¿Es la Educación para el Desarrollo el patito feo de la cooperación?

¿Es la Educación para el Desarrollo el patito feo de la cooperación?

La pregunta del título del post la he oído decenas de veces en los últimos años. Las respuestas suelen ser variadas. He oído más que sí, y con más rotundidad, entre los que trabajan (me refiero a personal contratado y voluntariado) en áreas y departamentos de Educación para el Desarrollo y más que no entre los de áreas de proyectos, captación, servicios generales,… Algunos de estos últimos acompañaban la respuesta con la queja de que la EpD detrae recursos que se podrían destinar a los países en los que se trabaja, “que es la auténtica cooperación”.

Ese cuestionamiento rancio da pistas de la respuesta a la pregunta anterior, aunque en este post no quiero hablar de lo ideológico y sí de esfuerzo. Creo que es necesario aportar datos al debate para que éste no se haga con las tripas y en base a experiencias personales o casos particulares. Veamos para ello qué ha pasado con la EpD en el periodo 2006 – 2015 según los datos del informe del sector que publica anualmente la Coordinadora de ONGD – España.

Si miramos el volumen de fondos total destinado por las ONGD de la Coordinadora, podemos ver que, como ocurre en general en el mundo de la cooperación, la EpD no pasa por su mejor momento. Así, en 2015 se destinaron algo menos de 28 millones a esta línea de trabajo, una cifra bastante similar a la que se destinó diez años atrás (algo más de 26 millones) y muy inferior a los más de 40 millones de 2009, el año en el que se destinaron más recursos.

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El porcentaje de EpD sobre el total nos dará algo más de información. Antes de entrar en el análisis tendríamos que ver qué porcentaje puede considerarse razonable para la sensibilización, incidencia, movilización social, etc. En este sentido, hace ya unos cuantos años escribí un capítulo sobre la cooperación descentralizada en La Realidad de la Ayuda. Por aquel entonces reclamábamos que ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas destinaran el 10% de sus recursos a EpD. Creo que era un dato de cierto consenso, por lo que podríamos aplicarlo a las ONGD. Si damos lo anterior por válido, volviendo a los datos, vemos que el patito empieza a afearse. En ningún año de la serie se alcanza esa cifra (por mucho) y lo que es más llamativo, el porcentaje dedicado a EpD en 2015 se sitúa en el segundo punto más bajo de los diez años (4,96%), sólo por detrás de 2006 (4,86%), y en retroceso desde 2013.

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En base al porcentaje destinado a EpD también podemos hacer una clasificación de las ONGD. Podemos, por ejemplo, repartirlas en tres subgrupos: 1) las que no destinan nada o prácticamente nada a EpD (entre 0% y 0,99%); las que se sitúan “a mitad de la tabla” (entre el 1% y el 9,99%); y las que alcanzan o superan el 10%. En base a esta clasificación vemos que en 2006 las organizaciones se situaban mayoritariamente en la segunda categoría (48 ONGD de un total de 79) y que había 18 en el subgrupo 1 y 13 en el 3. Diez años después, los tres subgrupos se equilibran (de 74 entidades hay 24 en el subgrupo 1, otras 24 en el 2 y 26 en el 3). Es decir, parece apreciarse cierta tendencia de polarización entre entidades que apuestan claramente por la EpD y otras que no contemplan esta línea de trabajo en su estrategia, tendiendo a reducirse el grupo 2, la clase media. Habrá que ver si en los próximos años eso que parece apuntar la serie se consolida o se revierte. Lo primero me parecería preocupante.

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Con esos datos el patito no se vuelve mucho más guapo. Un tercio de las ONGD (23 entidades) de la Coordinadora no destinaron nada a EpD en 2015 y entre ellas están algunas de “las grandes”. Un hecho a tener en cuenta. Al menos, para compensar, otro tercio de las ONGD hacen una clara apuesta por el trabajo en España. Además, hay que destacar que entre ellas también encontramos algunas de las situadas en el top 10.

Vuelvo a mirar a las ONGD de la Coordinadora en su conjunto, concretamente a la comparativa entre EpD y obtención de recursos. Veamos primero un par de gráficos:

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Desde 2012 la obtención de recursos supera en porcentaje y en gasto total a la EpD. Y la diferencia entre ambas no ha parado de crecer en los años siguientes. Creo que es significativo de donde están las prioridades. Espero no olvidarme de llevar los dos gráficos anteriores siempre a cuestas para cuando me pregunten por qué creo que la sociedad ve a las ONGD como gestoras de proyectos y no como espacios para la transformación y la participación social.

Es evidente que las organizaciones necesitan recursos para hacer su trabajo y no pasamos por nuestro mejor momento, no lo pongo en duda. Pero, partiendo de la base de que tanto EpD como obtención de recursos tienen el gran foco en España, incluso a veces comparten públicos objetivo y herramientas, y ambas responden principalmente a la pregunta ¿qué pueden hacer personas y entidades? (dar dinero o contribuir al cambio), personalmente me preocupa que la obtención de recursos sea la línea de mayor peso para las ONGD en España, como parecen indicar los gráficos.

 

Hay que reconocer que el análisis anterior, todo él, tiene un pequeño problema: en cada año no hay ni el mismo número de ONGD en la Coordinadora, ni todas han ofrecido la información requerida todos los años. Aunque lo importante son las tendencias y los grandes datos, hay que ser consciente de esos posibles fallos. No obstante, hay 37 organizaciones que han ofrecido datos durante los 10 años entre 2006 y 2015, por lo que vamos a ver qué ha ocurrido con ese subconjunto. Los datos tampoco serán representativos, pero es interesante ver si llegamos a conclusiones similares.

Si analizamos el total de fondos destinados a EpD vemos que el comportamiento es algo diferente. La cifra toca fondo en 2013, iniciándose una recuperación en los dos años siguientes aunque sin alcanzarse los 27 millones de 2010, el máximo de la serie.

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El análisis del porcentaje destinado a EpD por parte de estas 37 ONGD es algo más halagüeño. Tiene su mínimo en 2011 y desde entonces ha aumentado, aunque se queda siempre muy lejos del 10%, no supera los datos de 2007, 2008 o 2009, y solo se iguala con el dato de 2006.

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Si volvemos a comparar la EpD con la obtención de recursos las conclusiones son similares a las del total de las ONGD de la Coordinadora. La primera se ve superada por la segunda desde 2012 tanto en volumen de fondos como en porcentaje sobre el total.

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Por tanto, haciendo un análisis de este subgrupo de 37 organizaciones parece que el patito es algo menos feo, aunque no podemos decir que sea especialmente guapo.

Por último, para reflejar que los datos agregados ocultan comportamientos individuales diversos, os dejo un par de gráficas que muestran apuestas sostenidas por la EpD en volumen de fondos y en porcentaje (ONGD 5 y 31 en rojo) y de importantes pérdidas de peso de esta línea de trabajo tanto en volumen total como en porcentaje (ONGD 27 y 36, naranja).

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Concluyo. Además de que los datos no son homogéneos como decía más arriba, hay numerosas organizaciones que no están en la Coordinadora de ONGD – España, algunas muy importantes, por lo que el análisis ni es sencillo ni es completo.

En cualquier caso, creo que se puede decir que se confirma que la EpD es el patito feo de la cooperación, en base a lo siguiente:

  • Cifras lejanas al 10% del presupuesto de las ONGD de la Coordinadora, ni siquiera se ha llegado a superar el 6,5% en ninguno de los años del periodo 2006 – 2015.
  • Retroceso en el esfuerzo de EpD desde 2013 como conjunto de las ONGD de la Coordinadora.
  • Dedicación de recursos muy condicionada por la existencia y volumen de las convocatorias de subvenciones de EpD.
  • Pérdida de peso relativo respecto a la obtención de fondos, la otra gran línea de trabajo en España.
  • Aumento de las ONGD que no tienen línea de EpD. Un tercio de las ONGD de la Coordinadora estatal no dedicaron en 2015 nada a sensibilización, movilización, etc.  Algunas no han destinado nada en 10 años.

 

Algunas notas aclaratorias:

  • Los datos proceden de los informes del sector de la Coordinadora de ONGD – España.
  • Las diferentes partidas se definen por la Coordinadora como sigue: 
    • Lo que he denominado EpD se define como todos los gastos del ejercicio (generados en el extranjero y/o en España), que independientemente de su fuente de financiación, sean directamente imputables a las actividades de sensibilización, EpD, incidencia política, programas de voluntariado,…
    • Obtención de recursos: todos los gastos del ejercicio destinados a la obtención de fondos para el desarrollo de las actividades de la organización.

Grupos motores para transformar la realidad

Grupos motores

Cuando hablamos de retos de la movilización social, casi siempre dirigimos la mirada hacia la comunicación, hacia cómo hacer llegar el mensaje para que el resto se mueva. Cualquiera que haya leído algo en este blog sabrá que comparto esa necesidad de mejora, pero también tengo que decir que no creo que sea lo único en lo que haya que reflexionar, cambiar y mejorar. Otra de las claves para mi está relacionada con la participación y el empoderamiento. Quizá si una parte del esfuerzo de las organizaciones sociales se dedicara a trabajar con, cuidar a y sumar en lo que algunos llaman grupos motores estaríamos más cerca de donde queremos. Sobre estos grupos, comparto algunas ideas que he leído en Redes de vida desbordantes:

  • Sobre las motivaciones: “En primer lugar, lo que llaman el ‘humor, espectáculo’, es decir, generar ambientes agradables sin caer en el espectáculo de diversión tan solo. Una cierta tensión interior al grupo para la creatividad social, ha de estar aderezada con un cierto sentido del humor común. O sea, ser un grupo que sea capaz de reírse de sí mismo cuando hay fallos o problemas no resueltos. Esta es una base del saber estar, del habitar, sin la cual es más difícil funcionar. Luego el “poder, pertenencia y seguridad”, es decir, poder sentirse miembro y protagonista de la tarea colectiva, no en el sentido de mandar, sino del poder-hacer. ‘Los grupos inteligentes operan sabiendo que el campo del poder es variable. Esto es que el poder que se acrecienta no siempre es a costa de quitárselo a otro […] poder recíproco. Aunque ha sido poco teorizado, sabemos por experiencia que la interacción da poder sin sustraerlo […] La sinergia es precisamente el aumento de poder horizontal’. Aunque el equilibrio entre diversidad y seguridad de pertenencia casi siempre es complejo, si no nos centramos en identidades muy definidas sino en tareas y ambientes con métodos comunes, es más fácil resolver las tensiones. La ‘utilidad, aprendizaje’ es una motivación de forma que las iniciativas de cada cual se puedan sentir operativas para el grupo, y que al menos esta pedagogía sea contagiosa. Se va construyendo lo que es el ‘sentido’ así, como resultado de las anteriores motivaciones, y no como previo requisito. De esta manera, al construir estos sentidos los grupos motores pueden ser lo que se llaman grupos inteligentes, si avanzan en estas tareas operativas”.
  • Sobre los objetivos, tareas e ideologías: “En los ‘grupos motores’, por un lado se mezclan distintos sectores profesionales o voluntarios, con unas ideologías u otras, pero con algún objetivo concreto común y con metodologías participativas claras y acordadas por todo el grupo. (…) Estas tareas se colocan por encima de las ideologías o motivaciones particulares de cada persona o grupo, o sea, que cada cual se guarda su posición concienciadora ‘en el bolsillo’. Se centran en la escucha, en la autoformación, en la creatividad colectiva, mostrando en la práctica operativa del proceso, en cada tarea concreta, cómo sirven mejor la construcción de la acción y el conocimiento colectivo, y no tanto partiendo de debates de principios teóricos“. Los grupos motores son “unos grupos de una tarea conjunta que preparan, sirven y dinamizan al proceso más allá de sus diferencias”.
  • Sobre las cuestiones internas: Estos ‘grupos motores’ no tienen soluciones, pero sí pueden activarlas escuchando y haciendo puentes, provocando saltos en las construcciones colectivas y creativas, en donde los participantes se sienten protagonistas y no unas meras correas de transmisión. La forma de mantener estos procesos tiene que ver con que el ‘Grupo Motor’ no se convierta en un grupo de líderes permanentes o de ‘representantes’, que es un fallo que se repite demasiado”. Y añade: “No se trata de tratar a todos por igual , como cuidar de cada uno ‘según sus necesidades’, para potenciar a cada cual según sus capacidades”
  • Sobre la relación con los que no están en el grupo: “Los llamamos ‘grupos motores’ precisamente porque están animados por esas motivaciones internas que les hacen dinamizar la vida a su alrededor, están construyendo su ‘poderío social’ y en cierta manera son contagiosos. Estos grupos no tienen por qué ser familiares o de tipo ideológico, sino que pueden surgir en el trabajo o en alguna tarea o ‘marea’ en el vecindario, en los estudios o entre amigos simplemente. Pero son ‘puentes’ muy útiles en los circuitos de comunicación cara a cara, son la base de la generalización de acciones y de los conocimientos, porque se mueven entre las redes del tejido social en la vida cotidiana, y hablan los mismos lenguajes que la gente de su entorno y ambiente“.

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Notas:

  • La imagen sobre este texto es de ONGAWA. En ella aparecen varios miembros del equipo con el que trabajé bastantes años. No diré que son la imagen exacta de lo anterior, pero sí que están muy cerca.
  • La cita pertenece a: Tomás R. Villasante (2014) Redes de vida desbordantes. Fundamentos para el cambio desde la vida cotidiana. Los libros de la catarata, Madrid.

“Ese miedo a tomar posición muchas veces nos hace cómplices de determinadas ideologías”

Agita el vecindario

Aunque compartimos apellido no somos primos, al menos que sepamos. Sí que somos compañeros de trabajo, reflexiones, ideas y cañas desde hace bastante tiempo. Si hiciéramos la suma de los últimos seis o siete años, saldría que hemos pasado un buen número de horas hablando del mundo de lo social, tantas que al final nos hemos lanzado a volar, junto a más gente que espero pronto también pase por aquí, como parte de las PeroGrullas.

Muchos conoceréis a Verónica por ser la persona detrás de Pobreza Cero, así que sabréis que lo suyo son las relaciones internacionales, el género, el desarrollo, los Derechos Humanos y las estrategias de movilización social y educación para la ciudadanía.

Sin duda tenía que ser una de las protagonistas de agita el vecindario. Ahí os dejo lo que me ha contado:

Pregunta: Hace tiempo Xosé Cuns escribía en un post: “Sí, el mantra absurdo y cobarde típico de la parálisis solidaria ‘nuestra ONG es apolítica’ está saltando por los aires. Hay que mojarse”. ¿Piensas que realmente está saltando por los aires? ¿Por qué le cuesta tanto a las ONGD mojarse? ¿Por qué se sigue confundiendo apolítico con apartidista?

Respuesta: Creo que en algunos casos sí está saltando por los aires. Aunque sigue siendo frecuente escuchar a algunas organizaciones afirmando que “este no es mi tema”, o “esto no tiene que ver con el trabajo que hacemos”. Creo que se nos olvida que los llamados movimientos de solidaridad nacieron como una respuesta a la poca atención que se le presta a determinados temas de corte social. Bien por ideología, bien por economía. Así lo afirma una organización diciendo nosotras no somos una ONGD, somos una WGDD (que por sus siglas en inglés significa lo que los gobiernos no hacen, what governments don’t do).

Cometemos un error cuando pensamos que nuestras acciones no son políticas. Es frecuente encontrar organizaciones que reclaman el derecho al agua, a la sanidad, a la educación, en contextos lejanos al propio y, sin embargo, pecan de timidez cuando se trata del contexto nacional. Lo mismo cuando se trata, por ejemplo, del derecho a la salud y nos ceñimos a hablar de lo nacional sin entender que se trata de derechos universales (es decir, que aplican a todas las personas en todo el mundo).

Esta incoherencia, si me lo permiten, puede deberse en gran medida al miedo a las represalias (retirada de fondos a esa organización en particular o que nuestra base de donantes nos retire su apoyo –económico).

En este sentido, hay un doble error de partida: se utiliza las políticas sociales como arma arrojadiza para silenciar a una masa crítica que exige derechos y coherencia de políticas. No son pues cuestiones de Estado, o asunto de derechos. Se “ideologiza” el hecho de que las personas reclamen sus derechos.

Es incuestionable que cuando se habla de derechos humanos, no estamos hablando de partidos políticos o de tendencias ideológicas. También es innegable que la forma en la que se reconocen esos derechos, cómo se dotan de presupuestos (o no), y qué políticas se hacen para su cumplimiento sí son cuestiones ideológicas.

Ese miedo a tomar posición, cuando se trata de cuestiones universales o derechos inalienables, muchas veces nos hace cómplices – quizás sin saberlo – de determinadas ideologías. Quizá es este desconocimiento el que hace que algunas organizaciones sigan confundiendo apolítico con apartidista.

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P: ¿Por qué siguen predominando en las organizaciones modelos en los que el socio es exclusivamente una fuente de dinero y el voluntario mano de obra gratuita? ¿Es esa la participación que queremos / necesitamos? ¿Tiene algo que ver con la pregunta anterior?

R: Para empezar, creo que no se puede negar que las organizaciones necesitan fondos para poder gestionarse. En ese sentido, muchas organizaciones han hecho una apuesta fuerte por la captación de donantes privados. ¿Quizás como forma de sobrevivir a los brutales recortes? ¿Tal vez para mantener una cierta independencia en su toma de decisiones? Sea cual sea la razón, para seguir actuando y llevando a cabo su labor necesitan dinero.

El hachazo perpetrado a la financiación de las organizaciones sociales ha obligado a las organizaciones a buscar alternativas de financiación. Muchas organizaciones se han visto obligadas a reducir sus puestos de trabajo o incluso a desaparecer. También han ido desapareciendo muchos de los proyectos que se llevaban a cabo. Hace poco, el informe del sector de la Coordinadora de ONGD nos decía que había habido un aumento del apoyo a las ONGD, mientras los fondos públicos se habían desplomado.

El llamado “estallido de la crisis”, y el incremento de las desigualdades y de la pobreza no han hecho más que incrementar las necesidades de ayuda. Esto hace que las ONG sigan siendo necesarias. Esta necesidad, sumada a los recortes en temas sociales, ha obligado a muchas organizaciones a lanzar campañas muy agresivas para captar fondos. Para ello invierten mucho dinero y recursos en estrategias de marketing, captación en calle, por teléfono, o correo electrónico, entre otras.

En este sentido, creo que hay dos reflexiones pertinentes: ¿qué papel tiene que jugar el Código de Conducta de las ONGD al respecto? Bien como ente censor, recomendando, dando toques de atención,… y ¿son éstas las únicas inversiones que tienen que hacer las ONG? En lugar, por ejemplo, de invertir en comunicación y educación para el desarrollo…

Hemos dicho en un sinnúmero de ocasiones que las organizaciones tenemos que hacer autocrítica. Una de las razones para hacerlo es que los recortes padecidos en el sector apenas han pasado factura a la clase política. Esto, como mínimo, debería hacernos reflexionar. Aunque la ciudadanía es solidaria y apoya las acciones de cooperación, según datos de EUROSTAT, lo cierto es que estos temas no movilizan a grandes masas de la población. En parte puede deberse a que no se entiende el trabajo que hacemos (y para ello es necesario explicarlo). Aunque también puede deberse a que en ese trabajo de “educación” que tenemos que hacer, no hemos sabido transmitir la interconexión e interdependencia entre los recortes en derechos aquí con los que ocurren en la India, Nicaragua o Argelia.

Relacionado con lo anterior, el papel de la persona voluntaria no está sólo dentro de lo que hace dentro de la organización. Como personas y como organizaciones tenemos que entender que todo lo que hacemos está interconectado. Es decir, no podemos pretender que nuestras actuaciones sean coherentes únicamente cuando estamos en el seno de la organización. Es la misma lógica que se exige a las administraciones públicas: no dar con una mano y quitar con la otra.

No podemos pretender cambiar el mundo sólo cuando estamos haciendo voluntariado. Tenemos que pensar más allá: ¿cuántas de nuestras acciones tienen efectos en las vidas de otras personas? ¿Cuáles son nuestros patrones de consumo? ¿Qué tipo de acciones llevamos a cabo para evitar la violación de derechos?

Creo que aún hay que profundizar sobre el papel transformador del voluntariado, el valor de la coherencia propia y nuestro papel como ciudadanía global.

P: Si hablamos de activismo en internet y redes sociales, ¿estás más cerca de los que lo defienden como herramienta clave para la transformación social o los que lo tachan de “activismo de salón” incapaz de generar cambios reales?

R: Estoy más cerca de lo primero. Está claro que no es lo único que hay que hacer. Aunque creo que las redes sociales son una herramienta muy potente para mantener esa vigilancia activa de las decisiones que afectan nuestro día a día.

El riesgo está en la inmediatez y lo efímero de todo lo que ocurre en las redes. También en el consumismo de la noticia y el olvido rápido de las causas. Como entidades sociales tenemos un papel muy importante en promover que las personas actúen como ciudadanas de una forma consciente.

Mucho se habla ahora de “la pornografía humanitaria” o de la “pornografía de la pobreza”. Si a esto sumamos lo fugaz de las noticias, nos encontramos con productos de usar y tirar. ¿Es esa la consciencia que queremos promover? Creo que no. Lo del activismo en las redes da para un debate más profundo que analice todas estas cuestiones.

P: Llevamos años hablando de conexión con movimientos sociales y todavía estamos en ello. ¿Cuál es el problema?

R: Esto es una pregunta complicada de responder. No creo que haya un problema como tal. Tampoco creo que exista una rivalidad o un enfrentamiento. No se trata de un ellos y nosotros. Creo que hay un poco de desconocimiento mutuo sobre lo que son las ONG y lo que son los movimientos sociales. Curiosamente, muchas de las personas que estamos vinculadas a las organizaciones militamos también en movimientos sociales.

¿Puede tener que ver con el cuestionamiento de las estructuras formales? O, ¿tal vez con la primera pregunta, donde se planteaba la dependencia de fondos estatales y el no posicionamiento en determinados temas? Es un debate que lleva produciéndose muchos años.

Lo cierto es que cuando una organización está financiada en base a proyectos, con actividades determinadas, y productos / resultados, es realmente difícil que se produzca un diálogo o acercamiento. Se han publicado varios artículos en los que se decía que muchas organizaciones han usurpado el lugar de los movimientos sociales (la oenegización).

Creo que la clave está en invertir en ese diálogo y conocimiento mutuo. Son muchos más los puntos de unión que las cosas que diferencian. En este sentido, creo que hay iniciativas como Futuro en Común que están intentando reducir esa aparente brecha.

P: Y, siguiendo con los posibles aliados, ¿por qué no conseguimos que los medios de comunicación lo sean en el objetivo de sensibilización y movilización de la sociedad?

R: Creo que se han producido cambios y que hay avances interesantes en este sentido. También que hay medios de comunicación que están haciendo un trabajo fantástico de denuncia y de información, según lo que establecen los principios de la comunicación para la transformación social.

Un ejemplo son diferentes espacios que se están lanzando para hablar de causas de las injusticias globales, así como de alternativas o vías de acción. También hay organizaciones que hace tiempo han decidido “abandonar el logo” y hablar más de las causas.

Puede ser que muchos medios tengan pánico a la nota de prensa o a que una organización “les venda su libro”. Y también puede que tengan una agenda propia…

En ese sentido, hay iniciativas interesantes, como los “Premios Enfoque” que están haciendo una labor de vigilancia ciudadana sobre el quehacer periodístico. Será interesante seguir viendo cómo evoluciona esta relación entre organizaciones y medios.

P: Pese a la existencia del Código de Conducta de la Coordinadora de ONGD – España, se siguen viendo con demasiada asiduidad imágenes que no respetan la dignidad de las personas. ¿Por qué?

R: Esta pregunta está relacionada con la anterior: la captación de fondos muchas veces está relacionada con las emociones. Muchas campañas de marketing se enfocan en esto.

En la Coordinadora de ONGD se está poniendo mucho peso en la importancia de uso de imágenes y en el código de conducta. Lo vemos, por ejemplo, en recomendaciones prácticas que se han publicado o en la habilitación de un canal para que las personas puedan contactar con la comisión de seguimiento y hace preguntas, etc.

P: Si te pidiera que destacaras una campaña -la campaña con mayúsculas-, ¿cuál sería? ¿Por qué?

R: Hay muchas campañas que me gustan, pero una que me llama mucho la atención últimamente es la de “no al escaqueo”. Creo que ha conseguido que algunas organizaciones se mojen en temas que les parecían lejanos y que conecta, muy elocuentemente, problemas globales con locales.

 

Agita el vecindario es el título de una serie de entrevistas con personas vinculadas a dinámicas de construcción de ciudadanía y/o tercer sector. El vecindario es la calle, el barrio, la localidad, la región, el país y el mundo, por tanto hablamos de ciudadanía local y global. Pero también es el tercer sector, en el que conviven muchas de las personas entrevistadas. El objetivo de las entrevistas es encontrar respuestas más allá de lo habitual, que agiten, que muevan los cimientos de esos vecindarios. Las respuestas tienen carácter personal y no necesariamente representan a las entidades de las que los entrevistados y entrevistadas forman parte.

 

 

Los nuevos relatos y la comunicación con aromas del pasado

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Me acerco peligrosamente a los 15 años de vínculo con el mundo de lo social en general, y el de la cooperación al desarrollo en particular. Durante este periodo, hay varios retos sobre los que, pese a que se habla y habla, siempre están ahí. Uno de ellos es del de la comunicación y cómo llegar a amplias capas de la sociedad para conseguir cambios. Dependiendo del momento y de quién hiciera referencia al tema se le ha llamado comunicación para el desarrollo, comunicación para la transformación social, #comunicambio o, según las últimas tendencias, la última moda, construcción de un nuevo relato. Exactamente, la necesidad urgente de construir un relato alternativo que conecte con la sociedad, en palabras de una de las ponentes de Futuro en Común.

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Los consensos en el mundo social no son fáciles, pero este del nuevo relato es bastante compartido. ONGD, organizaciones de acción social, ecologistas, movimientos sociales, periodistas,… vienen hablando desde hace tiempo la necesidad de construir ese discurso alternativo, poderoso, que llegue a la mayor parte de la ciudadanía. Lo que sorprende es que, pese a que es un objetivo que la mayoría buscamos, las prácticas apuntan en otra dirección, es decir, que del dicho al hecho hay un gran trecho (refranero antiguo que da pistas de por donde irán las próximas líneas).

Analizo a continuación cuatro de esas prácticas que “sufrimos” en Futuro en Común y que son habituales en lo social pese a ese objetivo de búsqueda de una comunicación atractiva y transformadora.

 

1.- Lenguaje farragoso, salpicado de conceptos ininteligibles para el gran púbico.

Lo expresaba muy bien uno de los miembros de la PAH que participaba en Futuro en Común. Decía que él, que estaba más o menos metido en el tema, había entendido el 75% de lo que se contó en la sesión inicial y que la mayoría de sus compañeros de la Plataforma no llegarían al 50%, a lo que añadiría yo que el gran público no llegaría al 15%. Otra de las asistentes dijo en un taller: “ustedes hablan muy raro. No me he ido porque parecen buena gente”. Sorprendentemente queremos construir un relato que llegue a todo el mundo utilizando un lenguaje que ni nosotros mismos entendemos. Valgan como ejemplo de lo que digo las siguientes frases y palabras que fui apuntando a lo largo de la jornada de Futuro en Común (os dejo sólo 10 de ellas para que leer el post no os lleve hora y media):

  • Necropolítica.
  • Construcción ideológica de la Marca España.
  • Feminicidio.
  • Lógica antropogénica y heteropatriarcal.
  • Empoderamiento para la transformación.
  • Mantra del crecimiento inoculado en nuestros cerebros.
  • Colapso ecosocial.
  • Mirada intersectorial.
  • Reconceptualización del desarrollo.
  • Coherencia de políticas.

Por si acaso, un aviso, no digo que el lenguaje tenga que ser simplista, digo que tiene que ser inteligible y adaptado a diferentes públicos.

 

2.- Explicar los problemas del mundo poniendo en el centro del discurso la lucha entre izquierda y derecha.

Pese a los “palabros” del punto anterior, en los primeros minutos del encuentro sonreía porque la izquierda y la derecha no habían aparecido en los discursos, pero la alegría me duró poco. No es sencillo, pero voy a tratar de explicar por qué creo que esto va en contra del objetivo de construir un nuevo relato. De nuevo un par de avisos: no estoy diciendo que no haya que hacer política (llevo años diciendo que las ONGD tienen que hacerlo) y estoy convencido de que buena parte de los problemas del mundo están causados por políticas “de derechas”. Pero, dicho esto, y partiendo de la base de que hay gente de derechas, mucha gente, pienso que:

  • Construir un relato que conecte con la sociedad en general es imposible si tu discurso señala como los culpables a un porcentaje muy elevado de esa misma sociedad. Si miramos el reparto de escaños del Congreso de los Diputados, el 40% de nuestros representantes, el 50% o incluso más (según donde ponga cada uno la separación) son de derechas. La pregunta es si todos los que les votan son poco solidarios o les importa un bledo el cambio climático. Mi experiencia dice que la respuesta es no, ya que el voto está condicionado por innumerables factores como el religioso, las ideas de modelo de estado, etc. Por tanto, quizá sea mejor hablar de políticas que de ideologías. Si el mensaje es que cambiar el mundo pasa porque los que son de derechas se hagan de izquierdas, apaga y vámonos. Sería como conseguir que todos los del Real Madrid se hicieran hinchas del Rayo, imposible.
  • Cuando se habla del nuevo relato decimos que los problemas son transversales, que no tienen fronteras, etc. Es decir, que el trabajo precario, la violencia machista, los problemas de acceso a la vivienda o el impacto del cambio climático son una realidad en El Salvador y en España, pero también entre votantes de cualquier partido político. Hace mucho que se habla de cambios en las sociedades, de realidades líquidas, difusas, etc. Va siendo hora de adaptar el discurso.
  • Dejo para el final lo más anecdótico, pero que también es reflejo de lo que digo: la división entre izquierda y derecha nació en el marco de la Revolución Francesa, hace ya algunos siglos. ¿A nadie le choca que hablemos de esto y a la vez de nuevo relato? Y, por otra parte, si la experiencia de siglos nos dice que este discurso no ha servido para conectar con la mayoría social, ¿no es hora de cambiarlo?

 

3.- Señalar con el dedo a los que no llegan al 100%.

Lo sabemos: la suma de pequeñas acciones individuales no es suficiente para transformar el mundo, es necesario un cambio profundo de toda la sociedad. Hasta ahí de acuerdo. En lo que discrepo es en el tufillo de superioridad moral que suele acompañar a esta frase. Ya lo dije cuando escribí sobre las coca-colas de Ramón Espinar: sabemos que sólo comprar café de comercio justo no va a cambiar el mundo, pero en vez de señalar con el dedo porque no hace lo suficiente, o incluso despreciar a esas personas, ¿por qué no trabajamos con ellas para que amplíen su compromiso? ¿Por qué no les aplaudimos y vemos cómo dar más pasos? ¿Por qué no vemos como palanca, como detonante, esos pequeños cambios en vez de tacharlos de insignificantes? ¿Por qué no pasamos de la crítica al refuerzo positivo, al menos con los que muestran cierto interés por nuestro libro?

 

4.- Discurso centrado en el problema más que en la solución.

No me detengo mucho en este punto porque sobre este tema hay miles de reflexiones y textos, aunque no por ello hay que dejar de decirlo. Somos expertos en identificar problemas y contarlos de mil maneras diferentes. Afortunadamente, vamos dando pasos y, por ejemplo, en Futuro en Común se habló también de procesos, momentos clave,… pero sigue faltando la propuesta, los canales y vías de participación, el qué hago yo, que hacemos nosotros, para solucionar el tema. Va siendo hora de que, ya que llevamos años y años con los problemas, empecemos a poner en el centro del discurso la propuesta. No es fácil pero toca hacerlo.

 

Por tanto, y con esto termino, por supuesto que hace falta un nuevo relato y desde mi punto de vista, debería:

  1. Utilizar un lenguaje adaptado a todos los públicos, dejemos los “palabros” para las reuniones internas de trabajo y contemos con claridad lo que pasa cuando salgamos de nuestras oficinas (si los que siempre hablan no lo saben hacer quizá sea el momento de otras personas).
  2. Centrarse en las políticas injustas y en las personas vulnerables, mucho más arriba y abajo que izquierda y derecha.
  3. Ser positivo, que aplauda los cambios por pequeños que sean (si todo el mundo comprara el café de comercio justo el mundo sería mucho mejor, para muchas personas).
  4. Centrarse en la propuesta y no tanto en el problema.

Las coca-colas de Ramón Espinar y el consumo responsable

Ramón Espinar-2

Lo que le ha pasado a Ramón Espinar le podía haber pasado a cualquiera. Conozco a varias personas que se autodenominan activistas que beben Coca – Cola, hacen la compra los domingos o visten del grupo Inditex. Incluso las ONGD tienen cuentas en bancos que tienen muy poco de ético.

Somos incoherentes, pero no queremos que el resto se entere. De hecho, diría que, salvo excepciones, nos parecemos más al progre con complejo de culpa que quiere salvar el mundo del que habla Colin Beavan en No impact man que al modelo de consumidor responsable que queremos promover entre la ciudadanía.

(…) se me revolvían las tripas cada vez que veía uno de esos mapaches o zarigueyas reventados sobe la carretera en Palisades Parkway; y, además, también me daba pena que se matara a animales pequeños solo por su piel. Sin embargo, me las apañé en aquel entonces para eximir a mis zapatos de cuero de la idea de que la humanidad anteponía la vanidad al buen trato a los animales. A pesar del desprecio que sentía por mi propio ‘yo quiero comprar’, mi desdén por las marcas de diseño y todo lo consumista se tornó, digamos, un poquito más transigente. Yo era uno de esos tipos que se compran un televisor de cincuenta y dos pulgadas y después se creen unos rebeldes contra la sociedad de consumo por haber elegido el modelo con descuento que lleva un tiempo expuesto en el escaparate. (…) Lo cierto es que en ocasiones he tratado de hacer del mundo un lugar mejor, pero estaba empezando a pensar que mis convicciones políticas se centraban, con frecuencia, en cambiar a los demás, como fue el caso con Michelle [su mujer], y muy rara vez en cambiarme a mi mismo. Cometí el error de pensar que condenar las fechorías de los demás me colmaba, en cierto modo, de virtud. Llegue a la conclusión de que me había convertido en uno de esos típicos progres que se escudan detrás de unos cuantos gestos políticos irrelevantes y pequeñas privaciones en su estilo de vida, y que después se permiten el lujo de emplear el resto de su energía en sentirse superiores a todos los que supuestamente no hacen lo suficiente.

Ramón Espinar y muchos otros, entre los que me incluyo, con nuestros comportamientos incoherentes no reconocidos servimos en bandeja de plata la crítica a los que no tienen ningún interés en cambiar el mundo, desmotivamos a los que tienen dudas sobre lo que proponemos e incluso enfadamos a los más comprometidos. Un auténtico desastre.

Pero, ¿es el problema la incoherencia? Pienso que no es el principal. El gran problema es que la propuesta de cambio, la defensa de otro tipo de consumo, se hace desde supuestas grandes atalayas de superioridad moral: nosotros los solidarios, los comprometidos con los débiles, os vamos a decir a vosotros, consumidores irresponsables, qué debéis comprar y qué no para que el mundo sea mejor. Es después de mirar al “menos solidario” por encima del hombro cuando te pillan saliendo de Zara y todos tus argumentos se vienen abajo, perdiendo cualquier fuerza y legitimidad y provocando un rechazo que arrastrarás la próxima vez que tengas una propuesta.

¿Cuál es la alternativa? Seguir trabajando para fomentar un consumo más responsable lo más generalizado posible (también en nosotros mismos), aunque cambiando de estrategia. En este sentido:

  • Dejemos de lado tarimas, atalayas y superioridades morales.
  • Fuera los látigos y los flagelos, más defensa de la “coherencia dentro de la incoherencia” que la coherencia pura. Coca – Cola está infinitamente mejor que Mecca – Cola, tener el dinero en el BBVA es mucho más sencillo y práctico que en cualquier entidad financiera ética y comprar en Mercadona es bastante más barato que en la tienda ecológica del barrio. Cambiar pautas de consumo viviendo en el mundo en el que vivimos está menos rico, lleva más tiempo y es más caro, es un esfuerzo. No castiguemos a la gente porque no es coherente al 100%, aplaudamos que lo son al 30% y mañana lo serán al 31% (sin dejar de decir, por supuesto, que el objetivo es el 100%).
  • Reconozcamos que el “enemigo” es mucho más poderoso que nosotros. Pongamos claramente sobre la mesa que las marcas a las que se dirigen las acciones de boicot están profundamente arraigadas a nivel social, son incluso imagen de nuestro modo de vida, y gastan millones de dólares al año en publicidad. Es normal que cualquiera caiga en sus redes, incluso aunque no quiera.
  • Seamos conscientes de los tiempos. El cambio no se puede producir mañana, ni siquiera la semana que viene. Sabemos que los cambios sociales son largos. Es imposible pasar de 0 a 100 de la noche a la mañana y menos sin pasar por el 1, el 2, el 3, el 50, el 79, el 98 y el 99. No somos coches de formula 1, somos bicicletas. Por tanto, vayamos paso a paso y reconozcamos los pequeños avances, aunque no sean el objetivo final.
  • Ofrezcamos opciones variadas más allá del “yo conozco otro producto similar y más ético”. Por ejemplo, una buena amiga, hace unos años, consumía habitualmente café de Starbucks, era su pequeño capricho. Consciente de los impactos de sus envases de usar y tirar, políticas comerciales, etc. dejaba su reflexión sobre las prácticas de la empresa en el buzón de sugerencias cada vez que se tomaba allí un café. No es claramente el ideal, pero es infinitamente mejor que hacer nada y si fuera reconocido podría ser un paso previo a un cambio futuro de pautas de consumo. Rechazarlo por insignificante sólo nos hace perder un aliado.
  • Vayamos con otras. ¿A nadie le llama la atención que después de años denunciando los impactos del cultivo de aceite de palma sobre bosques, gorilas, población de países del Sur,… al final las cadenas de alimentación van a retirar este ingrediente por sus impactos sobre nuestra salud? ¿No estaríamos ya en otro tema si nos hubiéramos juntado antes?

Por tanto, menos superioridades morales, más realismo con el sistema en el que nos movemos y más compartir con otras entidades. Quizá así avancemos hacia un consumo con mucha mayor capacidad de transformación.

“Las organizaciones de hoy se parecen mucho más a las de ayer que a las de pasado mañana”

Fernando de la Riva

Al igual que con Valentín García, conozco a Fernando de la Riva gracias a lo virtual. Sigo desde hace tiempo el blog Participasión en el que escribe, y en el que he tenido la suerte de compartir alguna reflexión, estoy atento a lo que se mueve en el CRAC (menos de lo que me gustaría) y hemos estado en contacto para algunas iniciativas que, lamentablemente, no acabaron de hacerse realidad. Confío en que habrá más oportunidades en el futuro.

Por si no le conocéis, Fernando es formador y consultor de organizaciones, ha centrado su actividad en la educación para la participación como herramienta de construcción social y el desarrollo de la democracia participativa. Es miembro del Colectivo de Educación para la Participación, CRAC, y, afortunado, vive en Cádiz donde está implicado en el movimiento municipalista y en la lucha contra la exclusión social.

Ahí os dejo mis preguntas y sus muy interesantes respuestas.

Pregunta: Ultimamente he leído algún documento del proceso de elaboración del III Plan Estratégico del Tercer Sector de Acción Social y entre los puntos críticos se habla de debilidad en la orientación reivindicativa de defensa de los derechos o de debilitamiento de la conexión con la base social y la comunidad. En las ONGD llevo escuchando una reflexión similar durante bastantes años. ¿Qué hace que sigan siendo objetivos sin conseguir para las organizaciones sociales?

Respuesta: Para empezar, habría que preguntarse si esos han sido objetivos prioritarios del Tercer Sector. Me refiero a reivindicar y conectar con la ciudadanía. Pienso que las ONG han estado, los últimos 40 años, más pendientes de llevarse bien con el poder, con las instituciones políticas y administrativas, que con la base social y la comunidad. Cuando se produjo el movimiento 0,7% ya pilló descolocadas a las ONGD, y el 15M hizo lo mismo con las organizaciones del Tercer Sector. Así que no es tan raro que esos sigan siendo objetivos incumplidos. En el fondo, muchas organizaciones quieren ser parte del “establishment”, parte del sistema. Han dependido, en gran medida, de los recursos públicos. Lo cual está muy bien, porque esos recursos públicos son de todos y deben ser utilizados en beneficio del conjunto de la ciudadanía, de lo común y lo comunitario. Pero han sido administrados por el poder político como un instrumento para reforzar la subordinación, a menudo de forma clientelar, generando dependencia del Tercer Sector.

Las ONG tienen mucho miedo de “meterse en política”, cuando es lo que hacen, quieran o no, todos los días. Se confunde lo partidario con lo político, y temen indisponerse con el poder de turno y que se cierre el grifo de la financiación, teniendo en cuenta que, en la mayoría de los casos, tampoco se cuenta con una base social sólida capaz de sostener a las organizaciones y a sus proyectos.

P: En un post de 2011 escribías “Las organizaciones solidarias del futuro actuarán desde la creatividad y la imaginación colectiva, desarrollarán nuevos lenguajes y formas de activismo social, combinarán la sensibilidad, la afectividad, la expresión artística, con la acción reivindicativa y con la puesta en marcha de soluciones”.  Suena muy bien, pero han pasado 6 años y muchas organizaciones se siguen pareciendo a lo que eran. ¿Qué hace falta para llegar a ese futuro?

R: Sí, es cierto, las organizaciones de hoy se parecen mucho más a las de ayer que a las de pasado mañana. Pero esto ocurre con toda nuestra sociedad. Estamos en pleno cambio de era. Las viejas estructuras se resisten como gato panza arriba y las nuevas están aún por nacer.

Tengo pocas dudas de que ese futuro próximo de las organizaciones solidarias que anticipaba en 2011 llegará, porque cada época histórica ha encontrado su propia forma de vertebrar la iniciativa ciudadana y porque no hay otro futuro posible. Llegará, aunque tarde un poco en llegar y yo no vaya a estar aquí para responder por ello, si ese vaticinio no se cumpliera. Para llegar a ese futuro es necesario que demos por agotado y concluido un pasado-presente que es insostenible, que no puede prevalecer. Mientras mantengamos la ficción de que este sistema tiene futuro, de que podemos volver a la situación de hace 15 o 20 años, seguiremos resistiéndonos a hacer los cambios profundos, radicales que se precisan. Pero ya hay indicios claros, aunque marginales, o mejor periféricos, de esas otras organizaciones y esa otra sociedad que van a llegar.

FDLR

P: Algunos creemos que el voluntariado debería ser principalmente una vía para construir ciudadanía activa, pero el concepto de “voluntariado-tarea” está profundamente arraigado en un porcentaje muy considerable de las organizaciones sociales españolas. ¿Qué se puede hacer para cambiar esta situación?

R: Comparto esa idea de un voluntariado transformador, activista social, que más allá de su servicio voluntario concreto, de su tarea específica, se pregunta por la realidad en la que vive y en la que desempeña su acción voluntaria y trabaja por cambiarla. Y, probablemente, empieza por tratar de cambiar la realidad de las propias organizaciones de las que forma parte. Tal vez este sea el problema, que las organizaciones no quieren un voluntariado que les complique la vida, que las obligue a cuestionarse y a cambiar. Me parece que ello está en la misma línea de las preguntas anteriores. Las organizaciones sociales españolas estamos en medio de un proceso de transformación interna, derivado de ese cambio de era que mencionaba antes, y nos resistimos a cambiar, nos produce miedo, vértigo. Pero creo que, inevitablemente, será el voluntariado y la participación ciudadana quienes, con su presión social, cambien a las propias organizaciones sociales. Todo es cuestión de tiempo.

P: ¿Qué piensas del “voluntariado” en la JMJ, grandes eventos deportivos como mundiales o juegos olímpicos o promovido desde administraciones (por ejemplo voluntarios por Madrid)?

R: Me parece algo muy bonito, queda muy bien en la televisión y refuerza mucho la autoestima de quienes se sienten parte de un evento importante, pero no tiene nada que ver con el voluntariado social, transformador, crítico del que venimos hablando. Creo que meterlo todo en un mismo saco solo sirve a la confusión y desvirtúa ese otro voluntariado, nada elegante, poco bonito, que nos pone en contacto con la realidad más dura de una sociedad desigual e injusta, que no lleva uniforme ni tiene mascota. Yo lo llamaría de otra manera, para distinguirlo.

P: Cambiando un poco el foco, ¿cómo ves los procesos participativos abiertos por los denominados “ayuntamientos del cambio” en los últimos años?

R: Los veo muy interesantes, y sobre todo muy necesarios. Creo que es una oportunidad para tratar de construir algo parecido a una democracia participativa. Una ocasión de oro para intentar reducir esa fractura que existe en una ciudadanía que cada vez se siente más ajena a la política partidaria, a las instituciones públicas, que las ve como un problema más que como una solución. Pero, personalmente, creo que en la práctica, salvo experiencias muy concretas, también en los “ayuntamientos del cambio” siguen teniendo mucho peso el miedo a la participación y la obsesión por el control social que parece perseguir a las organizaciones políticas y a las estructuras de poder en general. El discurso es hoy más radical y participativo que lo haya sido nunca, pero las prácticas siguen siendo muchas veces verticales, vanguardistas, dirigistas,… No es raro que sea así, pues los gestores de la “nueva política” carecen de educación para la participación, no saben cómo hacerlo de otra manera. De cualquier manera, esta es una etapa de un intenso aprendizaje, estamos aprendiendo muchas cosas que nos van a servir mucho en ese futuro que viene.

P: Justo hablando de este tema hace unos días con varias personas, alguien decía “yo no quiero participar en procesos cosméticos como el cambio de nombre de un hospital, quiero participar en las decisiones importantes de la ciudad”. Otra persona replicaba diciendo que no se puede decidir sobre lo que no se sabe, que para participar antes hay que empaparse del tema y que la ciudadanía no tiene tiempo para ello. ¿Qué habrías dicho de estar en esa conversación?

R: Pues hubiera dado la razón a ambas posturas. Creo que la participación ciudadana no debe limitarse a cuestiones cosméticas y creo también que eso no se improvisa, que se precisan laboriosos y sostenidos procesos de educación para la participación, un gran esfuerzo de sensibilización social, una información transparente a la ciudadanía y mecanismos que faciliten la participación, entre otras muchas cosas. En la participación ciudadana no cabe empezar la casa por el tejado, ni siquiera por los presupuestos participativos que no son el principio sino una etapa bastante avanzada del camino. Es necesario empezar por sembrar si es que queremos recoger frutos algún día. Hay que trabajar desde la realidad más cercana a la gente, en los barrios, con los temas e intereses más próximos a la ciudadanía. Y hay que caminar con paso firme y constante porque el camino es largo. Y no se puede caminar cada cual a su bola, por su cuenta, hace falta transversalidad, sinergia, trabajo en red, cooperación de todos los actores, los públicos y los sociales.

P: Para terminar, como hago con todos los que se animan a agitar el vecindario, si te pidiera que destacaras una campaña -la campaña con mayúsculas-, ¿cuál sería? ¿Por qué?

R: No sé si es “la campaña con mayúsculas”, pero si  me parece un ejemplo a destacar. Se trata de la campaña “SomosSuper.org”, de la Fundación Horta Sud, en Valencia, que pone en valor, y visibiliza el trabajo de las pequeñas asociaciones de los barrios y los pueblos y reconoce a las personas sencillas que las forman. La destaco porque es una campaña sencilla y modesta, porque no sale en los grandes medios, pero toca cuestiones fundamentales. Esas asociaciones, esos pequeños colectivos, con todas sus limitaciones, luces y sombras, son la trama fundamental del tejido convivencial de nuestras comunidades. A menudo pasan desapercibidas. No les damos valor, pero sin ellas el mundo sería peor.

 

Agita el vecindario es el título de una serie de entrevistas con personas vinculadas a dinámicas de construcción de ciudadanía y/o tercer sector. El vecindario es la calle, el barrio, la localidad, la región, el país y el mundo, por tanto hablamos de ciudadanía local y global. Pero también es el tercer sector, en el que conviven muchas de las personas entrevistadas. El objetivo de las entrevistas es encontrar respuestas más allá de lo habitual, que agiten, que muevan los cimientos de esos vecindarios. Las respuestas tienen carácter personal y no necesariamente representan a las entidades de las que los entrevistados y entrevistadas forman parte.

Manual de campañas para la movilización y la transformación social

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Que te inviten a dar un curso siempre es motivo de alegría. Algo debes saber y algo debes estar haciendo bien para que te den espacio y tiempo para hablar del tema que sea. Estos días estoy dando el curso Movilízate. Diseño de campañas para la transformación social en la Universidad de Granada. Así que estoy alegre.

Además del reconocimiento, organizar un curso te ayuda a ordenar ideas, recuperar textos y materiales que estaban “perdidos” en un disco duro, repensar dudas, y mucho más. Como resultado de este proceso, me he animado a escribir este breve Manual de campañas para la movilización y la transformación social.

Espero que sea de utilidad a organizaciones, movimientos, colectivos, personas,… que quieran organizar campañas.

 

Breves agradecimientos: este manual no habría sido posible sin el Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Granada. Tampoco sin la experiencia adquirida durante mi paso por Oxfam Intermón, Entreculturas, Prosalus y, muy especialmente, ONGAWA.