). Pero cuando la solidaridad sobrepasa el estadio del suministro de bienes para consagrarse hacia el desarrollo, al refuerzo de las capacidades de iniciativa y de verdaderas responsabilidades en la óptica de culturas diferentes, y con mayor razón cuando se trata de cuestionar nuestros propios modos de vida y de pensamiento y la perpetuación de la ideología dominante, entonces es el enfoque racional el que se impone.

Asimismo es necesario, en todos los casos, demostrar que el porvenir del planeta, la paz y la prosperidad en el mundo (y, por tanto, también en nuestro país) no pueden asegurarse mientras sigan existiendo desigualdades tan intolerables e incluso se agraven, como ocurre en la actualidad.

La cita es de: Stéphane Hessel (2009) Hacia nuevas solidaridades. Diez diálogos sobre cooperación al desarrollo. Los libros de la catarata, Madrid.

Una ¿nueva? ética en la actuación de las ONG

Portada de Mucho se está hablando últimamente de transformación en las ONG, especialmente desde que la crisis ha empezado a golpear con virulencia al tercer sector. Hace algún tiempo escribía algunas propuestas de cambio para afrontarla y otros muchos compañeros han hecho lo propio. Entre los más interesantes de los que he leído últimamente están los deseos de César Santamaría para las ONG en 2013 o las reflexiones que viene publicando, desde hace algunos meses, el Observatorio del Tercer Sector.

Ninguno -creo- pensaremos que hemos descubierto la pólvora. Aunque los tiempos cambian, surgen temas y subtemas nuevos, otros pierden relevancia, aparecen matices, etc. la verdad es que hace bastante que se escribe sobre este asunto. En este sentido, por ejemplo, el libro Las ONG en la globalización. Estrategias, cambios y transformaciones de las ONG en la sociedad global, de Carlos Gómez Gil, acaba con un apartado titulado “Una nueva ética en la actuación de las ONG” del que destaco algunos de los “territorios a explorar”, que seguro os suenan:

(…) cada vez resulta más necesario entender y comprender la naturaleza de la nueva sociedad que se abre paso, una sociedad global insertada de lleno en una economía neoliberal pero con nuevas potencialidades en la economía, la política, la intervención social, la creación de redes de solidaridad, la utilización de las redes de telecomunicaciones, la generación de nuevos sistemas de información, la educación o la creación de nuevas alianzas ciudadanas, por señalar algunas de ellas.

(…)

Definir los rasgos más importantes del concepto de solidaridad, de justicia social, de desarrollo (…) desde el compromiso, el rigor y una severa actitud crítica que nunca olvide su labor de denucia de las injusticias sociales, políticas y económicas de los Estados y Gobiernos, que motivan gran parte de los problemas sociales actuales.

(…)

No sustituir los objetivos de transformación social, de crítica y denuncia por los de acaparar más y mayores recursos económicos. La supervivencia económica no puede ser un fin en sí mismo de las ONG, o el fin último de las mismas porque el precio que se paga es el de la dependencia, la sumisión y la pérdida absoluta de perspectiva (…)

Desde luego, no dejarse pervertir a través de imágenes, mensajes o campañas, aunque sea a cambio de más dinero. Por ello, no hay que dejarse halagar por el capitalismo sofisticado a través de complicadas operaciones de marketing. (…)

Diversificar las fuentes de financiación lo más ampliamente posible, buscando siempre una base social suficiente.

Dar la máxima difusión al trabajo que se lleva a cabo, a su gestión, a los programas realizados y a la utilización de todos sus recursos; difundir lo que se hace y explicar cómo se lleva a cabo y para qué.

Actuar de forma conjunta y coordinada con otras ONG, sin sacrificar identidades y diferencias, pero uniéndose para aumentar esfuerzos. (…)

En definitiva, se trata de exigir a estas organizaciones un mayor rigor en su actuación, una severa actitud crítica con las injusticias sociales y unas nuevas pautas éticas en su conducta, que sitúen al ser humano, a la persona, como el eje de sus actuaciones en una sociedad cambiante como la actual.

Para terminar, un sólo dato: esto se publicó en el año 2004, hace casi 10 años.

Los datos del libro son los siguientes: Carlos Gómez Gil (2004) Las ONG en la globalización. Estrategias, cambios y transformaciones de las ONG en la sociedad global. Icaria, Barcelona.

Visión minimalista de la política, ciudadanía y ONG

Hasta hoy no había oído la idea de “visión minimalista de la política”. Se trata de un concepto vinculado al neoliberalismo del que me gustaría destacar dos de sus características por lo perjudiciales que pueden ser para las ONG (si caen o no pueden salir de un enfoque como ése) y porque, especialmente la segunda, están relacionados con lo que está pasando últimamente con la educación y la sanidad en nuestro país:

En primer lugar, se basa en la reducción selectiva de la sociedad civil a tipos específicos de organizaciones, con la subsiguiente exclusión de otros actores, así como en la redefinición misma de su papel, orientado exclusivamente a compensar la ausencia del Estado en la aplicación de políticas sociales. El reemplazo del término “sociedad civil” con “Tercer Sector” es indicativo de esta nueva función y demuestra el intento de retirar el papel constitutivo de la sociedad civil, en el terreno de la política, el cual se circunscribe una vez más a la sociedad política. Autodefinido como apolítico, el Tercer Sector, a su vez, refuerza una concepción estatista del poder y de la política, justamente aquella contra la cual se ha dirigido la democracia participativa con su visión de la sociedad civil, que confronta el monopolio del poder por el Estado y la sociedad política.

En segundo lugar, las políticas y los temas de los que se ocupan son tratados estrictamente desde un ángulo técnico o filantrópico. Por consiguiente, la pobreza y la desigualdad son retiradas de la esfera pública (política) y del ámbito que les corresponde, el de la justicia, la igualdad y la ciudadanía. La distribución de servicios y beneficios sociales reemplaza cada vez más el espacio de los derechos y la ciudadanía, a través de un doble movimiento. Por un lado, los derechos sociales simplemente se están eliminando o reemplazando con bienes que ha de proveer la empresa privada, negociados en el mercado por aquellos que los pueden pagar. Por otro lado, las ONG asumen cada vez más la distribución de los servicios sociales, tales como la salud y la educación, dirigiéndolos a sectores necesitados específicos de la población. Estos servicios sociales, cuya distribución depende por completo de la buena voluntad y competencia de las ONG implicadas, no son percibidos por los beneficiarios como responsabilidades públicas del Estado. Con mucha frecuencia, las empresas privadas financian proyectos conducidos por las ONG a cambio de exoneraciones de impuestos. Los grupos beneficiados ni siquiera saben que hay recursos públicos en juego. Más bien, los beneficios son presentados como favores de personas bien intencionadas, en el lugar de derechos que el Estado debe garantizar. La ciudadanía, como atribución universal de derechos y como relación entre el Estado y todos los ciudadanos, se disuelve. En este modelo de aplicación de políticas sociales, el Estado se oculta detrás de las ONG. Una consecuencia cultural y política central es la obstrucción para la demanda de derechos, para la que ya no queda ningún espacio, pues no se puede responsabilizar a las ONG por los derechos y el Estado está ausente, aun cuando hay recursos públicos en juego. La posibilidad misma de formular derechos y nociones de ciudadanía, como elementos cruciales en la construcción del civismo, se hace cada vez más difícil, tanto como enunciar una noción propia de la esfera pública distinta de la privada.

La cita es de: Kees Biekart y Alan Fowler (eds.) (2011) El cambio dirigido por la acción cívica. El poder de la imaginación ciudadana. Icaria, Barcelona.