“Las organizaciones de hoy se parecen mucho más a las de ayer que a las de pasado mañana”

Fernando de la Riva

Al igual que con Valentín García, conozco a Fernando de la Riva gracias a lo virtual. Sigo desde hace tiempo el blog Participasión en el que escribe, y en el que he tenido la suerte de compartir alguna reflexión, estoy atento a lo que se mueve en el CRAC (menos de lo que me gustaría) y hemos estado en contacto para algunas iniciativas que, lamentablemente, no acabaron de hacerse realidad. Confío en que habrá más oportunidades en el futuro.

Por si no le conocéis, Fernando es formador y consultor de organizaciones, ha centrado su actividad en la educación para la participación como herramienta de construcción social y el desarrollo de la democracia participativa. Es miembro del Colectivo de Educación para la Participación, CRAC, y, afortunado, vive en Cádiz donde está implicado en el movimiento municipalista y en la lucha contra la exclusión social.

Ahí os dejo mis preguntas y sus muy interesantes respuestas.

Pregunta: Ultimamente he leído algún documento del proceso de elaboración del III Plan Estratégico del Tercer Sector de Acción Social y entre los puntos críticos se habla de debilidad en la orientación reivindicativa de defensa de los derechos o de debilitamiento de la conexión con la base social y la comunidad. En las ONGD llevo escuchando una reflexión similar durante bastantes años. ¿Qué hace que sigan siendo objetivos sin conseguir para las organizaciones sociales?

Respuesta: Para empezar, habría que preguntarse si esos han sido objetivos prioritarios del Tercer Sector. Me refiero a reivindicar y conectar con la ciudadanía. Pienso que las ONG han estado, los últimos 40 años, más pendientes de llevarse bien con el poder, con las instituciones políticas y administrativas, que con la base social y la comunidad. Cuando se produjo el movimiento 0,7% ya pilló descolocadas a las ONGD, y el 15M hizo lo mismo con las organizaciones del Tercer Sector. Así que no es tan raro que esos sigan siendo objetivos incumplidos. En el fondo, muchas organizaciones quieren ser parte del “establishment”, parte del sistema. Han dependido, en gran medida, de los recursos públicos. Lo cual está muy bien, porque esos recursos públicos son de todos y deben ser utilizados en beneficio del conjunto de la ciudadanía, de lo común y lo comunitario. Pero han sido administrados por el poder político como un instrumento para reforzar la subordinación, a menudo de forma clientelar, generando dependencia del Tercer Sector.

Las ONG tienen mucho miedo de “meterse en política”, cuando es lo que hacen, quieran o no, todos los días. Se confunde lo partidario con lo político, y temen indisponerse con el poder de turno y que se cierre el grifo de la financiación, teniendo en cuenta que, en la mayoría de los casos, tampoco se cuenta con una base social sólida capaz de sostener a las organizaciones y a sus proyectos.

P: En un post de 2011 escribías “Las organizaciones solidarias del futuro actuarán desde la creatividad y la imaginación colectiva, desarrollarán nuevos lenguajes y formas de activismo social, combinarán la sensibilidad, la afectividad, la expresión artística, con la acción reivindicativa y con la puesta en marcha de soluciones”.  Suena muy bien, pero han pasado 6 años y muchas organizaciones se siguen pareciendo a lo que eran. ¿Qué hace falta para llegar a ese futuro?

R: Sí, es cierto, las organizaciones de hoy se parecen mucho más a las de ayer que a las de pasado mañana. Pero esto ocurre con toda nuestra sociedad. Estamos en pleno cambio de era. Las viejas estructuras se resisten como gato panza arriba y las nuevas están aún por nacer.

Tengo pocas dudas de que ese futuro próximo de las organizaciones solidarias que anticipaba en 2011 llegará, porque cada época histórica ha encontrado su propia forma de vertebrar la iniciativa ciudadana y porque no hay otro futuro posible. Llegará, aunque tarde un poco en llegar y yo no vaya a estar aquí para responder por ello, si ese vaticinio no se cumpliera. Para llegar a ese futuro es necesario que demos por agotado y concluido un pasado-presente que es insostenible, que no puede prevalecer. Mientras mantengamos la ficción de que este sistema tiene futuro, de que podemos volver a la situación de hace 15 o 20 años, seguiremos resistiéndonos a hacer los cambios profundos, radicales que se precisan. Pero ya hay indicios claros, aunque marginales, o mejor periféricos, de esas otras organizaciones y esa otra sociedad que van a llegar.

FDLR

P: Algunos creemos que el voluntariado debería ser principalmente una vía para construir ciudadanía activa, pero el concepto de “voluntariado-tarea” está profundamente arraigado en un porcentaje muy considerable de las organizaciones sociales españolas. ¿Qué se puede hacer para cambiar esta situación?

R: Comparto esa idea de un voluntariado transformador, activista social, que más allá de su servicio voluntario concreto, de su tarea específica, se pregunta por la realidad en la que vive y en la que desempeña su acción voluntaria y trabaja por cambiarla. Y, probablemente, empieza por tratar de cambiar la realidad de las propias organizaciones de las que forma parte. Tal vez este sea el problema, que las organizaciones no quieren un voluntariado que les complique la vida, que las obligue a cuestionarse y a cambiar. Me parece que ello está en la misma línea de las preguntas anteriores. Las organizaciones sociales españolas estamos en medio de un proceso de transformación interna, derivado de ese cambio de era que mencionaba antes, y nos resistimos a cambiar, nos produce miedo, vértigo. Pero creo que, inevitablemente, será el voluntariado y la participación ciudadana quienes, con su presión social, cambien a las propias organizaciones sociales. Todo es cuestión de tiempo.

P: ¿Qué piensas del “voluntariado” en la JMJ, grandes eventos deportivos como mundiales o juegos olímpicos o promovido desde administraciones (por ejemplo voluntarios por Madrid)?

R: Me parece algo muy bonito, queda muy bien en la televisión y refuerza mucho la autoestima de quienes se sienten parte de un evento importante, pero no tiene nada que ver con el voluntariado social, transformador, crítico del que venimos hablando. Creo que meterlo todo en un mismo saco solo sirve a la confusión y desvirtúa ese otro voluntariado, nada elegante, poco bonito, que nos pone en contacto con la realidad más dura de una sociedad desigual e injusta, que no lleva uniforme ni tiene mascota. Yo lo llamaría de otra manera, para distinguirlo.

P: Cambiando un poco el foco, ¿cómo ves los procesos participativos abiertos por los denominados “ayuntamientos del cambio” en los últimos años?

R: Los veo muy interesantes, y sobre todo muy necesarios. Creo que es una oportunidad para tratar de construir algo parecido a una democracia participativa. Una ocasión de oro para intentar reducir esa fractura que existe en una ciudadanía que cada vez se siente más ajena a la política partidaria, a las instituciones públicas, que las ve como un problema más que como una solución. Pero, personalmente, creo que en la práctica, salvo experiencias muy concretas, también en los “ayuntamientos del cambio” siguen teniendo mucho peso el miedo a la participación y la obsesión por el control social que parece perseguir a las organizaciones políticas y a las estructuras de poder en general. El discurso es hoy más radical y participativo que lo haya sido nunca, pero las prácticas siguen siendo muchas veces verticales, vanguardistas, dirigistas,… No es raro que sea así, pues los gestores de la “nueva política” carecen de educación para la participación, no saben cómo hacerlo de otra manera. De cualquier manera, esta es una etapa de un intenso aprendizaje, estamos aprendiendo muchas cosas que nos van a servir mucho en ese futuro que viene.

P: Justo hablando de este tema hace unos días con varias personas, alguien decía “yo no quiero participar en procesos cosméticos como el cambio de nombre de un hospital, quiero participar en las decisiones importantes de la ciudad”. Otra persona replicaba diciendo que no se puede decidir sobre lo que no se sabe, que para participar antes hay que empaparse del tema y que la ciudadanía no tiene tiempo para ello. ¿Qué habrías dicho de estar en esa conversación?

R: Pues hubiera dado la razón a ambas posturas. Creo que la participación ciudadana no debe limitarse a cuestiones cosméticas y creo también que eso no se improvisa, que se precisan laboriosos y sostenidos procesos de educación para la participación, un gran esfuerzo de sensibilización social, una información transparente a la ciudadanía y mecanismos que faciliten la participación, entre otras muchas cosas. En la participación ciudadana no cabe empezar la casa por el tejado, ni siquiera por los presupuestos participativos que no son el principio sino una etapa bastante avanzada del camino. Es necesario empezar por sembrar si es que queremos recoger frutos algún día. Hay que trabajar desde la realidad más cercana a la gente, en los barrios, con los temas e intereses más próximos a la ciudadanía. Y hay que caminar con paso firme y constante porque el camino es largo. Y no se puede caminar cada cual a su bola, por su cuenta, hace falta transversalidad, sinergia, trabajo en red, cooperación de todos los actores, los públicos y los sociales.

P: Para terminar, como hago con todos los que se animan a agitar el vecindario, si te pidiera que destacaras una campaña -la campaña con mayúsculas-, ¿cuál sería? ¿Por qué?

R: No sé si es “la campaña con mayúsculas”, pero si  me parece un ejemplo a destacar. Se trata de la campaña “SomosSuper.org”, de la Fundación Horta Sud, en Valencia, que pone en valor, y visibiliza el trabajo de las pequeñas asociaciones de los barrios y los pueblos y reconoce a las personas sencillas que las forman. La destaco porque es una campaña sencilla y modesta, porque no sale en los grandes medios, pero toca cuestiones fundamentales. Esas asociaciones, esos pequeños colectivos, con todas sus limitaciones, luces y sombras, son la trama fundamental del tejido convivencial de nuestras comunidades. A menudo pasan desapercibidas. No les damos valor, pero sin ellas el mundo sería peor.

 

Agita el vecindario es el título de una serie de entrevistas con personas vinculadas a dinámicas de construcción de ciudadanía y/o tercer sector. El vecindario es la calle, el barrio, la localidad, la región, el país y el mundo, por tanto hablamos de ciudadanía local y global. Pero también es el tercer sector, en el que conviven muchas de las personas entrevistadas. El objetivo de las entrevistas es encontrar respuestas más allá de lo habitual, que agiten, que muevan los cimientos de esos vecindarios. Las respuestas tienen carácter personal y no necesariamente representan a las entidades de las que los entrevistados y entrevistadas forman parte.

Voluntariado en ONGD: ¿proceso educativo transformador y cauce de participación ciudadana? Debate

Tras el diagnóstico que os comentaba en el post anterior me surgían varias preguntas de las que destaco cuatro:

1. ¿Qué quiere la gente? ¿Qué quieren nuestros voluntarios y voluntarias?

Es probable que no quieran participar de una manera diferente más allá de su tarea o quizá prefieran otros espacios de participación –por ejemplo las actuales mareas o el 15M- a los que las ONGD ofrecemos. Desde luego lo más lógico sería preguntarles a ellos y a ellas.

Sin haber hecho ese ejercicio, me aventuro a pensar que las organizaciones de desarrollo tenemos la obligación de tratar de fomentar la construcción de ciudadanía entre nuestro voluntariado, ofreciendo espacios, canales y herramientas de participación más allá de la tarea, siendo conscientes, eso sí, que la última palabra es de cada persona, que elegirá si toma o no esta opción.

2. ¿Quieren las ONGD contribuir a la transformación social?

A bote pronto casi todo el mundo dirá que sí, pero también estoy convencido de que la mayoría de los que están vinculados al mundo de la cooperación habrán oído varias veces frases del estilo “déjate de saraos y charlas. Lo que hay que hacer es construir pozos para darle agua a la gente”.

Más allá de lo que podría ser una anécdota, veamos que han hecho las ONGD en los últimos tiempos. En diciembre de 2011, en el III Encuentro del Sector, una conclusión predominó claramente sobre las demás: estamos en una nueva época en la que se hace imprescindible reforzar la base social, la movilización social y recuperar el espíritu asociativo y militante de las organizaciones. Año y medio después, al menos desde mi punto de vista, los grandes movimientos tienen un objetivo diferente: buscar financiación alternativa para paliar la bajada de ingresos por la pérdida de socios y desaparición de convocatorias de subvenciones de cooperación. Las campañas de captación han sido mucho más protagonistas que las de movilización e incluso, según tengo entendido, algunas organizaciones han empezado a buscar fondos en las cooperaciones australiana, canadiense o suiza o a captar socios en países emergentes como Perú o Brasil. Todo parece indicar que el camino apunta a perpetuar el modelo de ONGD centradas en la gestión de proyectos.

 3. ¿Saben las ONGD contribuir a la transformación social desde el voluntariado?

¿Saben qué hay que hacer en el círculo rojo para que ese esquema sea real? En mi opinión, algunas organizaciones –pocas- saben algunas cosas, pero la mayoría, aunque quisieran, tienen un largo camino que recorrer.

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4. ¿Pueden las ONGD contribuir a la transformación social desde el voluntariado?

¿Se pueden poner en marcha procesos educativos transformadores que necesitan largos periodos de tiempo en organizaciones que funcionan con una visión de corto plazo, habitualmente marcada por una financiación de proyectos de carácter anual?

¿Con las estructuras actuales y formas de trabajar de las ONGD se puede contribuir a la transformación social desde el voluntariado? En este sentido, Víctor Marí habla de organizaciones con una estructura similar a la de la fábrica fordista, en las que en la parte de abajo están socios y voluntarios que ejecutan obedientemente las decisiones de los de arriba, en las que los expertos diseñan los proyectos que no tienen en cuenta las opiniones de los que están al pie del cañón o en las que no se pide al de abajo que piense, reflexione o participe activamente.

La pregunta es si estas estructuras y formas de trabajar permiten ascender en la escalera de la participación del voluntariado:

2¿Se puede promover la transformación social sin ser organizaciones políticas? La respuesta parece ser que no, al menos, como ya recogía en otro post, hay autores que dicen que:

El voluntariado en cuanto a actividad participativa, se ha de proyectar necesariamente sobre el espacio público y en consecuencia, tiene siempre una dimensión política que actualmente se está perdiendo en muchas ocasiones, en aras a una pretendida neutralidad o apolitismo que conduce a la pérdida de capacidad transformadora.

En este sentido, me resisto a dejar fuera de este post una frase que me gusta mucho del Manual de  campañas para la movilización social de ONGAWA:

 La omisión y la inacción es ya un posicionamiento político, pues mantiene la injusta distribución mundial de recursos y deja las manos libres a otras fuerzas sociales que no dudan de la necesidad y eficacia de la acción política.

La última cuestión es si se puede contribuir a la transformación social mirándonos continuamente el ombligo, es decir, sólo con mi campaña y sólo con mi logo. Seguro que no, porque el mensaje implícito es que lo que hacen las demás –organizaciones y movimientos sociales- no importa y no podemos olvidar que la lucha contra la pobreza tiene múltiples caras, muchas más de las que una organización sola pueda abordar por muy grande que sea.

Aquí terminaba mi intervención. Mi última imagen fue para la primera página de los comic de Astérix que siempre dicen “Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor”. Así me parece que está esto del voluntariado transformador en las ONGD.

Voluntariado en ONGD: ¿proceso educativo transformador y cauce de participación ciudadana? Diagnóstico

Esta semana he participado en un desayuno – taller que organizaban Entreculturas e Intered en el que me pidieron que hablara sobre el voluntariado en ONGD como proceso educativo transformador y cauce de participación ciudadana.

Os resumo a continuación mi visión de cómo está el sector –el diagnóstico- y dejo para un post posterior algunas preguntas sobre las que creo que deberíamos reflexionar para poder seguir avanzando.

La hipótesis que manejamos es que el voluntariado es un proceso por el que las personas adquieren conocimientos, valores, actitudes, etc. tendentes a una ciudadanía activa. Simplificándolo mucho, sería algo así como lo reflejado en la siguiente imagen:hipótesis

Es decir, que las personas que hacen voluntariado van cambiando, toman conciencia de su pertenencia a una comunidad local y global, y tienden a incrementar su participación en la vida y asuntos públicos y su interés en luchar frente a la injusticia. Como refleja el Plan General de Voluntariado de Intered, los voluntarios y voluntarias pasarían a sentirse portadores y defensores de sus derechos y de los derechos de los demás.

¿Es esto realmente así? Aunque el sector es muy heterogéneo, creo que, en general, podemos decir que no. Existe un claro sesgo hacia el voluntariado tarea, como indican algunos datos como los siguientes:

¿Cómo definen el voluntariado las ONGD? Si tomamos, por ejemplo, qué dicen las páginas web de las organizaciones más conocidas por la ciudadanía según el informe Así nos ven. ¿Qué sabemos y cómo valoramos a las ONGD? podemos ver, como queda reflejado en la nube de palabras que incluyo a continuación, que los conceptos que predominan están claramente vinculados a la tarea y no tanto a ideas como ciudadanía activa o transformación social.

paginas

¿Qué tipo de voluntariado ofrecen las ONGD? Entrad en la página www.hacesfalta.org y podréis comprobar que no es raro encontrar ofertas de voluntariado que incluso llevan como título “Técnico de proyectos de cooperación” y cuyas funciones son más propias del personal contratado que del voluntariado. Esta es una tendencia creciente en el sector. Como consecuencia de la crisis muchas organizaciones están tratando de sustituir a los técnicos que no pueden pagar con voluntarios. Una vez más, la tarea es la protagonista.

¿Dónde está el voluntariado? En muchas ocasiones depende de las áreas y departamentos de recursos humanos, incluso de los de administración, con una clara visión de recurso, más que de transformación social. De hecho, la palabra más asociada a voluntariado suele ser gestión.

¿Se moviliza el voluntariado de las ONGD? Según las evaluaciones de la campaña Pobreza Cero, la campaña de todo el sector, la movilización ha ido decreciendo desde las primeras acciones en 2005, lo que suele achacarse, entre otras razones, a la falta de interés de las organizaciones por movilizar a sus bases sociales.

¿Cómo participa el voluntariado? Aunque no se puede generalizar, he estado en evaluaciones de campañas o programas de voluntariado de varias ONGD en las que algunas personas decían que se sentían mano de obra barata o que no podían participar en la toma de decisiones, que éstas venían marcadas “desde arriba” y que no se escuchaba a los voluntarios y voluntarias. Claramente un enfoque bastante lejano al fomento de la participación y la construcción de ciudadanía desde el voluntariado.

Indicios como estos me reafirman en mi opinión de que la hipótesis de partida no es real y que el modelo predominante es uno en el que las personas van a las ONGD a hacer sólo y exclusivamente su tarea, sin que se tengan en cuenta objetivos de transformación social. De nuevo simplificando, la realidad se parecería a lo siguiente:

nueva hipótesis

Y esta situación no puede entenderse fuera del paradigma dominante marcado por las siguientes tendencias:

  • La ciudadanía muestra poco interés y está poco informada. Ni los más implicados pueden mantener una conversación demasiado larga sobre los temas que trabajamos.
  • El modelo se basa en la relación entre un “poderoso donante” y un “receptor agradecido”.
  • Se buscan seguidores en vez de miembros, situándolos a una distancia prudencial.
  • Fomento de modelos de participación barata.
  • Se trata a las personas como euros con piernas.
  • Predominio del enfoque de gestión de proyectos frente al fomento de la implicación ciudadana.
  • Organizaciones prestadoras de servicios más que demandadoras de Derechos Humanos.

Como os decía, dejo para un post futuro algunas reflexiones o preguntas que nos podrían ayudar a avanzar en este sentido.

Buscando marcos: nuevas formas de implicar a la ciudadanía

El famoso “Finding frames: new ways to engage the UK public in global poverty” ya está traducido al castellano y disponible aquí. Como no podía ser de otra manera, tenía que hacer referencia a este documento en el blog, así que recojo algunas notas interesantes sobre implicación de la ciudadanía:

La implicación ciudadana es fundamental (…). Podemos describir este papel como uno con tres dimensiones: en primer lugar, la ciudadanía es quien autoriza a las ONG y al gobierno a tomar medidas de forma inmediata contra la pobreza global (al apoyar el gasto público de ayuda para el desarrollo, por ejemplo). En segundo lugar, las personas repercuten positivamente a través de las acciones que realizan en su día a día (por ejemplo, al dar dinero, comprar productos éticos o de Comercio Justo, trabajar como voluntarios o ejercer presión a favor de una causa). En tercer lugar, el apoyo ciudadano abre un espacio para el debate dentro de la sociedad, lo que a su vez le ofrece al gobierno la oportunidad de realizar los cambios sistémicos necesarios para abordar las causas de la pobreza global.

(…)

La calidad de la implicación ciudana es también baja: “por lo general, la ciudadanía continúa sin demostrar interés y está poco informada”. Ni siquiera las personas implicadas pueden mantener una conversación demasiado larga sobre la deuda, el comercio o la ayuda.

Las causas de la pobreza se perciben como causas internas a los países pobres: hambruna, guerra, desastres naturales, mala gobernanza, sobrepoblación y demás. El paradigma dominante ha sido etiquetado como el “Legado Live Aid”, que se caracteriza por la relación entre un “Poderoso Donante” y un “Receptor Agradecido”. (…).

Las prácticas del sector para el desarrollo han influido decisivamente en el estado actual de la implicación ciudadana. Los datos relacionados con los ingresos voluntarios sugieren que el aumento de ingresos se ha conseguido gracias a cambiar la naturaleza de la implicación; gracias a convertir a los miembros en seguidores, y a situarlos a una distancia prudencial. Las publicaciones del movimiento social describen a las actuales ONG como “negocios de protesta”, y a su modelo de implicación ciudadana se le llama “de participación barata” (caracterizado por unas barreras bajas para entrar, implicarse y salir, todo lo cual genera una alta tasa de bajas). Los modelos de implicación del sector han conseguido sumas enormes y los ingresos no paran de crecer, pero ¿con qué repercusiones para la calidad de la implicación ciudadana?

Aunque el informe hace referencia al Reino Unido, creo que buena parte de las conclusiones pueden extrapolarse al caso español. Si estoy en lo cierto, sobre todo si nos podemos aplicar lo que dice en el último párrafo de la cita, tenemos mucho que cambiar en las ONGD, especialmente en este escenario de crisis, como ya comentábamos en un post anterior.

La cita es de: Andrew Darnton y Martin Kirk (2011). Buscando marcos: nuevas formas de implicar a la ciudadanía del Reino Unido con la pobreza global. Disponible on-line en: https://docs.google.com/file/d/0B0IWq6o1NngLR0FsRUNySnJoekk/edit?pli=1.

Incidencia y movilización social como proceso

Llevaba tiempo pensando en un post sobre la incidencia y la movilización social como proceso, cuando cayó en mis manos la “Guía de incidencia para el Derecho a la Alimentación” de la que extraigo algunos párrafos que considero especialmente interesantes en relación a este tema:

(…) la incidencia la debemos entender como un ejercicio que pretende implicar a la ciudadanía en la vida pública y movilizarla a favor del bien común. Por lo tanto, hacer incidencia es una manera de fortalecer la participación ciudadana en la toma de decisiones; para ello es necesario contar con una ciudadanía activa y propositiva, más allá de las meras demandas o de la movilización callejera. (…)

(…) La incidencia puede entenderse a partir de dos enfoques que son compatibles: desde la movilización social (proceso) y desde los resultados (cambios producidos). Cuando hablamos de movilización social nos referimos a un proceso en el que los integrantes de una comunidad toman conciencia de un problema, lo identifican como prioritario y buscan formas de actuación. A menudo se simplifica la movilización social y se la reduce a la simple producción de eventos con impacto social. “La movilización es un proceso que, desde lo cotidiano, busca influir en los modos de pensar, decidir, actuar e imaginar un proyecto de sociedad garantizando la participación de sectores sociales diferentes. La clave de este proceso está en el sentido de fondo que lo orienta, la definición de sus objetivos, la selección de los actores para impulsar la movilización y el alcance de la acción en diferentes ámbitos”. (…)

(…) La forma de conseguir el resultado tiene su importancia ya que si se logra a través de procesos participativos obtenderemos otros resultados complementarios, tales como la toma de conciencia sobre el derecho a la alimentación [o cualquier otro tema] el empoderamiento de la sociedad, la formación o el surgimiento de liderazgo social. (…)

Los párrafos anteriores están extraídos de: Campaña “Derecho a la alimentación. Urgente” (2011) Guía de incidencia para el Derecho a la Alimentación. Campaña “Derecho a la alimentación. Urgente”, Madrid.