Los nuevos relatos y la comunicación con aromas del pasado

IMG_2492

Me acerco peligrosamente a los 15 años de vínculo con el mundo de lo social en general, y el de la cooperación al desarrollo en particular. Durante este periodo, hay varios retos sobre los que, pese a que se habla y habla, siempre están ahí. Uno de ellos es del de la comunicación y cómo llegar a amplias capas de la sociedad para conseguir cambios. Dependiendo del momento y de quién hiciera referencia al tema se le ha llamado comunicación para el desarrollo, comunicación para la transformación social, #comunicambio o, según las últimas tendencias, la última moda, construcción de un nuevo relato. Exactamente, la necesidad urgente de construir un relato alternativo que conecte con la sociedad, en palabras de una de las ponentes de Futuro en Común.

Los consensos en el mundo social no son fáciles, pero este del nuevo relato es bastante compartido. ONGD, organizaciones de acción social, ecologistas, movimientos sociales,… vienen hablando desde hace tiempo la necesidad de construir ese discurso alternativo, poderoso, que llegue a la mayor parte de la ciudadanía. Lo que sorprende es que, pese a que es un objetivo que la mayoría buscamos, las prácticas apuntan en otra dirección, es decir, que del dicho al hecho hay un gran trecho (refranero antiguo que da pistas de por donde irán las próximas líneas).

Analizo a continuación cuatro de esas prácticas que “sufrimos” en Futuro en Común y que son habituales en lo social pese a ese objetivo de búsqueda de una comunicación atractiva y transformadora.

 

1.- Lenguaje farragoso, salpicado de conceptos ininteligibles para el gran púbico.

Lo expresaba muy bien uno de los miembros de la PAH que participaba en Futuro en Común. Decía que él, que estaba más o menos metido en el tema, había entendido el 75% de lo que se contó en la sesión inicial y que la mayoría de sus compañeros de la Plataforma no llegarían al 50%, a lo que añadiría yo que el gran público no llegaría al 15%. Otra de las asistentes dijo en un taller: “ustedes hablan muy raro. No me he ido porque parecen buena gente”. Sorprendentemente queremos construir un relato que llegue a todo el mundo utilizando un lenguaje que ni nosotros mismos entendemos. Valgan como ejemplo de lo que digo las siguientes frases y palabras que fui apuntando a lo largo de la jornada de Futuro en Común (os dejo sólo 10 de ellas para que leer el post no os lleve hora y media):

  • Necropolítica.
  • Construcción ideológica de la Marca España.
  • Feminicidio.
  • Lógica antropogénica y heteropatriarcal.
  • Empoderamiento para la transformación.
  • Mantra del crecimiento inoculado en nuestros cerebros.
  • Colapso ecosocial.
  • Mirada intersectorial.
  • Reconceptualización del desarrollo.
  • Coherencia de políticas.

Por si acaso, un aviso, no digo que el lenguaje tenga que ser simplista, digo que tiene que ser inteligible y adaptado a diferentes públicos.

 

2.- Explicar los problemas del mundo poniendo en el centro del discurso la lucha entre izquierda y derecha.

Pese a los “palabros” del punto anterior, en los primeros minutos del encuentro sonreía porque la izquierda y la derecha no habían aparecido en los discursos, pero la alegría me duró poco. No es sencillo, pero voy a tratar de explicar por qué creo que esto va en contra del objetivo de construir un nuevo relato. De nuevo un par de avisos: no estoy diciendo que no haya que hacer política (llevo años diciendo que las ONGD tienen que hacerlo) y estoy convencido de que buena parte de los problemas del mundo están causados por políticas “de derechas”. Pero, dicho esto, y partiendo de la base de que hay gente de derechas, mucha gente, pienso que:

  • Construir un relato que conecte con la sociedad en general es imposible si tu discurso señala como los culpables a un porcentaje muy elevado de esa misma sociedad. Si miramos el reparto de escaños del Congreso de los Diputados, el 40% de nuestros representantes, el 50% o incluso más (según donde ponga cada uno la separación) son de derechas. La pregunta es si todos los que les votan son poco solidarios o les importa un bledo el cambio climático. Mi experiencia dice que la respuesta es no, ya que el voto está condicionado por innumerables factores como el religioso, las ideas de modelo de estado, etc. Por tanto, quizá sea mejor hablar de políticas que de ideologías. Si el mensaje es que cambiar el mundo pasa porque los que son de derechas se hagan de izquierdas, apaga y vámonos. Sería como conseguir que todos los del Real Madrid se hicieran hinchas del Rayo, imposible.
  • Cuando se habla del nuevo relato decimos que los problemas son transversales, que no tienen fronteras, etc. Es decir, que el trabajo precario, la violencia machista, los problemas de acceso a la vivienda o el impacto del cambio climático son una realidad en El Salvador y en España, pero también entre votantes de cualquier partido político. Hace mucho que se habla de cambios en las sociedades, de realidades líquidas, difusas, etc. Va siendo hora de adaptar el discurso.
  • Dejo para el final lo más anecdótico, pero que también es reflejo de lo que digo: la división entre izquierda y derecha nació en el marco de la Revolución Francesa, hace ya algunos siglos. ¿A nadie le choca que hablemos de esto y a la vez de nuevo relato? Y, por otra parte, si la experiencia de siglos nos dice que este discurso no ha servido para conectar con la mayoría social, ¿no es hora de cambiarlo?

 

3.- Señalar con el dedo a los que no llegan al 100%.

Lo sabemos: la suma de pequeñas acciones individuales no es suficiente para transformar el mundo, es necesario un cambio profundo de toda la sociedad. Hasta ahí de acuerdo. En lo que discrepo es en el tufillo de superioridad moral que suele acompañar a esta frase. Ya lo dije cuando escribí sobre las coca-colas de Ramón Espinar: sabemos que sólo comprar café de comercio justo no va a cambiar el mundo, pero en vez de señalar con el dedo porque no hace lo suficiente, o incluso despreciar a esas personas, ¿por qué no trabajamos con ellas para que amplíen su compromiso? ¿Por qué no les aplaudimos y vemos cómo dar más pasos? ¿Por qué no vemos como palanca, como detonante, esos pequeños cambios en vez de tacharlos de insignificantes? ¿Por qué no pasamos de la crítica al refuerzo positivo, al menos con los que muestran cierto interés por nuestro libro?

 

4.- Discurso centrado en el problema más que en la solución.

No me detengo mucho en este punto porque sobre este tema hay miles de reflexiones y textos, aunque no por ello hay que dejar de decirlo. Somos expertos en identificar problemas y contarlos de mil maneras diferentes. Afortunadamente, vamos dando pasos y, por ejemplo, en Futuro en Común se habló también de procesos, momentos clave,… pero sigue faltando la propuesta, los canales y vías de participación, el qué hago yo, que hacemos nosotros, para solucionar el tema. Va siendo hora de que, ya que llevamos años y años con los problemas, empecemos a poner en el centro del discurso la propuesta. No es fácil pero toca hacerlo.

 

Por tanto, y con esto termino, por supuesto que hace falta un nuevo relato y desde mi punto de vista, debería:

  1. Utilizar un lenguaje adaptado a todos los públicos, dejemos los “palabros” para las reuniones internas de trabajo y contemos con claridad lo que pasa cuando salgamos de nuestras oficinas (si los que siempre hablan no lo saben hacer quizá sea el momento de otras personas).
  2. Centrarse en las políticas injustas y en las personas vulnerables, mucho más arriba y abajo que izquierda y derecha.
  3. Ser positivo, que aplauda los cambios por pequeños que sean (si todo el mundo comprara el café de comercio justo el mundo sería mucho mejor, para muchas personas).
  4. Centrarse en la propuesta y no tanto en el problema.

Las coca-colas de Ramón Espinar y el consumo responsable

Ramón Espinar-2

Lo que le ha pasado a Ramón Espinar le podía haber pasado a cualquiera. Conozco a varias personas que se autodenominan activistas que beben Coca – Cola, hacen la compra los domingos o visten del grupo Inditex. Incluso las ONGD tienen cuentas en bancos que tienen muy poco de ético.

Somos incoherentes, pero no queremos que el resto se entere. De hecho, diría que, salvo excepciones, nos parecemos más al progre con complejo de culpa que quiere salvar el mundo del que habla Colin Beavan en No impact man que al modelo de consumidor responsable que queremos promover entre la ciudadanía.

(…) se me revolvían las tripas cada vez que veía uno de esos mapaches o zarigueyas reventados sobe la carretera en Palisades Parkway; y, además, también me daba pena que se matara a animales pequeños solo por su piel. Sin embargo, me las apañé en aquel entonces para eximir a mis zapatos de cuero de la idea de que la humanidad anteponía la vanidad al buen trato a los animales. A pesar del desprecio que sentía por mi propio ‘yo quiero comprar’, mi desdén por las marcas de diseño y todo lo consumista se tornó, digamos, un poquito más transigente. Yo era uno de esos tipos que se compran un televisor de cincuenta y dos pulgadas y después se creen unos rebeldes contra la sociedad de consumo por haber elegido el modelo con descuento que lleva un tiempo expuesto en el escaparate. (…) Lo cierto es que en ocasiones he tratado de hacer del mundo un lugar mejor, pero estaba empezando a pensar que mis convicciones políticas se centraban, con frecuencia, en cambiar a los demás, como fue el caso con Michelle [su mujer], y muy rara vez en cambiarme a mi mismo. Cometí el error de pensar que condenar las fechorías de los demás me colmaba, en cierto modo, de virtud. Llegue a la conclusión de que me había convertido en uno de esos típicos progres que se escudan detrás de unos cuantos gestos políticos irrelevantes y pequeñas privaciones en su estilo de vida, y que después se permiten el lujo de emplear el resto de su energía en sentirse superiores a todos los que supuestamente no hacen lo suficiente.

Ramón Espinar y muchos otros, entre los que me incluyo, con nuestros comportamientos incoherentes no reconocidos servimos en bandeja de plata la crítica a los que no tienen ningún interés en cambiar el mundo, desmotivamos a los que tienen dudas sobre lo que proponemos e incluso enfadamos a los más comprometidos. Un auténtico desastre.

Pero, ¿es el problema la incoherencia? Pienso que no es el principal. El gran problema es que la propuesta de cambio, la defensa de otro tipo de consumo, se hace desde supuestas grandes atalayas de superioridad moral: nosotros los solidarios, los comprometidos con los débiles, os vamos a decir a vosotros, consumidores irresponsables, qué debéis comprar y qué no para que el mundo sea mejor. Es después de mirar al “menos solidario” por encima del hombro cuando te pillan saliendo de Zara y todos tus argumentos se vienen abajo, perdiendo cualquier fuerza y legitimidad y provocando un rechazo que arrastrarás la próxima vez que tengas una propuesta.

¿Cuál es la alternativa? Seguir trabajando para fomentar un consumo más responsable lo más generalizado posible (también en nosotros mismos), aunque cambiando de estrategia. En este sentido:

  • Dejemos de lado tarimas, atalayas y superioridades morales.
  • Fuera los látigos y los flagelos, más defensa de la “coherencia dentro de la incoherencia” que la coherencia pura. Coca – Cola está infinitamente mejor que Mecca – Cola, tener el dinero en el BBVA es mucho más sencillo y práctico que en cualquier entidad financiera ética y comprar en Mercadona es bastante más barato que en la tienda ecológica del barrio. Cambiar pautas de consumo viviendo en el mundo en el que vivimos está menos rico, lleva más tiempo y es más caro, es un esfuerzo. No castiguemos a la gente porque no es coherente al 100%, aplaudamos que lo son al 30% y mañana lo serán al 31% (sin dejar de decir, por supuesto, que el objetivo es el 100%).
  • Reconozcamos que el “enemigo” es mucho más poderoso que nosotros. Pongamos claramente sobre la mesa que las marcas a las que se dirigen las acciones de boicot están profundamente arraigadas a nivel social, son incluso imagen de nuestro modo de vida, y gastan millones de dólares al año en publicidad. Es normal que cualquiera caiga en sus redes, incluso aunque no quiera.
  • Seamos conscientes de los tiempos. El cambio no se puede producir mañana, ni siquiera la semana que viene. Sabemos que los cambios sociales son largos. Es imposible pasar de 0 a 100 de la noche a la mañana y menos sin pasar por el 1, el 2, el 3, el 50, el 79, el 98 y el 99. No somos coches de formula 1, somos bicicletas. Por tanto, vayamos paso a paso y reconozcamos los pequeños avances, aunque no sean el objetivo final.
  • Ofrezcamos opciones variadas más allá del “yo conozco otro producto similar y más ético”. Por ejemplo, una buena amiga, hace unos años, consumía habitualmente café de Starbucks, era su pequeño capricho. Consciente de los impactos de sus envases de usar y tirar, políticas comerciales, etc. dejaba su reflexión sobre las prácticas de la empresa en el buzón de sugerencias cada vez que se tomaba allí un café. No es claramente el ideal, pero es infinitamente mejor que hacer nada y si fuera reconocido podría ser un paso previo a un cambio futuro de pautas de consumo. Rechazarlo por insignificante sólo nos hace perder un aliado.
  • Vayamos con otras. ¿A nadie le llama la atención que después de años denunciando los impactos del cultivo de aceite de palma sobre bosques, gorilas, población de países del Sur,… al final las cadenas de alimentación van a retirar este ingrediente por sus impactos sobre nuestra salud? ¿No estaríamos ya en otro tema si nos hubiéramos juntado antes?

Por tanto, menos superioridades morales, más realismo con el sistema en el que nos movemos y más compartir con otras entidades. Quizá así avancemos hacia un consumo con mucha mayor capacidad de transformación.

“Las organizaciones de hoy se parecen mucho más a las de ayer que a las de pasado mañana”

Fernando de la Riva

Al igual que con Valentín García, conozco a Fernando de la Riva gracias a lo virtual. Sigo desde hace tiempo el blog Participasión en el que escribe, y en el que he tenido la suerte de compartir alguna reflexión, estoy atento a lo que se mueve en el CRAC (menos de lo que me gustaría) y hemos estado en contacto para algunas iniciativas que, lamentablemente, no acabaron de hacerse realidad. Confío en que habrá más oportunidades en el futuro.

Por si no le conocéis, Fernando es formador y consultor de organizaciones, ha centrado su actividad en la educación para la participación como herramienta de construcción social y el desarrollo de la democracia participativa. Es miembro del Colectivo de Educación para la Participación, CRAC, y, afortunado, vive en Cádiz donde está implicado en el movimiento municipalista y en la lucha contra la exclusión social.

Ahí os dejo mis preguntas y sus muy interesantes respuestas.

Pregunta: Ultimamente he leído algún documento del proceso de elaboración del III Plan Estratégico del Tercer Sector de Acción Social y entre los puntos críticos se habla de debilidad en la orientación reivindicativa de defensa de los derechos o de debilitamiento de la conexión con la base social y la comunidad. En las ONGD llevo escuchando una reflexión similar durante bastantes años. ¿Qué hace que sigan siendo objetivos sin conseguir para las organizaciones sociales?

Respuesta: Para empezar, habría que preguntarse si esos han sido objetivos prioritarios del Tercer Sector. Me refiero a reivindicar y conectar con la ciudadanía. Pienso que las ONG han estado, los últimos 40 años, más pendientes de llevarse bien con el poder, con las instituciones políticas y administrativas, que con la base social y la comunidad. Cuando se produjo el movimiento 0,7% ya pilló descolocadas a las ONGD, y el 15M hizo lo mismo con las organizaciones del Tercer Sector. Así que no es tan raro que esos sigan siendo objetivos incumplidos. En el fondo, muchas organizaciones quieren ser parte del “establishment”, parte del sistema. Han dependido, en gran medida, de los recursos públicos. Lo cual está muy bien, porque esos recursos públicos son de todos y deben ser utilizados en beneficio del conjunto de la ciudadanía, de lo común y lo comunitario. Pero han sido administrados por el poder político como un instrumento para reforzar la subordinación, a menudo de forma clientelar, generando dependencia del Tercer Sector.

Las ONG tienen mucho miedo de “meterse en política”, cuando es lo que hacen, quieran o no, todos los días. Se confunde lo partidario con lo político, y temen indisponerse con el poder de turno y que se cierre el grifo de la financiación, teniendo en cuenta que, en la mayoría de los casos, tampoco se cuenta con una base social sólida capaz de sostener a las organizaciones y a sus proyectos.

P: En un post de 2011 escribías “Las organizaciones solidarias del futuro actuarán desde la creatividad y la imaginación colectiva, desarrollarán nuevos lenguajes y formas de activismo social, combinarán la sensibilidad, la afectividad, la expresión artística, con la acción reivindicativa y con la puesta en marcha de soluciones”.  Suena muy bien, pero han pasado 6 años y muchas organizaciones se siguen pareciendo a lo que eran. ¿Qué hace falta para llegar a ese futuro?

R: Sí, es cierto, las organizaciones de hoy se parecen mucho más a las de ayer que a las de pasado mañana. Pero esto ocurre con toda nuestra sociedad. Estamos en pleno cambio de era. Las viejas estructuras se resisten como gato panza arriba y las nuevas están aún por nacer.

Tengo pocas dudas de que ese futuro próximo de las organizaciones solidarias que anticipaba en 2011 llegará, porque cada época histórica ha encontrado su propia forma de vertebrar la iniciativa ciudadana y porque no hay otro futuro posible. Llegará, aunque tarde un poco en llegar y yo no vaya a estar aquí para responder por ello, si ese vaticinio no se cumpliera. Para llegar a ese futuro es necesario que demos por agotado y concluido un pasado-presente que es insostenible, que no puede prevalecer. Mientras mantengamos la ficción de que este sistema tiene futuro, de que podemos volver a la situación de hace 15 o 20 años, seguiremos resistiéndonos a hacer los cambios profundos, radicales que se precisan. Pero ya hay indicios claros, aunque marginales, o mejor periféricos, de esas otras organizaciones y esa otra sociedad que van a llegar.

FDLR

P: Algunos creemos que el voluntariado debería ser principalmente una vía para construir ciudadanía activa, pero el concepto de “voluntariado-tarea” está profundamente arraigado en un porcentaje muy considerable de las organizaciones sociales españolas. ¿Qué se puede hacer para cambiar esta situación?

R: Comparto esa idea de un voluntariado transformador, activista social, que más allá de su servicio voluntario concreto, de su tarea específica, se pregunta por la realidad en la que vive y en la que desempeña su acción voluntaria y trabaja por cambiarla. Y, probablemente, empieza por tratar de cambiar la realidad de las propias organizaciones de las que forma parte. Tal vez este sea el problema, que las organizaciones no quieren un voluntariado que les complique la vida, que las obligue a cuestionarse y a cambiar. Me parece que ello está en la misma línea de las preguntas anteriores. Las organizaciones sociales españolas estamos en medio de un proceso de transformación interna, derivado de ese cambio de era que mencionaba antes, y nos resistimos a cambiar, nos produce miedo, vértigo. Pero creo que, inevitablemente, será el voluntariado y la participación ciudadana quienes, con su presión social, cambien a las propias organizaciones sociales. Todo es cuestión de tiempo.

P: ¿Qué piensas del “voluntariado” en la JMJ, grandes eventos deportivos como mundiales o juegos olímpicos o promovido desde administraciones (por ejemplo voluntarios por Madrid)?

R: Me parece algo muy bonito, queda muy bien en la televisión y refuerza mucho la autoestima de quienes se sienten parte de un evento importante, pero no tiene nada que ver con el voluntariado social, transformador, crítico del que venimos hablando. Creo que meterlo todo en un mismo saco solo sirve a la confusión y desvirtúa ese otro voluntariado, nada elegante, poco bonito, que nos pone en contacto con la realidad más dura de una sociedad desigual e injusta, que no lleva uniforme ni tiene mascota. Yo lo llamaría de otra manera, para distinguirlo.

P: Cambiando un poco el foco, ¿cómo ves los procesos participativos abiertos por los denominados “ayuntamientos del cambio” en los últimos años?

R: Los veo muy interesantes, y sobre todo muy necesarios. Creo que es una oportunidad para tratar de construir algo parecido a una democracia participativa. Una ocasión de oro para intentar reducir esa fractura que existe en una ciudadanía que cada vez se siente más ajena a la política partidaria, a las instituciones públicas, que las ve como un problema más que como una solución. Pero, personalmente, creo que en la práctica, salvo experiencias muy concretas, también en los “ayuntamientos del cambio” siguen teniendo mucho peso el miedo a la participación y la obsesión por el control social que parece perseguir a las organizaciones políticas y a las estructuras de poder en general. El discurso es hoy más radical y participativo que lo haya sido nunca, pero las prácticas siguen siendo muchas veces verticales, vanguardistas, dirigistas,… No es raro que sea así, pues los gestores de la “nueva política” carecen de educación para la participación, no saben cómo hacerlo de otra manera. De cualquier manera, esta es una etapa de un intenso aprendizaje, estamos aprendiendo muchas cosas que nos van a servir mucho en ese futuro que viene.

P: Justo hablando de este tema hace unos días con varias personas, alguien decía “yo no quiero participar en procesos cosméticos como el cambio de nombre de un hospital, quiero participar en las decisiones importantes de la ciudad”. Otra persona replicaba diciendo que no se puede decidir sobre lo que no se sabe, que para participar antes hay que empaparse del tema y que la ciudadanía no tiene tiempo para ello. ¿Qué habrías dicho de estar en esa conversación?

R: Pues hubiera dado la razón a ambas posturas. Creo que la participación ciudadana no debe limitarse a cuestiones cosméticas y creo también que eso no se improvisa, que se precisan laboriosos y sostenidos procesos de educación para la participación, un gran esfuerzo de sensibilización social, una información transparente a la ciudadanía y mecanismos que faciliten la participación, entre otras muchas cosas. En la participación ciudadana no cabe empezar la casa por el tejado, ni siquiera por los presupuestos participativos que no son el principio sino una etapa bastante avanzada del camino. Es necesario empezar por sembrar si es que queremos recoger frutos algún día. Hay que trabajar desde la realidad más cercana a la gente, en los barrios, con los temas e intereses más próximos a la ciudadanía. Y hay que caminar con paso firme y constante porque el camino es largo. Y no se puede caminar cada cual a su bola, por su cuenta, hace falta transversalidad, sinergia, trabajo en red, cooperación de todos los actores, los públicos y los sociales.

P: Para terminar, como hago con todos los que se animan a agitar el vecindario, si te pidiera que destacaras una campaña -la campaña con mayúsculas-, ¿cuál sería? ¿Por qué?

R: No sé si es “la campaña con mayúsculas”, pero si  me parece un ejemplo a destacar. Se trata de la campaña “SomosSuper.org”, de la Fundación Horta Sud, en Valencia, que pone en valor, y visibiliza el trabajo de las pequeñas asociaciones de los barrios y los pueblos y reconoce a las personas sencillas que las forman. La destaco porque es una campaña sencilla y modesta, porque no sale en los grandes medios, pero toca cuestiones fundamentales. Esas asociaciones, esos pequeños colectivos, con todas sus limitaciones, luces y sombras, son la trama fundamental del tejido convivencial de nuestras comunidades. A menudo pasan desapercibidas. No les damos valor, pero sin ellas el mundo sería peor.

 

Agita el vecindario es el título de una serie de entrevistas con personas vinculadas a dinámicas de construcción de ciudadanía y/o tercer sector. El vecindario es la calle, el barrio, la localidad, la región, el país y el mundo, por tanto hablamos de ciudadanía local y global. Pero también es el tercer sector, en el que conviven muchas de las personas entrevistadas. El objetivo de las entrevistas es encontrar respuestas más allá de lo habitual, que agiten, que muevan los cimientos de esos vecindarios. Las respuestas tienen carácter personal y no necesariamente representan a las entidades de las que los entrevistados y entrevistadas forman parte.

Manual de campañas para la movilización y la transformación social

hello

Que te inviten a dar un curso siempre es motivo de alegría. Algo debes saber y algo debes estar haciendo bien para que te den espacio y tiempo para hablar del tema que sea. Estos días estoy dando el curso Movilízate. Diseño de campañas para la transformación social en la Universidad de Granada. Así que estoy alegre.

Además del reconocimiento, organizar un curso te ayuda a ordenar ideas, recuperar textos y materiales que estaban “perdidos” en un disco duro, repensar dudas, y mucho más. Como resultado de este proceso, me he animado a escribir este breve Manual de campañas para la movilización y la transformación social.

Espero que sea de utilidad a organizaciones, movimientos, colectivos, personas,… que quieran organizar campañas.

 

Breves agradecimientos: este manual no habría sido posible sin el Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Granada. Tampoco sin la experiencia adquirida durante mi paso por Oxfam Intermón, Entreculturas, Prosalus y, muy especialmente, ONGAWA.

 

Los movimientos sociales no saben competir con el fútbol en gratificación para la gente

diseno-sin-titulo

Las ventas se siguen cada día por las empresas, o cada mes para reponer existencias. Semanalmente se puede desahogar en los estadios los humores de cada semana, con el propio equipo o el contrario, o incluso con el árbitro o el presidente del club. En televisión o en internet hay índices que pueden seguir las audiencias o las interacciones casi instantáneamente. Las bases que establecen estas interacciones son sobre todo diarias o al menos mensuales y son previas a los movimientos sociales, son como los entramados de la vida cotidiana que siempre se están dando, y que por eso se han de tener en cuenta. (…).

Pero en el ámbito de la transformación social, de la política y su toma de decisiones, de las relaciones de los movimientos y las ciencias críticas, esto no sucede así. La construcción de la acción y conocimiento no suele pasar por estos círculos de comunicación y generalización semipermanentes. En la política de tipo electoral, por ejemplo, las consultas oficiales son cada cuatro años, y en medio solo hay el poder de los medios y/o de las encuestas y los sondeos, que suponen un seguimiento muy superficial que no profundiza en las causas y motivaciones de fondo y que siempre responden a los intereses de quien los patrocina (si es que se hacen públicas). Por eso no es de extrañar que la gente prefiera atender más al mercado o a los deportes (donde piensa que se lo pasa mejor, resulta menos aburrido, y donde cree tener un poderío mayor para hacer lo que le interesa). Es cierto que en el mercado solo se atiende a la demanda más solvente y no a todas las necesidades, pero aún así tratan de influir con campañas de publicidad permanentes. Es cierto que en el fútbol la estructura (con sus comentaristas afines) está centrada en aflorar emociones, más que razonamientos, y es muy populista, pero la sensación de la gente es que son más participativos y gratificantes esos ámbitos que los de la política y/o los movimientos sociales, en general. Los movimientos sociales tampoco suelen saber construir formas y procesos que puedan competir (en gratificación de poderío social para la gente) con esos otros ámbitos trucados, pero donde hay unos resultados palpables. Solo en algunas ocasiones se consigue que la gente salga masivamente a la calle, pero no es un suceso habitual como lo es la compra o el deporte. (…).

No son los movimientos en sí mismos los que mueven las escenas y los procesos, sino sus vínculos y relaciones. Aunque haya movimientos que den sus respuestas a las preguntas, estas tienen que calar en los entramados de la sociedad para que puedan constituirse en hábitos que puedan durar. Son los bloqueos previos a los movimientos lo que aún nos mantienen en unas sociedades que no nos permiten vivir a gusto, y que nos dicen cuáles son las preguntas y las respuestas que nos orientan en las vidas cotidianas. No son solo los poderes de las empresas, los Estados, las iglesias, deporte, etc. quienes organizan la vida de la gente. Es también con las interacciones de nosotros mismos con las que reproducimos cotidianamente lo que debe ser habitual para la gente y lo que no se puede seguir haciendo. (…)

Por eso, antes de hablar de las potencialidades de los movimientos o de los conjuntos de acción, antes de razonar sobre los bloqueos del sistema o de sus contradicciones, cabe partir de las preguntas que cada día se hace la gente en sus casas o en la calle, en los trabajos o en los bares. Si para estar al día las empresas han de seguir las ventas, los equipos de fútbol han de escuchar los gritos cada semana, o las audiencias en las televisiones se han de seguir continuamente, es porque esto es importante para quienes mandan y porque la gente tiene la sensación de que es escuchada. Aunque la escucha sea para “manipular”, pero al menos no pasa como en las asociaciones, en los partidos, o lo electoral, en que la gente no puede decir lo que realmente piensa hasta no-se-sabe-cuántos mese o años, y en menos tiempo tiene la sensación de poder decidir sobre su compra o con el mando a distancia. En los movimientos y en las democracias hay mucho que aprender aún de la vida cotidiana de la gente.

La cita pertenece a: Tomás R. Villasante (2014) Redes de vida desbordantes. Fundamentos para el cambio desde la vida cotidiana. Los libros de la catarata, Madrid.

Las (entidades de acción social) reinas de las redes sociales

copia-de-the-new-you

Después de publicar Las (ONGD) reinas de las redes sociales alguien me sugirió hacer un estudio similar para el caso de las organizaciones de acción social. Lo tenéis en las siguientes líneas. Como en el caso de las ONGD haré un repaso general y luego uno particular de las redes más relevantes.

Empecemos con el análisis más general:

  • Las entidades de acción social tienen una presencia en redes sociales bastante clásica. Están en 11 plataformas, con una clara tendencia a centrarse en Facebook, Twitter y Youtube. Recordemos que las ONGD tenían perfiles en un total de 19.
  • 26 de las 27 entidades que suman EAPN España y la Plataforma de ONG de Acción Social tienen presencia en redes.
  • Como en el caso de las ONGD, existen perfiles abandonados que no se actualizan desde hace años o que ni siquiera han sido configurados en términos de imagen corporativa.
  • Se puede apreciar una clara relación entre tamaño, imagen de marca y número de seguidores en redes como también ocurría entre las organizaciones de cooperación al desarrollo, aunque vuelven a no ser los factores determinantes en exclusiva.
  • De las 27 entidades analizadas, 26 tienen perfil en Twitter, 25 en Facebook y 20 en Youtube. El resto de redes se sitúan a una considerable distancia.

captura-de-pantalla-2017-01-13-a-las-23-05-58

  • Si atendemos a la suma de seguidores, la principal red es Facebook con un total de 784.422 fans, seguida de Twitter con 356.811 y Google + con 54.189.

captura-de-pantalla-2017-01-13-a-las-23-11-40

Entremos ahora en un análisis más pormenorizado de cada una de las principales redes.

Facebook

  • La reina de Facebook es la Asociación Española Contra el Cáncer (314.031 fans), seguida de Cruz Roja (245.297 fans) y Cáritas (79.391 fans).
  • Es interesante analizar los casos de Cruz Roja, Cáritas y MPDL que están incluidas en el análisis tanto de las ONG de acción social como en las de cooperación al desarrollo. Las tres se sitúan en una posición más alta cuando hacemos el análisis desde el primer punto de vista que desde el segundo (Cruz Roja es la 2ª en acción social y la 3ª ONGD, Cáritas 3ª y 9ª y MPDL 12ª y 26ª respectivamente) lo que puede ser significativo de una mayor presencia y experiencia de las ONGD en la gestión de redes sociales. Quizá el mayor recorrido de las ONGD en sensibilización, movilización social e incidencia expliquen en parte esa mayor “competencia” y, por tanto, mayor dificultad para estar en los puestos de cabeza.

amigos-de-la-tierra

Twitter

  • Las tres organizaciones con mayor presencia en Facebook vuelven a repetir en Twitter, aunque el orden es diferente: en primer lugar Cruz Roja (91.535 seguidores), seguida de Cáritas (69.766 seguidores) y AECC (46.695 seguidores).
  • Si volvemos a comparar los resultados de Cruz Roja, Cáritas y MPDL como ONGD y ONG de acción social vemos que ocurre lo mismo que en Facebook, aunque las diferencias son algo menos notables.

amigos-de-la-tierra-2

Google +

  • La reina de Google + es AECC con 54.041 seguidores. Le siguen a una distancia abismal Fundación CEPAIM (58 seguidores) y Plena inclusión con 47.
  • Sólo dos organizaciones más, hasta un total de cinco, tienen perfil de Google +. Las cinco suman 54.189 seguidores, es decir, AECC engloba a más del 99% de los usuarios de Google + de las entidades analizadas.
  • Si comparamos AECC con la reina de Google + entre las ONGD vemos que la diferencia también es espectacular: 54.041 seguidores frente a los 1.321 de Acción contra el Hambre. Por tanto, perfil a observar para los que quieran sacarle partido a esta red social.

amigos-de-la-tierra-3

Youtube

amigos-de-la-tierra-4

Instagram

  • Lidera el ámbito de la fotografía la Federación de Asociaciones de Scouts de España (6.324 seguidores) a la que siguen Fundación Secretariado Gitano (1.345 seguidores) y CEAR (1.119 seguidores).
  • La posición de liderazgo de los Scouts, además de por su buen hacer, quizá se deba al especial interés de los jóvenes en esta red social.
  • Llama la atención que sólo tres entidades, las tres del podium, tienen perfil en Instagram. Y lo hace por dos motivos: en primer lugar porque en 2016 se convirtió en la segunda red más utilizada superando a Twitter y parece lógico que despertara mayor interés, y, en segundo lugar, porque las intervenciones de las ONG de acción social están en España, al alcance de la mano para tomar fotografías, al contrario de lo que ocurre con las ONGD que tienen que superar grandes barreras geográficas y tecnológicas. Quizá cuestiones como la privacidad de las personas con las que trabajan tenga algo que ver.

amigos-de-la-tierra-5

Linkedin

  • La reina de Linkedin es MPDL (1.983 seguidores), la medalla de plata es para Fundación RAIS (1.824 seguidores) y el bronce para Fundación Secretariado Gitano (1.366 seguidores).
  • De las entidades analizadas sólo una más tiene perfil en Linkedin, es decir, un total de cuatro. Teniendo varias de ellas entre sus objetivos la inserción de personas de diferentes colectivos en el mundo laboral, parecería lógico estar presente en la red de los profesionales.

amigos-de-la-tierra-6

Termino con algunas cuestiones aclaratorias sobre este estudio:

  • Los datos sobre las redes de las ONG de acción social se han tomado el 13 de enero de 2017. Los de las ONGD fueron tomados entre el 11 y el 12 de noviembre de 2016.
  • Se han incluido en el estudio las entidades pertenecientes a la Plataforma de ONG de Acción Social y EAPN España.
  • En el caso de federaciones y confederaciones sólo se han incluido sus perfiles, no los de las diferentes organizaciones miembro.
  • Sólo se han tenido en cuenta los perfiles de redes directamente accesibles desde la “home” de las páginas web de las entidades analizadas.

Revolucionario o rebelde social, ¿qué eres tú?

fullsizeoutput_9b9

Hay personas que casi es obligatorio que tengan su hueco en un blog como éste. Una de ellas es el Subcomandante Marcos.

Ignacio Ramonet conversó con él hace bastante tiempo y sus palabras quedaron recogidas en Marcos, la dignidad rebelde. Una de las preguntas que le hizo el periodista español fue que si definía al Ejército Zapatista de Liberación Nacional como un movimiento revolucionario y Marcos le contesta con una idea muy interesante sobre la que se podría debatir durante horas:

Más bien nos definimos como un movimiento rebelde que exige cambios sociales. El término “revolucionario” no es apropiado, porque todo dirigente o movimiento revolucionario tiende a querer convertirse en dirigente o actor político. Mientras que un rebelde social nunca deja de ser un rebelde social. Un revolucionario siempre quiere transformar las cosas desde arriba, mientras que el rebelde social quiere cambiarlas desde abajo. El revolucionario piensa: tomo el poder, y desde arriba, transformo el mundo. El rebelde social se comporta de otra manera. Organiza a las masas y, desde abajo, poco a poco transforma las cosas sin plantearse el problema de la toma del poder.

Y vosotros, ¿sois más revolucionarios o rebeldes sociales?