Los movimientos sociales no saben competir con el fútbol en gratificación para la gente

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Las ventas se siguen cada día por las empresas, o cada mes para reponer existencias. Semanalmente se puede desahogar en los estadios los humores de cada semana, con el propio equipo o el contrario, o incluso con el árbitro o el presidente del club. En televisión o en internet hay índices que pueden seguir las audiencias o las interacciones casi instantáneamente. Las bases que establecen estas interacciones son sobre todo diarias o al menos mensuales y son previas a los movimientos sociales, son como los entramados de la vida cotidiana que siempre se están dando, y que por eso se han de tener en cuenta. (…).

Pero en el ámbito de la transformación social, de la política y su toma de decisiones, de las relaciones de los movimientos y las ciencias críticas, esto no sucede así. La construcción de la acción y conocimiento no suele pasar por estos círculos de comunicación y generalización semipermanentes. En la política de tipo electoral, por ejemplo, las consultas oficiales son cada cuatro años, y en medio solo hay el poder de los medios y/o de las encuestas y los sondeos, que suponen un seguimiento muy superficial que no profundiza en las causas y motivaciones de fondo y que siempre responden a los intereses de quien los patrocina (si es que se hacen públicas). Por eso no es de extrañar que la gente prefiera atender más al mercado o a los deportes (donde piensa que se lo pasa mejor, resulta menos aburrido, y donde cree tener un poderío mayor para hacer lo que le interesa). Es cierto que en el mercado solo se atiende a la demanda más solvente y no a todas las necesidades, pero aún así tratan de influir con campañas de publicidad permanentes. Es cierto que en el fútbol la estructura (con sus comentaristas afines) está centrada en aflorar emociones, más que razonamientos, y es muy populista, pero la sensación de la gente es que son más participativos y gratificantes esos ámbitos que los de la política y/o los movimientos sociales, en general. Los movimientos sociales tampoco suelen saber construir formas y procesos que puedan competir (en gratificación de poderío social para la gente) con esos otros ámbitos trucados, pero donde hay unos resultados palpables. Solo en algunas ocasiones se consigue que la gente salga masivamente a la calle, pero no es un suceso habitual como lo es la compra o el deporte. (…).

No son los movimientos en sí mismos los que mueven las escenas y los procesos, sino sus vínculos y relaciones. Aunque haya movimientos que den sus respuestas a las preguntas, estas tienen que calar en los entramados de la sociedad para que puedan constituirse en hábitos que puedan durar. Son los bloqueos previos a los movimientos lo que aún nos mantienen en unas sociedades que no nos permiten vivir a gusto, y que nos dicen cuáles son las preguntas y las respuestas que nos orientan en las vidas cotidianas. No son solo los poderes de las empresas, los Estados, las iglesias, deporte, etc. quienes organizan la vida de la gente. Es también con las interacciones de nosotros mismos con las que reproducimos cotidianamente lo que debe ser habitual para la gente y lo que no se puede seguir haciendo. (…)

Por eso, antes de hablar de las potencialidades de los movimientos o de los conjuntos de acción, antes de razonar sobre los bloqueos del sistema o de sus contradicciones, cabe partir de las preguntas que cada día se hace la gente en sus casas o en la calle, en los trabajos o en los bares. Si para estar al día las empresas han de seguir las ventas, los equipos de fútbol han de escuchar los gritos cada semana, o las audiencias en las televisiones se han de seguir continuamente, es porque esto es importante para quienes mandan y porque la gente tiene la sensación de que es escuchada. Aunque la escucha sea para “manipular”, pero al menos no pasa como en las asociaciones, en los partidos, o lo electoral, en que la gente no puede decir lo que realmente piensa hasta no-se-sabe-cuántos mese o años, y en menos tiempo tiene la sensación de poder decidir sobre su compra o con el mando a distancia. En los movimientos y en las democracias hay mucho que aprender aún de la vida cotidiana de la gente.

La cita pertenece a: Tomás R. Villasante (2014) Redes de vida desbordantes. Fundamentos para el cambio desde la vida cotidiana. Los libros de la catarata, Madrid.

Revolucionario o rebelde social, ¿qué eres tú?

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Hay personas que casi es obligatorio que tengan su hueco en un blog como éste. Una de ellas es el Subcomandante Marcos.

Ignacio Ramonet conversó con él hace bastante tiempo y sus palabras quedaron recogidas en Marcos, la dignidad rebelde. Una de las preguntas que le hizo el periodista español fue que si definía al Ejército Zapatista de Liberación Nacional como un movimiento revolucionario y Marcos le contesta con una idea muy interesante sobre la que se podría debatir durante horas:

Más bien nos definimos como un movimiento rebelde que exige cambios sociales. El término “revolucionario” no es apropiado, porque todo dirigente o movimiento revolucionario tiende a querer convertirse en dirigente o actor político. Mientras que un rebelde social nunca deja de ser un rebelde social. Un revolucionario siempre quiere transformar las cosas desde arriba, mientras que el rebelde social quiere cambiarlas desde abajo. El revolucionario piensa: tomo el poder, y desde arriba, transformo el mundo. El rebelde social se comporta de otra manera. Organiza a las masas y, desde abajo, poco a poco transforma las cosas sin plantearse el problema de la toma del poder.

Y vosotros, ¿sois más revolucionarios o rebeldes sociales?

10 textos imprescindibles de 2016

Desde 2011 publico un ranking con las mejores acciones de sensibilización y movilización social del año. En muchas ocasiones me he encontrado con el dilema de incluir algún artículo especialmente bueno entre los “premiados”, pero, claro, no eran acciones propiamente dichas, así que se quedaron fuera. En 2011 y 2013 no me pude resistir a la “incoherencia” e incluí a 3.500 millones y No me pidan calma entre los diez mejores. Para evitar quebraderos de cabeza futuros, este año he decidido hacer también un ranking con las 10 mejores lecturas de 2016. No ha sido fácil decidir, pero ahí van:

1.- Las ONG coherentes bajan al barro, entrevista de Xosé Cuns a Chema Vera en No me pidan calma. Sin menospreciar el trabajo de nadie, ojalá todos los directores y directoras de ONG la hayan leído.

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2.- La caridad es una estafa de Luís García Montero en Infolibre. Estaría bien oírselo a las ONG. Pero ya que no se dice mucho desde dentro, no está mal que lo digan desde fuera.

3.- Cómo esquivar captadores de socios para ONG de Óscar Broc en Passeig de Gràcia. Un post con un buen toque de humor y una invitación a la reflexión sobre el face to face.

4.- La hora del ‘aggiornamento’ en el periodismo de Olga Rodríguez en eldiario.es. Reflexión necesaria sobre el papel del periodista en nuestra sociedad.

5.- El reto del trabajo en red de las organizaciones sociales: algunas claves para el éxito de Valeria Méndez de Vigo en Instituto de Innovación Social de ESADE. Por si a alguien se le olvidaba que todo irá mejor con trabajo en red.

6.- España no es Burkina de Carlos Bajo en África Vive de Casa África. Todavía tenemos mucho que avanzar en la imagen que tenemos (y que damos) de los países del Sur.

7.- África y las redes sociales: las nuevas formas de participación ciudadana de Cheikh Fall en Planeta Futuro. Mucho que aprender de África.

8.- Así están transformando los movimientos sociales la democracia a través de la tecnología de Daniel García en La Vanguardia. No todo es tecnología, pero cada vez es más relevante.

9.- Educación para vencer al miedo de Irene Ortega en 3.500 millones. La educación para la ciudadanía global no se nos puede olvidar.

10.- Pobreza Cero: Una mirada al contexto en el que nos movemos de Andrés R. Amayuelas en Pobreza Cero. El análisis del presidente de la Coordinadora de ONGD – España no podía faltar en esta lista.

 

Nota: la imagen de este post es una captura de la entrevista Las ONG coherentes bajan al barro.

 

 

Matarse matando, sobre capitalismo y consumismo

img_0897Tenía pendiente desde hace bastante tiempo la lectura de Dinero, de Miguel Brieva. Me dijeron que no me dejaría indiferente y puedo confirmarlo (al menos de momento). Como ejemplo, las siguientes líneas de la introducción a las que llevo varios días dándole vueltas:

Un terrorista suicida es un sujeto que incurre en la antinomia lógica de matarse matando. Están por todas partes. Están también dentro de nosotros. Matarse matando es lo que hacen, sí, algunos desesperados fanáticos, algunos desesperados, algunos fanáticos, en lugares donde se vive mal por nuestra culpa. Pero “matarse matando” es lo que hacemos también nosotros, sin ninguna desesperación ni fanatismo, en lugares donde se vive ciertamente mejor sin ningún mérito nuestro, y en los que el convencimiento mismo de nuestra superioridad, motor de un consumo -es decir, una destrucción desenfrenada-, instrumento de una producción -es decir, una destrucción- delirante e irracional, derrite muy deprisa los polos, seca los ríos, despeina los bosques, envenena el aire, vacía los pueblos y desnuda a los niños. ¿Cómo se convence a un hombre de que se mate matando? En Pakistán, en Afganistán, en Palestina, en Iraq, se les empuja mucho, se les da una bomba y se les promete el paraíso a cambio de su gesto. Pero, ¿cómo -cómo- se convence a las clases medias occidentales de que acometan el atentado suicida más grande de la historia? Se les persuade de que el gesto es el paraíso mismo. Para una empresa de persuasión tan descomunal hacen falta medios también descomunales: es lo que llamamos capitalismo. Hacer estallar una bomba exigiría más conciencia (aunque fuese negativa) y más valentía por nuestra parte: en su lugar, se nos dan lavadoras, hamburguesas, pantallas de plasma, coches, ordenadores, teléfonos móviles, billetes de avión, refrescos, lencería fina y chocolates belgas. Es ese gag material, placentero, cotidiano (…) llamado “mercancía”, que nos arranca del mundo común y que no exige de nosotros sino que pongamos infantilmente el cuerpo. (…) Pero el gag de la mercancía no basta. hace falta también una operación de propaganda sin precedentes históricos, eso que perversamente denominamos “publicidad” para describir y celebrar la invasión del espacio público por parte de los intereses privados.

La cita pertenece a: Miguel Brieva (2010) Dinero. Random House Mondadori, Barcelona.

Una primera inmersión en TIPI

Entre ayer y hoy he dedicado un poco de tiempo a bucear en TIPI, una herramienta que puede ser de gran utilidad para los que creemos en el poder de la ciudadanía para generar cambios. Y como no todos los días aparece algo así, me he animado a escribir unas líneas sobre mi iniciación como usuario (que no hacen justicia al esfuerzo que ha debido suponer montar algo así).

TIPI se centra en 21 temas relacionados con la justicia social y el desarrollo sostenible y permite saber qué está pasando en el Congreso de los Diputados al respecto. Como todos ellos son muy complejos y amplios, cuenta con un escáner que te permite afinar tu búsqueda a través de una serie de palabras clave.

Mis primeras pruebas se han centrado en las siguientes cuestiones:

Mi principal conclusión es que los diputados y diputadas (al menos a fecha de hoy) pasan de los temas que más me interesan. De los diez anteriores, sólo en la “conciliación familiar” he encontrado una pantalla diferente a la siguiente:

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Supongo que están arrancando y ocupados en la investidura, así que habrá que darles algo de margen. Lo bueno que tiene TIPI es que ahora tengo a mano su correo electrónico y sus perfiles de Twitter y Facebook, así que puedo reclamarles más atención sobre los temas que me interesan.

Y como no es factible sacar tiempo para entrar todos los días en la web de TIPI, me he dado de alta en su sistema de alertas por correo electrónico para algunos temas. A ver qué tal.

 

Acción individual-puntual instrumental vs acciones colectivas-transformadoras

Voluntariado transforma

Haciendo un rápido recorrido por la misión de organizaciones de desarrollo es fácil encontrar conceptos ampliamente repetidos:

  • erradicación de la pobreza y exclusión,
  • defensa de los derechos humanos,
  • promoción del desarrollo humano,
  • solidaridad con los más desfavorecidos,…

Si buscamos un denominador común de todas estas metas, sin duda podría establecerse en torno a la idea de “transformación”, ya que para su consecución son requeridos cambios de políticas, de actuaciones institucionales, de patrones de producción y consumo, de relaciones internacionales, entre otros. En definitiva, las organizaciones sociales buscan transformar las sociedades en aras de la justicia, la inclusión, la solidaridad,… y estos cambios pasan, ineludiblemente, por conseguir una ciudadanía comprometida y activa con los cambios que se persiguen.

Las grandes decisiones y las soluciones a problemas como el hambre o el acceso al agua potable provienen de los tomadores de decisiones políticas (sociales, ambientales y económicas) en el ámbito nacional e internacional, pero, sin duda, dichas decisiones se toman en un contexto social que puede llegar a influir en las mismas. Frecuentemente se escucha hablar sobre el gran poder de determinados gobiernos y corporaciones y de su influencia en las políticas nacionales e internacionales, pero también existe una larga trayectoria de logros sociales y medioambientales que se han conseguido gracias al convencimiento y compromiso activo de la ciudadanía.

Esta situación convierte a la ciudadanía en un objetivo central de las organizaciones sociales que persiguen cambios que beneficien a determinados colectivos vulnerables, constituyéndose la promoción de ciudadanía global en un ámbito estratégico de las ONG.

Sin embargo, la aproximación de las ONG a la ciudadanía puede realizarse desde muy diversos enfoques. Muchas veces se ha apelado a la ciudadanía a comprometerse con iniciativas concretas como colaborar con una ONG como socio/a o dar un donativo ante una situación de emergencia. Sin pretender quitar valor a estas iniciativas, desde una perspectiva de ciudadanía global las ONG debemos ser conscientes de las limitaciones de la acción individual-puntual-instrumental, frente al potencia de las acciones colectivas-transformadoras dirigidas a promover las soluciones a problemas relacionados con la pobreza y el desarrollo humano con la participación activa de la ciudadanía comprometida que forma parte de una red multiplicadora de transformación hacia un mundo más justo e inclusivo.

La cita es de: Arias, Begoña; Boni, Alejandra; Ortega, Mª Luz; y Rosado, Itziar (2015) El voluntariado transforma si sabemos cómo. ONGAWA Ingeniería para el Desarrollo Humano, Madrid.

 

¿Dónde ingreso mi donativo? Sobre las ONGD y la banca (ética y no ética)

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Parece que la posibilidad de hacer un donativo mediante una transferencia bancaria va perdiendo peso entre las opciones de colaboración que ofrecen las ONGD. Cada vez más, los donativos puntuales se gestionan a través de PayPal, pasarelas de pago propias, etc.

No obstante, no son pocas las que mantienen la opción de la transferencia, concretamente el 55% de las que pertenecen a la Coordinadora de ONGD – España. Antes de que esta opción desaparezca, he querido hacer un análisis de los bancos a través de los que las organizaciones te ofrecen esta posibilidad de colaboración. Para ello he revisado las páginas web de las organizaciones que forman parte de la citada plataforma (exceptuando coordinadoras autonómicas).

Como decía, el 44,7% de ellas no indica una cuenta para ingresar donativos en su web. Entre las que sí la ofrecen, el banco estrella es el Santander (30,2%), seguido de CaixaBank (27,6%), BBVA (15,8%), Popular (14,5%) y Bankia (13,2%). Triodos, el único banco ético que aparece, sólo es una opción para tres organizaciones (3,9%).

Os dejo la información en un gráfico:

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Y también en una nube de palabras:

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Como podréis observar, la nube huele poco a ahorro responsable. Recordemos al respecto, por poner un ejemplo, lo que se recogía en un material de la campaña Derecho a la Alimentación. Urgente:

Los bancos operan con los fondos que sus clientes les confían buscando obtener beneficios. Para ello invierten en diferentes empresas y actividades, utilizando productos financieros muy variados y complejos. Quizás no somos conscientes de que la entidad bancaria en la que hemos depositado una cantidad de dinero a plazo fijo está utilizando nuestro dinero durante el término de ese plazo en inversiones relacionadas con armamento, o en industrias extractivas que están teniendo un negativo impacto medioambiental en países en desarrollo, o en inversiones de carácter especulativo con productos alimentarios básicos,…

Aunque no estemos de acuerdo con ello, queramos o no queramos, nuestro dinero sirve a intereses muy diversos dependiendo de la entidad bancaria y/o del tipo de inversión que elegimos. Probablemente en la mayoría de los casos ni siquiera somos conscientes de ello; simplemente, al entrar en la operativa habitual de nuestro sistema económico y financiero, colaboramos con muchas de estas iniciativas de una forma acrítica.

(…)

Como se ha podido ver en los últimos años, las cuestionables prácticas de determinados operadores financieros provocaron una crisis financiera de enorme magnitud que ha contribuido a la crisis económica que estamos viviendo. El afán de lucro desmedido unido a la utilización incorrecta -en muchos casos maliciosa- de determinados productos financieros ha generado enormes beneficios para pocos y terribles pérdidas par la mayoría.

Y recordemos también, por poner algunos ejemplos, las campañas Banco Santander sin Armas, CaixaBank sin Armas y BBVA sin Armas, el informe Evolución de la banca armada en España, los desahucios, las preferentes, casos de especulación de alimentos y un largo etcétera.

Es evidente que las ONGD necesitan recursos para hacer su trabajo y que probablemente utilicen cuentas en esos bancos porque, al ser los mayoritarios entre la población, facilitan el donativo, o incluso puede que lo hagan porque los sistemas de gestión de esas entidades son mucho más cómodos y ágiles que los de la banca ética.

Pero también es verdad que (o al menos esa es mi opinión) las ONGD deben ser un referente ético y crítico en la sociedad y que nada debería ir en contra de esos principios y valores. Soy de los que piensa, además, que todo comunica y educa (o des-educa) y que trabajar con un banco cuyas prácticas son más que dudosas desde el punto de vista ético y moral, en parte, legitima sus prácticas. Además, manda a la sociedad un mensaje de que nos vale lo que hacen y que, además, no se puede cambiar porque no hay alternativas

Pero sí las hay. Os invito, por tanto a que, desde la crítica constructiva, pidáis  a vuestra ONGD que cambie de banco. En la web Finanzas Éticas, por poner un ejemplo, hay mucha información interesante al respecto.