Manual de campañas para la movilización y la transformación social

hello

Que te inviten a dar un curso siempre es motivo de alegría. Algo debes saber y algo debes estar haciendo bien para que te den espacio y tiempo para hablar del tema que sea. Estos días estoy dando el curso Movilízate. Diseño de campañas para la transformación social en la Universidad de Granada. Así que estoy alegre.

Además del reconocimiento, organizar un curso te ayuda a ordenar ideas, recuperar textos y materiales que estaban “perdidos” en un disco duro, repensar dudas, y mucho más. Como resultado de este proceso, me he animado a escribir este breve Manual de campañas para la movilización y la transformación social.

Espero que sea de utilidad a organizaciones, movimientos, colectivos, personas,… que quieran organizar campañas.

 

Breves agradecimientos: este manual no habría sido posible sin el Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Granada. Tampoco sin la experiencia adquirida durante mi paso por Oxfam Intermón, Entreculturas, Prosalus y, muy especialmente, ONGAWA.

 

Retos para los movimientos sociales (también para las ONG)

En uno de los capítulos de Resistencias globales. De Seattle a la crisis de Wall Street, Josep Mª Antentas recoge varios retos que se planteaban para el movimiento “antiglobalización” tras las movilizaciones de la Cumbre del G8 en Génova. Muchos de esos retos siguen siéndolo quince años después y no sólo para los movimientos sociales, también para las ONG que trabajan en campañas y construcción de ciudadanía (salvando, claro está, las distancias entre unos y otras). Ahí os dejo algunos de ellos:

  • Ampliar la base social (…) es preciso ligar grandes reivindicaciones “antiglobalización” con las demandas concretas de muchos de estos sectores sobre la mejora de las condiciones de trabajo, de enseñanza, etc., así como explicar que la lucha contra la globalización no es una batalla abstracta y que las políticas acordadas en las instituciones internacionales determinan las condiciones de vida y trabajo cotidianas.
  • Retroalimentar las luchas globales con las locales. (…).
  • Favorecer la convergencia estratégia entre las franjas de la juventud radicalizada frente a la globalización y las generaciones precedentes. Esto supone realizar una labor sistemática de búsqueda consciente de puntos de encuentro y de construcción de alianzas que faciliten una convergencia en la acción y un conocimiento mutuo. Para ello es importante organizar campañas y movilizaciones basadas en la combinación de distintas estrategias de lucha, no con la voluntad de contraponerlas y enfrentarlas sino de reforzarlas recíprocamente. (…).
  • (…) es importante organizar campañas y movilizaciones que incluyan tipos de acción diferentes donde cada cual pueda encontrar su espacio, pero con voluntad de poder avanzar progresivamente hacia una fusión de experiencias y conseguir que todos participen en los distintos momentos de las movilizaciones y campañas. (…)
  • Fortalecer organizativamente al movimiento. Hay que mejorar las capacidades y los recursos del movimiento en varios aspectos necesarios para su desarrollo (organización de las manifestaciones, preparación de la acción directa, toma de decisiones, etc.). La buena preparación organizativa de las acciones es fundamental para conseguir que quienes participan en ellas tengan una buena experiencia en una acción de masas y evitar frustraciones y desengaños.
  • Avanzar en la coordinación internacional del movimiento a nivel mundial y regional (…).
  • Reforzar la dimensión propositiva del movimiento, en el terreno de las propuestas alternativas.

La cita es de: Josep Mª Antentas y Esther Vivas (2009) Resistencias globales. De Seattle a la crisis de Wall Street. Editorial Popular, Madrid.

Diez propuestas para debatir en las ONGD (ante la actual situación de crisis). Parte 1/2

La crisis ha llegado con fuerza al mundo de la cooperación al desarrollo. Dicen que para quedarse, incluso algunos vaticinan que el modelo de cooperación que conocemos no volverá a ser el mismo.

De momento, a los recortes (o eliminaciones) de presupuestos de AOD en la cooperación descentralizada se ha unido recientemente otro tijeretazo del Gobierno al presupuesto del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación.

Parece, entonces, que las ONGD tendrán que cambiar para adaptarse a este nuevo escenario. A lo largo de los últimos meses he leído, oído y pensado varias propuestas de las que he seleccionado diez sobre las que propongo debatir, si os apetece, en este blog. Ahí van las cinco primeras:

Reorientar la actividad hacia campañas, incidencia política, sensibilización, Educación para el Desarrollo y movilización social

Buena parte de las injusticias que afectan al Sur se generan en el Norte. Conseguir cambios en políticas, comportamientos y actitudes en España puede tener un efecto mayor en países empobrecidos que algunas intervenciones de cooperación al desarrollo. Si a esto le sumamos que el coste de las acciones de sensibilización suele ser menor que muchos proyectos en el Sur, y que los recursos son cada vez más limitados, parece sensata una reorientación de la actividad -en el grado que cada organización considere más adecuado- para asegurar la continuidad en la lucha contra la pobreza.

Cambios a nivel interno

Vivimos en un mundo “líquido” que hace necesario adaptarse rápidamente a los cambios sociales, económicos, políticos e institucionales que van surgiendo. Los órganos de gobierno de las ONGD tienen que ser ágiles en la toma de decisiones, y el personal, tanto contratado como voluntario, tiene que ser capaz de trabajar en diferentes escenarios. Debemos ser capaces de alcanzar nuestros objetivos con presupuestos razonables, como hasta ahora, o con otros más modestos, supliendo la falta de fondos con otros recursos como la imaginación.

Muchos defienden que es necesario pasar de un modelo basado en proyectos a un modelo centrado en la base social. El reto estaría entonces en que “las organizaciones están llenas de personas que saben gestionarlos [los proyectos] (formulación y justificación de proyectos) mientras que adolecen de capacidades y competencias para conseguir la necesaria complicidad e implicación de la ciudadanía en las organizaciones”, como indicaba recientemente el Observatorio del Tercer Sector.

Más y mejor voluntariado

¡Ojo! El objetivo nunca debería ser potenciar el voluntariado para cubrir los puestos técnicos que se pierdan por falta de recursos.

Más y mejor voluntariado, significa más personas implicadas, no solo en la ejecución de tareas sino en procesos de construcción de ciudadanía global. El voluntariado tiene que ser una vía para adquirir conocimientos, habilidades y herramientas que permitan contribuir a luchar contra la pobreza desde y más allá de las organizaciones; en el día a día, como consumidores, padres y madres, votantes, ahorradores, profesionales, estudiantes, etc.

Más socios y socias. Nuevas formas de colaboración económica

Si hay menos subvenciones no queda más alternativa que pensar en más socios y socias para asegurar cierto nivel de actividad, aunque no sólo por una cuestión económica, sino como parte de una estrategia de construcción de ciudadanía activa que actúe y legitime las posibles acciones de incidencia que se vayan a poner en marcha.

Habría que valorar si a largo plazo las opciones rápidas, de captación agresivas, mercantilizadas, que sólo consiguen “socios de recibo mensual”, poco concienciados y con escasa implicación, son las más aconsejables.

Deben explorarse y potenciarse nuevas formas de captación de recursos como el crowfunding (incluso algunos hablan de friendfunding).

Cambiar de un enfoque de espacios de colaboración parcelados a una visión de colaboración general

No parece razonable tratar a las personas que están cerca de nuestras organizaciones de manera diferente en función de si son socios, voluntarias, activistas, compradores de merchandising o comercio justo,… Deberían buscarse estrategias de acercamiento más integrales, con enfoque de ciudadanía: súmate a nuestra organización que tiene una misión X, que puedes apoyar de Y maneras, todas son importantes, todas son necesarias, tú eliges cuál o cuáles de ellas quieres poner en marcha en función de tu momento vital, situación personal y económica.

En este caso, el concepto de base social tendría que ampliarse a personas como los activistas, ciberactivistas, difusores, seguidores en redes sociales,… que quizá tengan un compromiso con la organización más difuso e intermitente pero que son y serán imprescindibles.