Manual de campañas para la movilización y la transformación social

hello

Que te inviten a dar un curso siempre es motivo de alegría. Algo debes saber y algo debes estar haciendo bien para que te den espacio y tiempo para hablar del tema que sea. Estos días estoy dando el curso Movilízate. Diseño de campañas para la transformación social en la Universidad de Granada. Así que estoy alegre.

Además del reconocimiento, organizar un curso te ayuda a ordenar ideas, recuperar textos y materiales que estaban “perdidos” en un disco duro, repensar dudas, y mucho más. Como resultado de este proceso, me he animado a escribir este breve Manual de campañas para la movilización y la transformación social.

Espero que sea de utilidad a organizaciones, movimientos, colectivos, personas,… que quieran organizar campañas.

 

Breves agradecimientos: este manual no habría sido posible sin el Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Granada. Tampoco sin la experiencia adquirida durante mi paso por Oxfam Intermón, Entreculturas, Prosalus y, muy especialmente, ONGAWA.

 

Los movimientos sociales no saben competir con el fútbol en gratificación para la gente

diseno-sin-titulo

Las ventas se siguen cada día por las empresas, o cada mes para reponer existencias. Semanalmente se puede desahogar en los estadios los humores de cada semana, con el propio equipo o el contrario, o incluso con el árbitro o el presidente del club. En televisión o en internet hay índices que pueden seguir las audiencias o las interacciones casi instantáneamente. Las bases que establecen estas interacciones son sobre todo diarias o al menos mensuales y son previas a los movimientos sociales, son como los entramados de la vida cotidiana que siempre se están dando, y que por eso se han de tener en cuenta. (…).

Pero en el ámbito de la transformación social, de la política y su toma de decisiones, de las relaciones de los movimientos y las ciencias críticas, esto no sucede así. La construcción de la acción y conocimiento no suele pasar por estos círculos de comunicación y generalización semipermanentes. En la política de tipo electoral, por ejemplo, las consultas oficiales son cada cuatro años, y en medio solo hay el poder de los medios y/o de las encuestas y los sondeos, que suponen un seguimiento muy superficial que no profundiza en las causas y motivaciones de fondo y que siempre responden a los intereses de quien los patrocina (si es que se hacen públicas). Por eso no es de extrañar que la gente prefiera atender más al mercado o a los deportes (donde piensa que se lo pasa mejor, resulta menos aburrido, y donde cree tener un poderío mayor para hacer lo que le interesa). Es cierto que en el mercado solo se atiende a la demanda más solvente y no a todas las necesidades, pero aún así tratan de influir con campañas de publicidad permanentes. Es cierto que en el fútbol la estructura (con sus comentaristas afines) está centrada en aflorar emociones, más que razonamientos, y es muy populista, pero la sensación de la gente es que son más participativos y gratificantes esos ámbitos que los de la política y/o los movimientos sociales, en general. Los movimientos sociales tampoco suelen saber construir formas y procesos que puedan competir (en gratificación de poderío social para la gente) con esos otros ámbitos trucados, pero donde hay unos resultados palpables. Solo en algunas ocasiones se consigue que la gente salga masivamente a la calle, pero no es un suceso habitual como lo es la compra o el deporte. (…).

No son los movimientos en sí mismos los que mueven las escenas y los procesos, sino sus vínculos y relaciones. Aunque haya movimientos que den sus respuestas a las preguntas, estas tienen que calar en los entramados de la sociedad para que puedan constituirse en hábitos que puedan durar. Son los bloqueos previos a los movimientos lo que aún nos mantienen en unas sociedades que no nos permiten vivir a gusto, y que nos dicen cuáles son las preguntas y las respuestas que nos orientan en las vidas cotidianas. No son solo los poderes de las empresas, los Estados, las iglesias, deporte, etc. quienes organizan la vida de la gente. Es también con las interacciones de nosotros mismos con las que reproducimos cotidianamente lo que debe ser habitual para la gente y lo que no se puede seguir haciendo. (…)

Por eso, antes de hablar de las potencialidades de los movimientos o de los conjuntos de acción, antes de razonar sobre los bloqueos del sistema o de sus contradicciones, cabe partir de las preguntas que cada día se hace la gente en sus casas o en la calle, en los trabajos o en los bares. Si para estar al día las empresas han de seguir las ventas, los equipos de fútbol han de escuchar los gritos cada semana, o las audiencias en las televisiones se han de seguir continuamente, es porque esto es importante para quienes mandan y porque la gente tiene la sensación de que es escuchada. Aunque la escucha sea para “manipular”, pero al menos no pasa como en las asociaciones, en los partidos, o lo electoral, en que la gente no puede decir lo que realmente piensa hasta no-se-sabe-cuántos mese o años, y en menos tiempo tiene la sensación de poder decidir sobre su compra o con el mando a distancia. En los movimientos y en las democracias hay mucho que aprender aún de la vida cotidiana de la gente.

La cita pertenece a: Tomás R. Villasante (2014) Redes de vida desbordantes. Fundamentos para el cambio desde la vida cotidiana. Los libros de la catarata, Madrid.

Acción individual-puntual instrumental vs acciones colectivas-transformadoras

Voluntariado transforma

Haciendo un rápido recorrido por la misión de organizaciones de desarrollo es fácil encontrar conceptos ampliamente repetidos:

  • erradicación de la pobreza y exclusión,
  • defensa de los derechos humanos,
  • promoción del desarrollo humano,
  • solidaridad con los más desfavorecidos,…

Si buscamos un denominador común de todas estas metas, sin duda podría establecerse en torno a la idea de “transformación”, ya que para su consecución son requeridos cambios de políticas, de actuaciones institucionales, de patrones de producción y consumo, de relaciones internacionales, entre otros. En definitiva, las organizaciones sociales buscan transformar las sociedades en aras de la justicia, la inclusión, la solidaridad,… y estos cambios pasan, ineludiblemente, por conseguir una ciudadanía comprometida y activa con los cambios que se persiguen.

Las grandes decisiones y las soluciones a problemas como el hambre o el acceso al agua potable provienen de los tomadores de decisiones políticas (sociales, ambientales y económicas) en el ámbito nacional e internacional, pero, sin duda, dichas decisiones se toman en un contexto social que puede llegar a influir en las mismas. Frecuentemente se escucha hablar sobre el gran poder de determinados gobiernos y corporaciones y de su influencia en las políticas nacionales e internacionales, pero también existe una larga trayectoria de logros sociales y medioambientales que se han conseguido gracias al convencimiento y compromiso activo de la ciudadanía.

Esta situación convierte a la ciudadanía en un objetivo central de las organizaciones sociales que persiguen cambios que beneficien a determinados colectivos vulnerables, constituyéndose la promoción de ciudadanía global en un ámbito estratégico de las ONG.

Sin embargo, la aproximación de las ONG a la ciudadanía puede realizarse desde muy diversos enfoques. Muchas veces se ha apelado a la ciudadanía a comprometerse con iniciativas concretas como colaborar con una ONG como socio/a o dar un donativo ante una situación de emergencia. Sin pretender quitar valor a estas iniciativas, desde una perspectiva de ciudadanía global las ONG debemos ser conscientes de las limitaciones de la acción individual-puntual-instrumental, frente al potencia de las acciones colectivas-transformadoras dirigidas a promover las soluciones a problemas relacionados con la pobreza y el desarrollo humano con la participación activa de la ciudadanía comprometida que forma parte de una red multiplicadora de transformación hacia un mundo más justo e inclusivo.

La cita es de: Arias, Begoña; Boni, Alejandra; Ortega, Mª Luz; y Rosado, Itziar (2015) El voluntariado transforma si sabemos cómo. ONGAWA Ingeniería para el Desarrollo Humano, Madrid.

 

Voluntariado en ONGD: ¿proceso educativo transformador y cauce de participación ciudadana? Debate

Tras el diagnóstico que os comentaba en el post anterior me surgían varias preguntas de las que destaco cuatro:

1. ¿Qué quiere la gente? ¿Qué quieren nuestros voluntarios y voluntarias?

Es probable que no quieran participar de una manera diferente más allá de su tarea o quizá prefieran otros espacios de participación –por ejemplo las actuales mareas o el 15M- a los que las ONGD ofrecemos. Desde luego lo más lógico sería preguntarles a ellos y a ellas.

Sin haber hecho ese ejercicio, me aventuro a pensar que las organizaciones de desarrollo tenemos la obligación de tratar de fomentar la construcción de ciudadanía entre nuestro voluntariado, ofreciendo espacios, canales y herramientas de participación más allá de la tarea, siendo conscientes, eso sí, que la última palabra es de cada persona, que elegirá si toma o no esta opción.

2. ¿Quieren las ONGD contribuir a la transformación social?

A bote pronto casi todo el mundo dirá que sí, pero también estoy convencido de que la mayoría de los que están vinculados al mundo de la cooperación habrán oído varias veces frases del estilo “déjate de saraos y charlas. Lo que hay que hacer es construir pozos para darle agua a la gente”.

Más allá de lo que podría ser una anécdota, veamos que han hecho las ONGD en los últimos tiempos. En diciembre de 2011, en el III Encuentro del Sector, una conclusión predominó claramente sobre las demás: estamos en una nueva época en la que se hace imprescindible reforzar la base social, la movilización social y recuperar el espíritu asociativo y militante de las organizaciones. Año y medio después, al menos desde mi punto de vista, los grandes movimientos tienen un objetivo diferente: buscar financiación alternativa para paliar la bajada de ingresos por la pérdida de socios y desaparición de convocatorias de subvenciones de cooperación. Las campañas de captación han sido mucho más protagonistas que las de movilización e incluso, según tengo entendido, algunas organizaciones han empezado a buscar fondos en las cooperaciones australiana, canadiense o suiza o a captar socios en países emergentes como Perú o Brasil. Todo parece indicar que el camino apunta a perpetuar el modelo de ONGD centradas en la gestión de proyectos.

 3. ¿Saben las ONGD contribuir a la transformación social desde el voluntariado?

¿Saben qué hay que hacer en el círculo rojo para que ese esquema sea real? En mi opinión, algunas organizaciones –pocas- saben algunas cosas, pero la mayoría, aunque quisieran, tienen un largo camino que recorrer.

1

4. ¿Pueden las ONGD contribuir a la transformación social desde el voluntariado?

¿Se pueden poner en marcha procesos educativos transformadores que necesitan largos periodos de tiempo en organizaciones que funcionan con una visión de corto plazo, habitualmente marcada por una financiación de proyectos de carácter anual?

¿Con las estructuras actuales y formas de trabajar de las ONGD se puede contribuir a la transformación social desde el voluntariado? En este sentido, Víctor Marí habla de organizaciones con una estructura similar a la de la fábrica fordista, en las que en la parte de abajo están socios y voluntarios que ejecutan obedientemente las decisiones de los de arriba, en las que los expertos diseñan los proyectos que no tienen en cuenta las opiniones de los que están al pie del cañón o en las que no se pide al de abajo que piense, reflexione o participe activamente.

La pregunta es si estas estructuras y formas de trabajar permiten ascender en la escalera de la participación del voluntariado:

2¿Se puede promover la transformación social sin ser organizaciones políticas? La respuesta parece ser que no, al menos, como ya recogía en otro post, hay autores que dicen que:

El voluntariado en cuanto a actividad participativa, se ha de proyectar necesariamente sobre el espacio público y en consecuencia, tiene siempre una dimensión política que actualmente se está perdiendo en muchas ocasiones, en aras a una pretendida neutralidad o apolitismo que conduce a la pérdida de capacidad transformadora.

En este sentido, me resisto a dejar fuera de este post una frase que me gusta mucho del Manual de  campañas para la movilización social de ONGAWA:

 La omisión y la inacción es ya un posicionamiento político, pues mantiene la injusta distribución mundial de recursos y deja las manos libres a otras fuerzas sociales que no dudan de la necesidad y eficacia de la acción política.

La última cuestión es si se puede contribuir a la transformación social mirándonos continuamente el ombligo, es decir, sólo con mi campaña y sólo con mi logo. Seguro que no, porque el mensaje implícito es que lo que hacen las demás –organizaciones y movimientos sociales- no importa y no podemos olvidar que la lucha contra la pobreza tiene múltiples caras, muchas más de las que una organización sola pueda abordar por muy grande que sea.

Aquí terminaba mi intervención. Mi última imagen fue para la primera página de los comic de Astérix que siempre dicen “Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor”. Así me parece que está esto del voluntariado transformador en las ONGD.

Voluntariado en ONGD: ¿proceso educativo transformador y cauce de participación ciudadana? Diagnóstico

Esta semana he participado en un desayuno – taller que organizaban Entreculturas e Intered en el que me pidieron que hablara sobre el voluntariado en ONGD como proceso educativo transformador y cauce de participación ciudadana.

Os resumo a continuación mi visión de cómo está el sector –el diagnóstico- y dejo para un post posterior algunas preguntas sobre las que creo que deberíamos reflexionar para poder seguir avanzando.

La hipótesis que manejamos es que el voluntariado es un proceso por el que las personas adquieren conocimientos, valores, actitudes, etc. tendentes a una ciudadanía activa. Simplificándolo mucho, sería algo así como lo reflejado en la siguiente imagen:hipótesis

Es decir, que las personas que hacen voluntariado van cambiando, toman conciencia de su pertenencia a una comunidad local y global, y tienden a incrementar su participación en la vida y asuntos públicos y su interés en luchar frente a la injusticia. Como refleja el Plan General de Voluntariado de Intered, los voluntarios y voluntarias pasarían a sentirse portadores y defensores de sus derechos y de los derechos de los demás.

¿Es esto realmente así? Aunque el sector es muy heterogéneo, creo que, en general, podemos decir que no. Existe un claro sesgo hacia el voluntariado tarea, como indican algunos datos como los siguientes:

¿Cómo definen el voluntariado las ONGD? Si tomamos, por ejemplo, qué dicen las páginas web de las organizaciones más conocidas por la ciudadanía según el informe Así nos ven. ¿Qué sabemos y cómo valoramos a las ONGD? podemos ver, como queda reflejado en la nube de palabras que incluyo a continuación, que los conceptos que predominan están claramente vinculados a la tarea y no tanto a ideas como ciudadanía activa o transformación social.

paginas

¿Qué tipo de voluntariado ofrecen las ONGD? Entrad en la página www.hacesfalta.org y podréis comprobar que no es raro encontrar ofertas de voluntariado que incluso llevan como título “Técnico de proyectos de cooperación” y cuyas funciones son más propias del personal contratado que del voluntariado. Esta es una tendencia creciente en el sector. Como consecuencia de la crisis muchas organizaciones están tratando de sustituir a los técnicos que no pueden pagar con voluntarios. Una vez más, la tarea es la protagonista.

¿Dónde está el voluntariado? En muchas ocasiones depende de las áreas y departamentos de recursos humanos, incluso de los de administración, con una clara visión de recurso, más que de transformación social. De hecho, la palabra más asociada a voluntariado suele ser gestión.

¿Se moviliza el voluntariado de las ONGD? Según las evaluaciones de la campaña Pobreza Cero, la campaña de todo el sector, la movilización ha ido decreciendo desde las primeras acciones en 2005, lo que suele achacarse, entre otras razones, a la falta de interés de las organizaciones por movilizar a sus bases sociales.

¿Cómo participa el voluntariado? Aunque no se puede generalizar, he estado en evaluaciones de campañas o programas de voluntariado de varias ONGD en las que algunas personas decían que se sentían mano de obra barata o que no podían participar en la toma de decisiones, que éstas venían marcadas “desde arriba” y que no se escuchaba a los voluntarios y voluntarias. Claramente un enfoque bastante lejano al fomento de la participación y la construcción de ciudadanía desde el voluntariado.

Indicios como estos me reafirman en mi opinión de que la hipótesis de partida no es real y que el modelo predominante es uno en el que las personas van a las ONGD a hacer sólo y exclusivamente su tarea, sin que se tengan en cuenta objetivos de transformación social. De nuevo simplificando, la realidad se parecería a lo siguiente:

nueva hipótesis

Y esta situación no puede entenderse fuera del paradigma dominante marcado por las siguientes tendencias:

  • La ciudadanía muestra poco interés y está poco informada. Ni los más implicados pueden mantener una conversación demasiado larga sobre los temas que trabajamos.
  • El modelo se basa en la relación entre un “poderoso donante” y un “receptor agradecido”.
  • Se buscan seguidores en vez de miembros, situándolos a una distancia prudencial.
  • Fomento de modelos de participación barata.
  • Se trata a las personas como euros con piernas.
  • Predominio del enfoque de gestión de proyectos frente al fomento de la implicación ciudadana.
  • Organizaciones prestadoras de servicios más que demandadoras de Derechos Humanos.

Como os decía, dejo para un post futuro algunas reflexiones o preguntas que nos podrían ayudar a avanzar en este sentido.

Comunicación mercadeada y desde la lógica del gabinete de comunicación

Hace algún tiempo empecé a leer Comunicar para transformar, transformar para comunicar pero, por motivos que no vienen al caso, tuve que dejarlo. Hace unos días, coincidiendo con mis nuevas responsabilidades en temas de comunicación en la organización en la que trabajo, volví a retomarlo y, aunque todavía no he leído ni la mitad, creo que merece la pena recomendarlo, sobre todo si os interesan los temas de los que escribo en este blog. Si no me creéis, os dejo una pequeña muestra que se puede leer en las páginas iniciales:

Cuando se piensa y planifica la comunicación desde el espacio público y solidario se suele hacer desde la lógica del gabinete de comunicación o desde una visión mercadeada de la comunicación (Erro, 2002). En el primer enfoque apuntado -el enfoque de gabinete de comunicación- se reduce la comunicación al intento de conseguir un “impacto en medios”, esto es, a llamar la atención de los medios de comunicación, mediante la convocatoria de una rueda de prensa o el envío de una nota de prensa, con el objetivo de “salir en los medios”. Volvemos a la idea reduccionista de la comunicación como transmisión de información. En segundo lugar, el enfoque mercadeado de la comunicación lleva a aplicar, en la administración pública y en el Tercer Sector, unas estrategias comunicativas de marketing que en muchas ocasiones son un calco de las estrategias que se implementan en el ámbito comercial y empresarial. Desde esta lógica, la comunicación se orienta a “vender la organización” o los servicios que ésta presta, descuidando otros elementos fundamentales en el enfoque de la Comunicación para el Desarrollo previamente apuntados, como son la comunicación orientada a dinamizar procesos sociales de cambio de largo alcance o la comunicación enfocada a fomentar la participación de la ciudadanía.

Los datos concretos de este libro son: Víctor Marí Sáez (2011) Comunicar para transformar, transformar para comunicar. Editorial Popular, Madrid.

Sobre captación, política y ciudadanía en las ONGD

Creo que desde siempre, desde que entré en el mundo de la cooperación, en todas las ONGD, he sido testigo de una cierta tensión entre los departamentos o áreas de captación y los de campañas. El extremo quizá se vive en aquéllas que son capaces de captar socios a través de mensajes que transmiten implícitamente la idea de que con 10€ al mes salvarás el mundo y que, a la vez, tienen importantes programas de incidencia, construcción de ciudadanía, movilización social, etc.

Sin duda en algún momento tendremos que encontrar la fórmula para compatibilizar ambos mensajes sin que sean incoherentes.

Relacionado con este tema, os dejo algunas líneas (bastantes, pero el documento lo merece) de Pablo J. Martínez Osés que forman parte del documento  “Redefinición del papel de las ONG: hacia una mirada más política”.  Os lo recomiendo (por cierto, gracias a Jorge Solana por pasármelo).

Los departamentos de comunicación de las ONG tienen que responder cotidianamente al menos a dos motivaciones difícilmente compatibles. Deben comunicarse para ampliar sus apoyos y atraer a más colaboradores y socios, al tiempo que deben comunicarse para ofrecer respuestas razonables a los conflictos conocidos como la pobreza, la exclusión, la desigualdad, etc. La ampliación del número de colaboraciones y apoyos es una razonable obsesión de las ONG en su motivación por lograr ampliar su campo de influencia, pero no justifica que el enfoque elegido para esta ampliación sea de corte fundamentalmente monetario. Apadrinamientos, colaboraciones tras catástrofes mediáticas, compra de pequeñas “parcelas de desarrollo”, tienen en común que apelan al bolsillo de las personas. El mensaje básico que se transmite es “danos dinero para hacer”. Con ello se transmiten implícitamente al menos dos ideas: somos capaces de resolver problemas y necesitamos dinero para resolverlos. Es la solidaridad mercantilizada. Este tipo de apelaciones suelen venir adecuadamente descontextualizadas, con el argumento de que las personas quieren saber cómo pueden ayudar con comodidad sin tener que hacer un esfuerzo relevante porque sus ocupadas vidas no les dejan tiempo para la solidaridad. A ellos no les interesan las complejas causas por las que esas personas viven en situación de pobreza. Es más eficaz presentarles la pobreza como una situación de carestía que como el resultado de conflictos de intereses, porque la carestía se resuelve con aportaciones y los conflictos de intereses exigen información, discriminación, participación y finalmente tomar partido.

(…)

Aunque sus campañas de comunicación dirigidas a la captación de apoyos no lo dejen entrever, las ONG no suelen desconocer que las intervenciones que realizan tratan de responder a situaciones generadas por conflictos. La mayoría de ellos requieren de complejas explicaciones y en todos los casos sus soluciones remiten a la necesidad de cambios que se miden en tiempos de largo plazo, los tiempos de los procesos históricos y sociales, difícilmente compatibles con los tiempos del corto plazo que predominan en los mercados. Incluido el mercado de la solidaridad. Las propuestas del largo plazo son habitualmente sacrificadas en las comunicaciones por las presiones derivadas de la búsqueda de resultados cuantitativos inmediatos en el incremento de colaboradores y/o aportantes. Prima la eficacia del corto plazo, aunque se sacrifique el componente transformador de sus mensajes, necesariamente más explicativo, menos maniqueo y de corte más educativo que comercial.

Así el “buenismo” también exige mantener un alto grado de cautela respecto de la dimensión política. Tanto la del origen de los problemas como la de sus posibles soluciones. En ocasiones se confunde esta “cautela” sobre lo político con la idea de la neutralidad política. (…). Es un mensaje, que a juzgar por lo reiterado de su utilización, debe ser considerado como muy eficaz por parte de muchísimas organizaciones: “nosotros no hacemos política, sólo nos dedicamos a la ayuda”. De esta forma se explicita la decisión de no tomar partido en medio del fragor de los conflictos que definen los problemas de nuestra sociedad y de las sociedades y contextos en los que éstas operan. (…).

Toda la intervención social -sea con intenciones transformadoras o por el contrario, claramente legitimadoras- presentan una innegable dimensión política. Otra cosa es que convenga o avergüence hacerla explícita. O que esté generalizada la confusión entre lo político y lo partidista.