Riesgos del voluntariado on – line

Creo que casi todos coincidiremos en que las organizaciones sociales tenemos que seguir utilizando la red para contribuir a nuestra misión, aunque también me parece que la mayoría somos conscientes de que existen riesgos. Al respecto, en otro momento escribí sobre el peligro de tender hacia una especie de Matrix solidario y hoy quiero compartir algunas dificultades que, según InteRed, tiene el voluntariado on – line que no os podéis perder, sobre todo si vuestro objetivo es fomentar un voluntariado transformador (y no un voluntariado tarea). Ahí van:

  • “Enfermedad del desarraigo”: La solidaridad necesita echar raíces y para esto hay que favorecer los encuentros. No es fácil mantener encendida la llama de la solidaridad si no hay encuentros que la alimenten. Hay quién termina contrayendo la “enfermedad del desarraigo” al no poder compartir con otras personas la ilusión por un proyecto que se teje de manera colectiva.
  • El voluntariado entendido como tarea: Se corre un riesgo mayor de instrumentalización del voluntariado al reducirse el tiempo de voluntariado al tiempo de realización de la “tarea” que se encomienda. Se pierde perspectiva para comprender la acción desde la misión de la organización e interconectada con el resto de acciones y objetivos. El voluntariado pierde su dimensión más humana y deja de ser alternativa al sistema. Se valora a la persona voluntaria desde la óptica de la eficacia en la tarea y se descuida el voluntariado como favorecedor de un estilo de vida comprometido con los valores solidarios. Se le concede más importancia al hacer que al ser.
  • La intervención social en una realidad virtual: Son muchos los casos de voluntarios y voluntarias que comienzan a desarrollar su voluntariado virtual sin conocer casi nada de la organización con la que se vinculan. (…) cuando se conoce a una organización principalmente por la información que encontramos en Internet nos exponemos a que nuestra intervención sea descontextualizada y ciega.
  • Encasillamiento del voluntariado: El voluntariado online contribuye a la creciente especialización del voluntariado mediante la creación de perfiles muy ajustados a necesidades concretas y puntuales. Esto no tendría que ser un problema pero, de hecho, cuando las necesidades cambian, tienen que buscarse nuevos perfiles sin que se haya llegado a una integración de los que ya estaban. Se encasilla a voluntarios y voluntarias en tareas que tienen sus días contados, haciéndoles difícil la permanencia en la organización.
  • La difícil identificación: Todo lo anterior hace difícil la identificación con la misión y los valores de la organización. No se suele realizar un proceso con personas voluntarias en el que haya un equilibrio entre acción, reflexión, formación, encuentro, celebración, participación, etc. En muchas ocasiones nos encontramos con voluntarios y voluntarias que se identifican más o menos con las tareas pero que no saben casi nada de los principios que las inspiran y de los objetivos que persiguen.

La cita es del Plan General de Voluntariado de Intered. Disponible en formato on – line.

Dimensiones del voluntariado

Intered: Voluntariado para una participación solidariaContinúo con la reflexión sobre el voluntariado como proceso transformador y de participación ciudadana. En este sentido, quiero destacar las tres dimensiones básicas sobre las que, según Joaquín García Roca, se sustenta el voluntariado:

  • La dimensión civil: Existen voluntarios porque hay personas que son conscientes de los derechos individuales y pretenden garantizarlos y tutelarlos en los más débiles; desde esta perspectiva el espacio natural del voluntariado lo constituyen los derechos de las personas y la promoción y defensa de los derechos individuales.
  • La dimensión política: El derecho de las personas a participar en los asuntos que les afectan. El espacio natural del voluntariado desde esa perspectiva es el ejercicio de las decisiones colectivas. Existen voluntarios porque hay ciudadanos que se han tomado en serio su derecho a participar en la vida de las sociedades, de las instituciones y de los procesos colectivos.
  • La dimensión social: ser voluntario es ser responsable ante los sujetos frágiles y portador de derechos y deberes, no sólo para sí mismos, sino para aquellos que no los tienen reconocidos.

La cita es de: Fundación Intered (2005) Voluntariado para una participación solidaria. Fundación Intered, Madrid.

Voluntariado en ONGD: ¿proceso educativo transformador y cauce de participación ciudadana? Debate

Tras el diagnóstico que os comentaba en el post anterior me surgían varias preguntas de las que destaco cuatro:

1. ¿Qué quiere la gente? ¿Qué quieren nuestros voluntarios y voluntarias?

Es probable que no quieran participar de una manera diferente más allá de su tarea o quizá prefieran otros espacios de participación –por ejemplo las actuales mareas o el 15M- a los que las ONGD ofrecemos. Desde luego lo más lógico sería preguntarles a ellos y a ellas.

Sin haber hecho ese ejercicio, me aventuro a pensar que las organizaciones de desarrollo tenemos la obligación de tratar de fomentar la construcción de ciudadanía entre nuestro voluntariado, ofreciendo espacios, canales y herramientas de participación más allá de la tarea, siendo conscientes, eso sí, que la última palabra es de cada persona, que elegirá si toma o no esta opción.

2. ¿Quieren las ONGD contribuir a la transformación social?

A bote pronto casi todo el mundo dirá que sí, pero también estoy convencido de que la mayoría de los que están vinculados al mundo de la cooperación habrán oído varias veces frases del estilo “déjate de saraos y charlas. Lo que hay que hacer es construir pozos para darle agua a la gente”.

Más allá de lo que podría ser una anécdota, veamos que han hecho las ONGD en los últimos tiempos. En diciembre de 2011, en el III Encuentro del Sector, una conclusión predominó claramente sobre las demás: estamos en una nueva época en la que se hace imprescindible reforzar la base social, la movilización social y recuperar el espíritu asociativo y militante de las organizaciones. Año y medio después, al menos desde mi punto de vista, los grandes movimientos tienen un objetivo diferente: buscar financiación alternativa para paliar la bajada de ingresos por la pérdida de socios y desaparición de convocatorias de subvenciones de cooperación. Las campañas de captación han sido mucho más protagonistas que las de movilización e incluso, según tengo entendido, algunas organizaciones han empezado a buscar fondos en las cooperaciones australiana, canadiense o suiza o a captar socios en países emergentes como Perú o Brasil. Todo parece indicar que el camino apunta a perpetuar el modelo de ONGD centradas en la gestión de proyectos.

 3. ¿Saben las ONGD contribuir a la transformación social desde el voluntariado?

¿Saben qué hay que hacer en el círculo rojo para que ese esquema sea real? En mi opinión, algunas organizaciones –pocas- saben algunas cosas, pero la mayoría, aunque quisieran, tienen un largo camino que recorrer.

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4. ¿Pueden las ONGD contribuir a la transformación social desde el voluntariado?

¿Se pueden poner en marcha procesos educativos transformadores que necesitan largos periodos de tiempo en organizaciones que funcionan con una visión de corto plazo, habitualmente marcada por una financiación de proyectos de carácter anual?

¿Con las estructuras actuales y formas de trabajar de las ONGD se puede contribuir a la transformación social desde el voluntariado? En este sentido, Víctor Marí habla de organizaciones con una estructura similar a la de la fábrica fordista, en las que en la parte de abajo están socios y voluntarios que ejecutan obedientemente las decisiones de los de arriba, en las que los expertos diseñan los proyectos que no tienen en cuenta las opiniones de los que están al pie del cañón o en las que no se pide al de abajo que piense, reflexione o participe activamente.

La pregunta es si estas estructuras y formas de trabajar permiten ascender en la escalera de la participación del voluntariado:

2¿Se puede promover la transformación social sin ser organizaciones políticas? La respuesta parece ser que no, al menos, como ya recogía en otro post, hay autores que dicen que:

El voluntariado en cuanto a actividad participativa, se ha de proyectar necesariamente sobre el espacio público y en consecuencia, tiene siempre una dimensión política que actualmente se está perdiendo en muchas ocasiones, en aras a una pretendida neutralidad o apolitismo que conduce a la pérdida de capacidad transformadora.

En este sentido, me resisto a dejar fuera de este post una frase que me gusta mucho del Manual de  campañas para la movilización social de ONGAWA:

 La omisión y la inacción es ya un posicionamiento político, pues mantiene la injusta distribución mundial de recursos y deja las manos libres a otras fuerzas sociales que no dudan de la necesidad y eficacia de la acción política.

La última cuestión es si se puede contribuir a la transformación social mirándonos continuamente el ombligo, es decir, sólo con mi campaña y sólo con mi logo. Seguro que no, porque el mensaje implícito es que lo que hacen las demás –organizaciones y movimientos sociales- no importa y no podemos olvidar que la lucha contra la pobreza tiene múltiples caras, muchas más de las que una organización sola pueda abordar por muy grande que sea.

Aquí terminaba mi intervención. Mi última imagen fue para la primera página de los comic de Astérix que siempre dicen “Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor”. Así me parece que está esto del voluntariado transformador en las ONGD.

Voluntariado en ONGD: ¿proceso educativo transformador y cauce de participación ciudadana? Diagnóstico

Esta semana he participado en un desayuno – taller que organizaban Entreculturas e Intered en el que me pidieron que hablara sobre el voluntariado en ONGD como proceso educativo transformador y cauce de participación ciudadana.

Os resumo a continuación mi visión de cómo está el sector –el diagnóstico- y dejo para un post posterior algunas preguntas sobre las que creo que deberíamos reflexionar para poder seguir avanzando.

La hipótesis que manejamos es que el voluntariado es un proceso por el que las personas adquieren conocimientos, valores, actitudes, etc. tendentes a una ciudadanía activa. Simplificándolo mucho, sería algo así como lo reflejado en la siguiente imagen:hipótesis

Es decir, que las personas que hacen voluntariado van cambiando, toman conciencia de su pertenencia a una comunidad local y global, y tienden a incrementar su participación en la vida y asuntos públicos y su interés en luchar frente a la injusticia. Como refleja el Plan General de Voluntariado de Intered, los voluntarios y voluntarias pasarían a sentirse portadores y defensores de sus derechos y de los derechos de los demás.

¿Es esto realmente así? Aunque el sector es muy heterogéneo, creo que, en general, podemos decir que no. Existe un claro sesgo hacia el voluntariado tarea, como indican algunos datos como los siguientes:

¿Cómo definen el voluntariado las ONGD? Si tomamos, por ejemplo, qué dicen las páginas web de las organizaciones más conocidas por la ciudadanía según el informe Así nos ven. ¿Qué sabemos y cómo valoramos a las ONGD? podemos ver, como queda reflejado en la nube de palabras que incluyo a continuación, que los conceptos que predominan están claramente vinculados a la tarea y no tanto a ideas como ciudadanía activa o transformación social.

paginas

¿Qué tipo de voluntariado ofrecen las ONGD? Entrad en la página www.hacesfalta.org y podréis comprobar que no es raro encontrar ofertas de voluntariado que incluso llevan como título “Técnico de proyectos de cooperación” y cuyas funciones son más propias del personal contratado que del voluntariado. Esta es una tendencia creciente en el sector. Como consecuencia de la crisis muchas organizaciones están tratando de sustituir a los técnicos que no pueden pagar con voluntarios. Una vez más, la tarea es la protagonista.

¿Dónde está el voluntariado? En muchas ocasiones depende de las áreas y departamentos de recursos humanos, incluso de los de administración, con una clara visión de recurso, más que de transformación social. De hecho, la palabra más asociada a voluntariado suele ser gestión.

¿Se moviliza el voluntariado de las ONGD? Según las evaluaciones de la campaña Pobreza Cero, la campaña de todo el sector, la movilización ha ido decreciendo desde las primeras acciones en 2005, lo que suele achacarse, entre otras razones, a la falta de interés de las organizaciones por movilizar a sus bases sociales.

¿Cómo participa el voluntariado? Aunque no se puede generalizar, he estado en evaluaciones de campañas o programas de voluntariado de varias ONGD en las que algunas personas decían que se sentían mano de obra barata o que no podían participar en la toma de decisiones, que éstas venían marcadas “desde arriba” y que no se escuchaba a los voluntarios y voluntarias. Claramente un enfoque bastante lejano al fomento de la participación y la construcción de ciudadanía desde el voluntariado.

Indicios como estos me reafirman en mi opinión de que la hipótesis de partida no es real y que el modelo predominante es uno en el que las personas van a las ONGD a hacer sólo y exclusivamente su tarea, sin que se tengan en cuenta objetivos de transformación social. De nuevo simplificando, la realidad se parecería a lo siguiente:

nueva hipótesis

Y esta situación no puede entenderse fuera del paradigma dominante marcado por las siguientes tendencias:

  • La ciudadanía muestra poco interés y está poco informada. Ni los más implicados pueden mantener una conversación demasiado larga sobre los temas que trabajamos.
  • El modelo se basa en la relación entre un “poderoso donante” y un “receptor agradecido”.
  • Se buscan seguidores en vez de miembros, situándolos a una distancia prudencial.
  • Fomento de modelos de participación barata.
  • Se trata a las personas como euros con piernas.
  • Predominio del enfoque de gestión de proyectos frente al fomento de la implicación ciudadana.
  • Organizaciones prestadoras de servicios más que demandadoras de Derechos Humanos.

Como os decía, dejo para un post futuro algunas reflexiones o preguntas que nos podrían ayudar a avanzar en este sentido.

Sobre la dimensión política del voluntariado

Soy un firme defensor de la dimensión política y transformadora del voluntariado, de la promoción del “voluntariado – ciudadanía” frente al “voluntariado – tarea” o “voluntariado – mano de obra barata”, por lo que éste será un tema recurrente en este blog.

Os dejo una cita al respecto:

El contexto social dominante actualmente, se caracteriza por una tendencia a la individualización en detrimento de la dimensión comunitaria. A esta realidad, no se sustrae el voluntariado; (…) Esto podría explicar la predisposición a la acción voluntaria fragmentada, discontinua, carente de contextualización en un itinerario y al margen de los procesos comunitarios, en un contexto de relativo o más bien escaso compromiso cívico. (…)

(…) El proceso de individualización del voluntariado está estrechamente relacionado con el proceso de despolitización, y encaja con una dimensión menos participativa del mismo, orientada al caso individual y a la tarea concreta que reduce los espacios para la capacidad propositiva y transformadora. El voluntariado en cuanto a actividad participativa, se ha de proyectar necesariamente sobre el espacio público y en consecuencia, tiene siempre una dimensión política que actualmente se está perdiendo en muchas ocasiones, en aras a una pretendida neutralidad o apolitismo que conduce a la pérdida de capacidad transformadora. (…)

(…) En no pocas ocasiones, el voluntariado es presentado como alternativa a la participación política, especialmente en un momento de desafección de ésta. Es muy importante prestar atención a dicho planteamiento, pues la acción voluntaria y la acción en las ONG no dejan de ser una escuela y espacio de entrenamiento para el compromiso político y en ningún caso un refugio o alternativa frente a éste. (…)

El texto está extraído de EAPN (2012) Foro de debate 1: voluntariado y pobreza. EAPN, Madrid. Disponible en formato digital aquí.

Los voluntarios y voluntarias no son superhéroes (aunque sí imprescindibles)

El 5 de diciembre es el Día Internacional del Voluntariado para el Desarrollo Económico y Social (Día del Voluntariado para los amigos). Este año en ONGAWA decidimos hacer algunas actividades informativas al respecto, especialmente en la Universidad.

En un primer momento surgió la propuesta de que la imagen central de los materiales y las acciones fuera un superhéroe, como guiño al esfuerzo y el papel clave que juegan los voluntarios y voluntarias para la lucha contra la pobreza y el desarrollo de los países del Sur.

Aunque a priori la idea pudiera parecer buena, finalmente la descartamos. Después de una búsqueda exhaustiva en la base de datos de nuestros más de 300 voluntarios y voluntarias, no dimos con ningún superhéroe, ni ninguna persona con superpoderes:

  • Ninguno de ellos tiene la capacidad de volar, de teletransportarse, ni supervelocidad. Sin embargo, acuden puntualmente a nuestras oficinas y a las actividades que organizan, incluso aquéllos que tienen algún problema de movilidad.
  • Tampoco tienen súper fuerza, pero cada año transportan cientos de cajas, materiales, documentos, exposiciones, mesas informativas,…
  • No tienen poderes mentales o psíquicos, no pueden entrar en la mente de nadie para cambiar sus pensamientos, aunque organizan acciones que sensibilizan y movilizan a la ciudadanía para cambiar la sociedad y hacerla más justa y solidaria.
  • Ni siquiera pueden parar el tiempo, aunque son capaces de encajar en sus apretadas agendas laborales, personales y familiares algunas horas a la semana para colaborar en sus respectivos grupos.

Todas personas de carne y hueso. Ni rastro de superpoderes. Ni falta que hacen. Sus conocimientos (humanos), sus habilidades (humanas), sus capacidades (humanas), su motivación (humana), sus propuestas (humanas),… y, por qué no, también sus críticas (humanas) son clave para que cada día una organización como ONGAWA avance para llevar a cabo su misión -poner la tecnología al servicio del desarrollo humano- y para demostrar que acabar contra la pobreza no es una historia de cómic, si no que es un objetivo real, que se puede alcanzar, y que está en manos de la ciudadanía.

A diario, por tanto, es el día del voluntariado, aunque aprovechemos el 5 de diciembre para decirlo un poco más alto que de costumbre.

Muchas gracias, compañeras y compañeros.

¿Voluntariado en la JMJ?

Durante la JMJ hemos podido ver en Madrid miles de peregrinos y muchos “voluntarios”, seguramente varios cientos. Sí, esos del polo verde de la obra social de Caja Madrid con una V enorme en la espalda.

¿Eran voluntarios y voluntarias (se les olvidó el enfoque de género)?

La Ley de Voluntariado  dice, en su exposición de motivos, que: “La conciencia creciente de esa responsabilidad social ha llevado a que los ciudadanos, a veces individualmente, pero, sobre todo, por medio de organizaciones basadas en la solidaridad y el altruismo, desempeñen un papel cada vez más importante en el diseño y ejecución de actuaciones dirigidas a la satisfacción del interés general y especialmente a la erradicación de situaciones de marginación y a la construcción de una sociedad solidaria en la que todos los ciudadanos gocen de una calidad de vida digna. Una manifestación fundamental de esta iniciativa social la constituye el voluntariado, expresión de la solidaridad desde la libertad y el altruismo”.

Y añade como definición de voluntariado la siguiente: “el conjunto de actividades de interés general, desarrolladas por personas físicas, siempre que las mismas no se realicen en virtud de una relación laboral, funcionarial, mercantil o cualquier otra retribuida”.

Según la citada Ley “Se entiende por actividades de interés general a efectos de lo dispuesto en el artículo anterior, las asistenciales, de servicios sociales, cívicas, educativas, culturales, científicas, deportivas, sanitarias, de cooperación al desarrollo, de defensa del medio ambiente, de defensa de la economía o de la investigación, de desarrollo de la vida asociativa, de promoción del voluntariado, o cualesquiera otras de naturaleza análoga”.

¿Alguien ve en qué temática encuadrar a los “voluntarios” de la JMJ?

Busco, por si acaso, la Ley de Voluntariado Social de la Comunidad de Madrid: “Se considera voluntario social a toda persona física que realiza una prestación voluntaria, de forma libre, gratuita y responsable dentro del marco de una organización que comporte un compromiso de actuación a favor de la sociedad y la persona”.

La Ley madrileña tampoco aclara mis dudas.

Para mayor desconcierto, la página web de la JMJ indica que los “voluntarios” tienen que abonar una cuota cuyo fin será “el de sufragar y colaborar con los gastos de la JMJ, así como aportar al Fondo de Solidaridad (…). Esta cuota, cubrirá los seguros civil y médico que tendrán los voluntarios, así como el transporte, la equipación y la manutención”.

Tenía entendido que las leyes de voluntariado establecen que los voluntarios tienen derecho a que se les cubran los gastos derivados de su actividad. ¿Querrá esto decir que la JMJ vulneró la Ley de Voluntariado? O, ¿será que estas personas no son voluntarias y, por tanto, se les puede exigir una cuota?

Que no cunda el pánico, no tengo ninguna duda de que no hay ningún tipo de vulneración. Sin duda, legalmente, eran voluntarios, no creo que cometieran un error tan infantil. No obstante, personalmente, creo que denominar “voluntarios” a los colaboradores de la JMJ no hace justicia a las miles de personas que dedican su tiempo en diferentes organizaciones a contribuir a un mundo más justo, más solidario y más sostenible. Me cuesta ver que sea igual el que reparte comida en Cuatro Vientos con el que colabora en un comedor social, o que algo tenga que ver el que recoge a un grupo de jóvenes católicos en el aeropuerto con el que recoge a una persona de Tanzania que viene a sensibilizar a la población española sobre la situación de pobreza que vive su país. Aunque la acción sea prácticamente la misma la diferencia está en que unas tienen como beneficiarios últimos a los más vulnerables y empobrecidos y las otras, las de la JMJ, no.

El uso (y digo uso con toda la intención) de voluntarios de este tipo me parece más bien una estrategia de ahorro de costes de personal y/o de marketing para dar pinceladas sociales a eventos de diversa índole (JMJ, Noche en Blanco, Juegos Olímpicos,…) que una actividad propia del voluntariado.

Resulta curioso, además, que este tipo de eventos casi siempre están apoyados desde las instituciones públicas. Curioso, sobre todo, si tenemos en cuenta que son estas mismas instituciones las que  promocionan 2011 como Año Europeo del Voluntariado, con unos objetivos entre los que destaco los dos siguientes:

  • Trabajar para lograr un entorno que favorezca el voluntariado: consagrar que el voluntariado forme parte de la promoción de la participación ciudadana y abordar los obstáculos que existen en el desarrollo de las actividades voluntarias.
  • Sensibilizar sobre el valor y la importancia del voluntariado: aumentar la conciencia general sobre la importancia del voluntariado como expresión de la participación ciudadana que hace su aportación a asuntos de interés común para todos los Estados miembros, como un desarrollo social armonioso y con cohesión social.

¿Alguien me podría decir en qué han contribuido los “voluntarios” de la JMJ a estos objetivos? ¿Participación ciudadana, interés común, cohesión social? ¿No hubiera sido más correcto ponerles en su polo verde una O de organización, una C de colaborador o una S de staff (ahora que la palabra está tan de moda)? ¿No se ajustan más esos conceptos a la labor que realizaban? ¿Por qué no llamamos a las cosas por su nombre?